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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Vivencias y Opinión

Las avionetas de mi pasado

8 marzo, 2010

      Es natural que la carrera de los padres marque de algún modo a los hijos, ya sea al momento de elegir sus respectivas profesiones, transfiriéndoles habilidades o sembrando intangibles recuerdos; esta última categoría se me viene a la mente al leer la reciente noticia de que la FAA (el máximo regulador aéreo de los EEUU) ha suspendido a dos controladores de tráfico por poner en el micrófono a un niño en comunicación con una aerolínea. Siendo menor de edad, conocí por dentro varias torres de control y si bien a nadie se le ocurrió el que me comunicara con alguna aeronave, en casa sí teníamos una radio de banda aérea por la que podíamos oírlas en sus maniobras de aterrizaje.
Recuerdo que en el aeropuerto de Collique, antes que la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) se encargara de destruir, por su incompetencia, a la pequeña aviación en el Perú, existían numerosas empresas con sus hangares, talleres y por supuesto, avionetas. Mi papá trabajaba para una de ellas, y cuando era momento de usarlas para que acumulen horas de vuelo, era la oportunidad ideal para llevar a sus retoños. También podíamos correr y jugar en el taller y de paso subirnos a estos aparatos, creyendo que ya estábamos volando, pero la verdadera emoción se daba luego. Uno de los primeros en que recuerdo haber paseado fue el clásico y mítico PA-18, hermoso y versátil, hecho de lona. El techo era translúcido, lo cual incrementaba la sensación de vacío una vez que estábamos allá arriba. Lo último que supe de él, perdón si hablo de ellos como si se tratasen de personas pero uno llega a querer a estas máquinas, es que lo habían adaptado para fumigación agrícola.

El Mooney es el segundo en que recuerdo haber surcado los cielos, era mucho más refinado que el guerrero PA18. La cabina se sentía bastante más cómoda y contaba con un doble juego de instrumentos para el copiloto; yo iba en el asiento de atrás en donde había incluso una cortinilla (que no usaba, claro). El tren de aterrizaje es retráctil, por lo que debe “guardarse” (dentro del fuselaje) tras el despegue y luego “sacarse” a ciertas velocidades; sucedió la primera vez, que ni mi padre ni su copiloto conocían la velocidad a la cual debe manipularse las ruedas de éste (en pleno vuelo ocurrió un diálogo de este tipo: “¿Cómo, tú no lo habías volado antes?”, a lo que él otro responde, “Pensé que TÚ lo habías hecho”). Gajes del oficio. Pero no se preocupen, nunca hubo peligro alguno, tan solo una anécdota más a las miles que todo aviador experto colecciona.
Creo que el Mooney lo vendieron a una compañía en la selva, fue de los primeros que se vendieron en la empresa, dado que transportaba pasajeros y éste no era el rubro del negocio, sino la fumigación aérea.
Siguiente, pero no menos importante, tenemos al Piper Colt, el cual es personaje de una entrada previa. Con él fue la primera vez que me enseñaron a “taxear” (conducir la máquina en tierra) y luego despegar para, algunos años después, aterrizarlo. Lo recuerdo como una piedrita, quitas la potencia y cae a mayor velocidad que lo haría el PA18 (con su enorme envergadura). Posteriormente le agregaron unos “tips” o extensiones al final de cada ala.


Cuando viajábamos a provincias, podíamos hacer recorridos en el Piper Pawnee, una esbelta nave nacida con el propósito de rociar las chacras de agroquímicos. Cuenta con un potente motor que le permite llevar con facilidad su carga y cuando vuela, usualmente a un metro sobre los sembríos, pareciese que avanza con “la nariz” hacia abajo, esto es para facilitar la visión del piloto que, de paso, debe esquivar árboles y postes. ¡Me encantaba cuando venían los traslados de valle a valle (o ferrys)!, porque sabía que era mi hora de…¡Pasear!, lo cual significaba volar bajo al lado de la carretera, hacer señas obscenas a los ómnibus o el que me prestasen unos minutos la palanca de mando.


Hubo otros aviones en mi pasado, pero los siento menos “míos”, quizá porque mi padre no era el conductor o porque solo di una vuelta en ellos: un ultraligero, un bimotor y aquellos que te dan vueltas por Nazca; evidentemente que los enormes Boeing o Airbus de pasajero no van en esta lista.
Ahora que veo sus modelos en fotografías, no puedo dejar de sentir una profunda añoranza y preguntarme si habrá alguna avioneta en mi futuro.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: aviación

Sobre secretarias, congresos y científicos

10 febrero, 2010

      Los lunes por las mañanas guardan, en mi opinión, cierta curiosa relación con las noches de luna llena: cierto nivel de locura se respira en el ambiente. Al menos es la impresión que obtengo al volante del carro, o al notar el desperezo forzado que viene tras el fin de semana. Sin embargo, no imaginé que sería testigo de cómo la insania se haría presente en un par de noticias que, de alguna manera, son dos caras de la misma moneda.
      Por Radio Programas entrevistaban a Modesto Montoya, un renombrado hombre de ciencia a quien he podido leer y escuchar en varias ocasiones, de una manera muy articulada presentaba el caso de un colega, perdón que no recuerde el nombre, al que no podía contratar para el Estado. Se trataba de un prestigioso científico, quien había estudiado y trabajado en el exterior especializándose en materiales y nanotecnología, había manipulado microprocesadores (chips) a escala muy reducida, pero dado que el Perú aún no puede ni soñar con el tema (eso lo digo yo, no los amables académicos) tenía una oferta para laborar, por ejemplo, con las propiedades de la madera, producto que exportamos, para que sea más resistente, durable o tenga mejores acabados (incrementando su valor en el mercado).
      Se extrae del diálogo con el doctor Montoya, el hecho que actualmente su laboratorio tiene menos de cinco empleados y que no puede contratar los veinte que necesita porque, como en este caso, no se trata de jueces o militares, sino de científicos, y hay una ley que lo prohíbe. Conclusión: normativamente somos un país necio que rechaza la ciencia y tecnología en beneficio de, por ejemplo, nuestro exitoso y honroso sistema judicial.
La triste historia que ya no sorprende, dado el adormecimiento que genera la costumbre de verla repetida todos los días, hubiera quedado sepultada en mi memoria de no ser por la otra cara de la moneda: el Presidente del Parlamento, generosísimo con el dinero de los contribuyentes, ha incrementado el sueldo de sus secretarias de manera que las pobres no tengan que envidiar lo que ganan los Generales del Ejército o, para tal caso, muchísimos profesionales del Estado o del sector privado. Súmese a esto las promesas rotas de incrementos a policías, maestros y médicos y tendremos que el Parlamentario aprista ha tenido un gesto tan atinado como llevar vestido rojo en velorio (no estoy diciendo que LAC use vestido, porsiacaso)
      Finalmente, para cerrar lo que empezó el lunático lunes, es trágico notar que el sueldo de las afortunadas trabajadoras del Parlamento, duplica por lo menos, a lo ofrecido al científico que no pudo ser contratado.

Secciones: Sci & Tech, Vivencias y Opinión Etiquetas: Actualidad

Leonardo: maestro de los dos hemisferios

11 enero, 2010

En Leonardo podemos apreciar el maridaje de lo que muchos consideran polos opuestos del intelecto humano.”
Michael White, Leonardo, el primer científico (2000)

      Cada día los neurólogos conocen más las funciones que desempeñan las distintas secciones del cerebro humano, las hay para el lenguaje, la escritura, la lógica y el cálculo (hemisferio izquierdo) y otras centradas en habilidades musicales y artísticas (hemisferio derecho).  La experiencia enseña que son pocas las personas que pueden dominar todas estas áreas, o que se interesan en todas ellas; al acabar de leer una interesante biografía de Leonardo da Vinci, no puedo dejar de sentirme asombrado e inspirado por aquél que, justamente, va en contra de esta noción.

      Al ser hijo ilegítimo de un notario, Leonardo no pudo estudiar en la universidad, pero esto lejos de amilanarlo, parece, por momentos, impulsar su insaciable curiosidad por entender todo lo que le rodea. Por ello, inició estudios autodidactas en innumerables temas, que han llegado hasta el día de hoy a través de sus numerosísimos manuscritos que llenaba con una escritura codificada en los cuales tomaba notas y dibujos de lo que iba encontrando, cubriendo temas como la astronomía, geología, anatomía, óptica, escultura, pintura o ingeniería (también allí escribía cosas más mundanas como sus gastos y recetas, pero esa es otra historia…)

      A algunos les podría parecer curioso el hecho que no ejerciera únicamente el oficio de pintor, a pesar de destacar desde niño y que hubiera tenido varios años de formación en el taller del maestro Verocchio (lugar en donde tocaba instrumentos musicales y cantaba), además de ser reconocido por ello por la familia Medicis.  Sucede que este campo le resultaba demasiado fácil, hasta el punto que “se cansaba del pincel”.  En vez de quedarse en esta zona de confort, abandona Florencia con rumbo a Milán en busca de nuevos horizontes y con la intención de ser reconocido como ingeniero y arquitecto en la corte de los Sforza, para el cual ofreció su talento como diseñador de diversas clases de máquinas.

      Sentía la necesidad por entender la naturaleza y por encontrar una estructura que lo explique todo, buscando, por ejemplo, relaciones entre la intricada maquinaria que es el cuerpo humano, y el planeta, por ello, a la luz de la vela, se convirtió en una de las primeras personas en diseccionar cadáveres para estudiarlos, realizando excelsos dibujos de ellos, sobre los huesos, músculos, nervios y arterias que luego enriquecían sus propios cuadros al darles mayor detalle a las figuras que mostraba en ellos.

      Consciente de que debía estar actualizado, empleaba los libros de las bibliotecas como fuente de información y a mediana aprendió latín por cuenta propia para poder acceder a más textos; creía que debía conocer mejor las matemáticas, y a pesar de la dificultad que le implicaba, tomó clases con un reconocido especialista y amigo suyo de la época.  Ni en su vejez cejó en su empeño de aprender; en Leonardo, arte y ciencia confluyeron en una relación sinérgica que enriquecía sus creaciones y la comprensión del universo que le tocó vivir.

      Hoy en día, los muros que separan las distintas facultades universitarias,  muchas veces parecen trasladarse a las mentes de sus integrantes, creando divisiones profundas y creando términos como “gente de ciencias” y “gente de letras”. Conocer la obra de este genio, quizá pueda inspirarnos a conocer lo que el “otro hemisferio” (aquél no dominante en nosotros) puede ofrecernos.

PS: la imagen del post, muestra a Leonardo (representando a Platon) en el cuadro “La escuela de Atenas” de Rafael.

Secciones: Culturales, Vivencias y Opinión Etiquetas: arte, artistas, Florencia, Leonardo, pintura

La Ventana de Harlan se cierra

29 diciembre, 2009

El siguiente post, publicado inicialmente en mi blog anterior da cuenta del cierre del mismo y de la inauguración de éste…

Más de cien artículos luego de iniciada, la Ventana de Harlan Moebius se cierra junto al año que vamos a despedir. Estos doce meses han sido muy especiales para mí, en ellos he podido conocer nuevos lugares, nuevas personas, nuevos temas y parte de ello ha sido compartido en este mi blog que no hace más que recoger las vivencias de su autor.

Sus páginas han cubierto varios temas que, supongo para muchos, no tienen conexión entre sí, y ¡no los culpo!. Un día escribo sobre Obama y el aborto, otro sobre Boeing versus Airbus, otro sobre los mercenarios de Blackwater, otros tratan sobre obras de teatro, del circo, del proyecto Apollo, de llegar a Marte, comentarios de películas…quizá demasiado ecléctico. Por otro lado, el formato del blog y las condiciones que yo mismo me autoimpuse (no menos de 400 palabras por artículo, equivalente a una hoja A4 de texto) no me permitían tratar temas más cortos (¡o más temas!). En conclusión, debía hacerse algo al respecto.

Dado el interesante número de visitas que mi modesta ventana ha recibido y que el impulso por escribir no hace más que crecer en mí, he creído conveniente empezar una nueva etapa, mudar el contenido a un nuevo formato que permita al lector encontrar de manera más rápida lo que le interese (obviando el resto) y que los artículos antiguos no se pierdan en una maraña de fechas sino que puedan hallarse gracias a facilidades como los “tags clouds” y los “pages” de WordPress. Así mismo, el nombre de Harlan Moebius, que a pesar de tener una razón de ser, en la práctica no lo empleaba para firmar lo escrito, lo estoy guardando para algún personaje de ficción que estoy creando, por ello, creo que tiene más sentido usar mi propio nombre como dominio.

¿Qué viene el próximo año? En cuanto a escribir, espero no perder el momentum actual; en este año que despedimos, terminé mi segundo libro (el primero en ser publicado), concluido una obra de teatro y completado más de 60 artículos, en estos momentos ya he empezado a escribir el tercer libro. Para mi nuevo blog, tengo una lista de más de treinta ideas para entradas, sin incluir las que siempre van apareciendo en el camino.

Sé que al cerrar estas líneas, enviándolas a la nube de la Internet, cierta nostalgia hará su aparición, pero también espero que el nuevo proyecto tenga al menos la misma acogida que el anterior; creo que estamos ante una mejora.
Los interesados pueden hallar el nuevo site aquí:

www.giuseppealbatrino.com

Como siempre, sus comentarios son bienvenidos.
______________________________________
PS: El nuevo hosting permite la suscripción al blog para recibir las nuevas entradas por correo, espero que esto facilite a muchos el enterarse de nuevos contenidos.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: blog, Harlan

Anotaciones desde Paris

22 octubre, 2009

      Luego del marcado frío de Berlín y tras catorce horas de tren nocturno, se llegó a Paris, que parecía dar la bienvenida al visitante con un clima menos hostil que su contraparte alemana. La primera impresión, partiendo de la estación Gare de l’Est, es que nos encontramos de vuelta en el mundo latino, de calles no siempre limpias, gente pidiendo dinero, cuadras que cambian de nombre sin previo aviso y cierta flexibilidad a la hora de cruzar las pistas; a diferencia de la ciudad anterior, la cuna de De Gaulle y Voltaire, no tuvo que ser reconstruida desde sus cimientos tras la Segunda Guerra Mundial, por lo que su centro histórico permanece antiguo y muchos monumentos centenarios aún de pie.
      Si bien buena parte de Europa, al menos en esta época de año, viste ropa gris, negra o de tonos cercanos a éstos, la gente cambia de lugar en lugar; aquí existe una importante cantidad de personas de color y asiáticas, lejos quedan la homogeneidad germana y sus rascacielos humanos. Existe una amabilidad general en las calles, pero para muchos negocios, el cliente que habla en inglés o en español no encontrará mayor ayuda que la que encontraría un hombre invisible y sin voz…esto, a pesar que los precios que ofrecen son extraordinariamente altos (por ejemplo una coca cola que cuesta 1 euro en Berlín o Roma, aquí es etiquetada en 1.7 euros). De allí que la mejor estrategia para ahorrar, sea la de comprar comida en el supermercado y cocinarla en el hostess.
      A la mayoría de sitios por los cuales es principalmente conocida Paris, se llega a pie o en metro en pocos minutos; entre ellos podemos mencionar algunos:

El puente nuevo. Que no es tan nuevo en realidad. Fue inaugurado en 1607, es el más antiguo de los que atraviesan el río Senna. En los lados del exterior cuelgan como un centenar de cabezas de piedra, son los rostros de los amigos de un rey que asistieron a una fiesta, quién pidió primero que los retrataran y que luego los vuelvan esculturas, creando lo que hoy sería, la primera expresión Facebook de la época.

El puente nuevo, con los rostros de los amigos del rey

La catedral de Notre Dame. Conocida por figurar en los miserables de Victor Hugo y por el famoso Jorobado que lleva su nombre. De estilo gótico, se construyó entre 1163 y 1345, la tardanza se debió a la inclusión de columnas externas, que dejan espacio más libre para el interior del templo. Aquí se coronó a Napoleón Bonaparte y beatificó a Juana de Arco.

El arco del Triunfo, en realidad hay varios arcos en los alrededores, pero el más grande se encuentra por los campos Eliseos. El modesto de Napoleón, ordenó construirlo para poner en él los nombres de sus batallas victoriosas. Bajo él, se encuentra la llama permanente, que simboliza a los soldados desconocidos muertos por Francia.

La plaza de la Concordia y su Obelisco. Este último es egipcio, de Luxor, recibido como regalo en 1831. (En Roma hay otros semejantes, de mismo origen faraónico)

Torre Eiffel. El más reconocible símbolo francés, construido en 1887 para ser mostrado en una feria mundial, deberían haberlo desarmado en 1900, pero se quedó más tiempo dado que le encontraron uso para colocarle antenas de radio. Se le puede ver desde casi todas las calles del centro, hoy es casi imposible imaginar el rostro de Paris, sin tamaña creación.

Torre Eiffel de noche

Y por supuesto, ¡el Museo de Louvre!. Al lado de aquellas pirámides de vidrio construidas en la era de Miterrand, que desagradan a la mayoría de parisinos, figura uno de los museos más grandes del mundo; se dice que si uno tomase medio minuto para ver cada pieza de su catálogo, y no comiese ni descansase hasta terminar la empresa, tardaría treinta y dos días en efectuar la revisión completa. Una de las mejores comodidades de este lugar sobre otros, es que ¡se permite tomar fotografías! (sin flash), lo cual significa que en el momento en que alguna obra nos llama la atención de manera significativa, podemos capturarla en digital para volver a ella luego o informarnos más.
Presenta antigüedades egipcias, griegas, pinturas del renacimiento, arte medieval… entre sus estrellas se encuentra la que seguramente es la dama más fotografiada de la historia y que cuenta con al menos tres guardaespaldas puestos de pie, permanentemente a su lado: la Mona Lisa (es curioso notar que, a pesar de que ha sido un millón de veces reproducida, todos queremos nuestra propia foto de ella) También se encuentra la no menos famosa Venus de Milo.

La mona Lisa

      Un poco más lejos, a 40 minutos del centro, hallamos el Palacio de Versalles, cuya fastuosidad nos hace entender lo que significa “vivir a cuerpo de rey” y explica porqué el pueblo ignorado se reveló ante el poder que ostentaba una riqueza extravagante. Aquí, los salones están ricamente adornados, en paredes y techos, con pinturas y esculturas. El arte estaba al servicio de la monarquía, por ejemplo, en infinidad de cuadros figura el rey Luis XIV (el rey Sol) en “el centro de la foto”. De las estancias en que se divide, la más conocida es seguramente, la Galería de los Espejos, la cual uno tarda varios minutos en atravesarla, en ella, rodeados de lujo, candelabros (¡y espejos!), la corte realizaba sus fiestas y bailes.
En lo personal, más que el interior del gigantesco palacio, me llamó la atención el conjunto de fabulosos jardines que lo rodean (estando en el otoño boreal, supongo que sería aún mejor en el primavera), que se extienden por cientos de metros, al lado de los verdes senderos y laberintos, contiene fuentes adornadas por personajes mitológicos.
Para los que disfrutan de las cifras, les comento que según la literatura del lugar, el dominio costó construirlo 80 millones de libras y el presupuesto anual del estado fue, en un año, de 60 millones de libras.

Detrás mío, uno de los bellísimos jardines de Versalles

      Sin lugar a dudas, en París abundan los lugares para visitar y quedarse, pero los días de lluvia que están empezando, parecen indicar que ya es hora de regresar a casa.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: Europa, Francia, paseos, Torre Eiffel, turismo, viajes

En un campo de concentración Nazi

20 octubre, 2009

A cuarenta y cinco minutos al norte de Berlín, empleando sucesivamente el metro y un bus, se llega a Sachsenhausen, un campo de concentración construido en 1936 por la Alemania nazi, para recluir en ellos a diversos tipos de prisioneros cuyos “crímenes” podrían contemplar el ser personas opositoras al régimen, el ser homosexuales, el ser judíos, el ser protestante o el ser un inadaptado social. Se trata de un lugar “modelo”, en cuanto si bien no se trata del primer campo en ser construido o el que más muertes registra, en él se ideaban técnicas que iban a ser empleadas en otros (como las cámaras de gas) o se usaba como propaganda para que la prensa, previo maquillaje, lo visitase, ignorando las barbaries que ocasionaron la muerte de 50,000 personas en este recinto.

Antes de continuar, recordemos que los nazis idearon dos tipos de campos, los de exterminio y los de trabajos forzados. Dado el alto índice de asesinatos, hacer diferencias puede parecernos innecesario, pero en realidad los objetivos eran distintos para cada uno: los primeros representaban máquinas de genocidio, creados para eliminar miles de personas de la manera más rápida y “eficiente” posible (triste ejemplo, Auswitch en Polonia) y usualmente se encontraban fuera del territorio alemán, mientras que los segundos, como el hoy visitado, fueron construidos para proporcionar mano de obra esclava a diversas empresas alemanas que pagaban por la manutención de los temibles guardias (no por la de los prisioneros); en casos como la Bayer, también compraban personas como conejillos de indias para sus experimentos con medicamentos en los cuales centenares de personas perecieron.

Exterior del campo de concentración Sachsenhausen

El prisionero ingresaba por una puerta en donde un engañoso mensaje le daba la bienvenida, “Arbeit macht frei” (“El trabajo hace libre”), tras lo cual le eran arrebatadas sus pertenencias, lo rapaban, le asignaban un número y ponían el hoy famoso “pijama” a rayas (diseñado por Hugo Boss) con el fin de empezar el proceso de deshumanizarlo. Todas las mañanas, en un patio triangular de unos 150 metros de lado, bajo el inclemente frío (los turistas con casaca, chompa, guantes y gorro nos encontrábamos tiritando), parados frente a la llamada Estación A, debían formar y esperar hasta que el conteo por parte de sus captores terminase; dado que muchos morían durante la noche por las condiciones en que vivían, sus compañeros preferían cargar el cadáver hasta allí mismo para facilitar el control y acortar la espera bajo el inclemente clima.

Puerta de ingreso al campo (izquierda), Estación A (centro), patio principal del campo (derecha)

Uniforme de los prisioneros (centro)

Cuando terminaba la jornada de trabajo de doce horas, volvían a sus respectivas barracas en donde vivían entre 300 y 500 personas en estado de completo hacinamiento; las camas se encontraban en tres niveles, y cada una de éstas debía ser compartida a pesar de que apenas tenía 70cm de ancho. El baño consistía en seis retretes y seis urinarios, a los cuales toda la población podía acceder únicamente durante el intervalo de una hora, dos veces al día. Para lavarse, existían dos recipientes de agua que recién era cambiada tras una infinidad de usos.

Dos barracas que quedan hoy en día, llegaron a haber más de 60 (izquierda), los camarotes al interior de una de éstas (centro), cuarto de aseo (derecha)


Aparte de las barracas y áreas de trabajo forzados, Sachsenhausen contaba con un hospital laboratorio en donde se realizaban experimentos con los prisioneros, una morgue, fosas comunes y crematorios. De los 200,000 individuos que por aquí pasaron, una cuarta parte perecerían.


Hospital laboratorio (izquierda), lugar en donde se encontraron 7 toneladas de cenizas humanas (derecha)

Es irónico notar que, una vez los rusos llegaron a Berlín, decidieron seguir usándolo para sus propios prisioneros, desde el fin de la guerra hasta 1950, en que 12,000 prisioneros de guerra y desertores soviéticos fallecieron en condiciones similares.

Tras dejar este campo, después de cuatro horas de permanencia, la perturbación que genera tarda un poco más en desvanecerse; así hayan pasado numerosas décadas desde su cierre y ahora funcione como un aleccionador museo y memorial, es difícil verlo como algo distante. Uno no puede dejar de preguntarse, siempre con poco éxito, ¿cómo es que el hombre llega a tal nivel de barbarie?

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: Alemania, campos de concentración, historia, Nazismo, Sacsenhaussen, Segunda Guerra Mundial

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