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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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¿Quieres hacer videojuegos?

9 julio, 2010

      ¿Quién no ha disfrutado viendo al glotón Pacman convertido en cazafantasmas tras comer la píldora y persiguiendo a sus translúcidos enemigos? ¿Quién no se ha considerado salvador del mundo al disparar lásers contra pixealeados invasores extraterrestres?… Los videojuegos nos trasladan, casi por magia, a un mundo ajeno y placentero en donde podemos quedarnos pegados por horas, absortos y entretenidos frente a la pantalla, por ello es inevitable que muchos informáticos tengan el deseo de crear su propia expresión lúdica en algún momento. Nace de manera natural (al menos en los chicos).

      Ya sea como parte de algún curso de la carrera o como reto personal, muchos hemos creado alguna versión del “Breakout”, “Space Invaders” o “Kaboom!” y nos hemos divertido en el proceso de hacerlo, de terminar en la madrugada con los ojos cansados pero satisfechos de haber vencido a la computadora que, muy atrevida, no “entendía” a la primera cómo queríamos que la bendita navecita se moviera en el monitor o que la pared de ladrillos estaba allí para que la pelota rebote cada vez que la golpee y no para que la atraviese como si fuera de humo. Lo hacíamos gratis y con gusto por el simple hecho de lograr un cometido, ya que tales actividades no van al curriculum y difícilmente alcanzaríamos algo que pudiera ser vendible.

      Hubo una época, allá por los años ochenta, en que individuos o pequeños grupos se ganaban la vida trabajando de forma muy parecida a la descrita. Seguramente quien haya jugado Pitfall (ver imagen para refrescar la memoria) se sorprenda al saber que fue creado por un solo programador, llamado David Crane, que tras seis meses de trabajo, construyó un juego del que se vendieron ¡4 millones de copias!, dejando una marcada huella en la generación que creció con el Atari (el tatarabuelo del Playstation), pero éste dista de ser el único caso exitoso. De forma semejante, Tetris fue diseñado y programado por una sola persona, Alexey Pajitno.

      A partir de los noventa, con la aparición de las poderosas consolas de juegos, las empresas del sector empezaron a invertir millones de dólares en proyectos para los que trabaja todo un ejército de artistas, técnicos y testers dejando un espacio marginal para los emprendedores más pequeños. Sin embargo, y gracias al mismo progreso tecnológico, hoy nuevos factores acercan el sueño del juego propio y lucrativo al profesional de sistemas: los smartphones, las redes sociales y los celulares de gama media. Dado que en estas plataformas la capacidad de cómputo y gráficos no se compara con el de las consolas especializadas. Es factible competir construyendo pequeñas aplicaciones que atrapen a los usuarios casuales, esperando no ser un nuevo David Crane pero al menos conseguir un ingreso extra habiendo construido algo propio.

      Para muchos informáticos, la oportunidad está allí esperando en el mundo digital. Ignoro si los pilotos de aerolíneas se preguntan qué tan divertido sería poner el avión de cabeza en pleno vuelo o si los arquitectos anhelan construir parques de diversiones, pero en nuestro caso, generar líneas de código para un videojuego y esperar algún resultado positivo puede ser una experiencia menos riesgosa… ¿Quién se anima?

Secciones: Sci & Tech

Los Magníficos 2.0

26 junio, 2010

Me encanta cuando un plan se realiza
John “Hannibal” Smith

      Escena recurrente en la televisión de los ochenta: Balas surcan el aire y otras caen a los pies de los malosos que apuran la huída, abordan el auto descartable de la semana sin ponerse los cinturones y, en medio del escape motorizado, alguna explosión los despega del suelo en una pirueta que termina por abatirlos moralmente (porque heridas no hay). Han sido vencidos por los Magníficos. Cero bajas, la sonrisa satisfecha del líder y el agradecimiento de los beneficiados de turno cerrarán el capítulo a menos que el malvado coronel Lynch los haya encontrado y lo último que veamos sea el polvo que dejan nuestros héroes al partir en la camioneta de la franja roja.

      Algunas décadas después…
      Para muchos que cruzamos la base tres, permanece el recuerdo del cuarteto que se ganaba la vida buscando justicia para quien se las pedía y para ellos mismos, fugitivos de un crimen que no cometieron. La excelente definición de los personajes quedó marcada en la memoria colectiva, el encanto de la serie radicaba en la dinámica entre sus distintos caracteres ya que había para todos los gustos: el coronel John “Hannibal” Smith, era el líder, de guantes siempre puestos y el habano en la boca, excelente planificador de las misiones, se deleitaba con el resultado de las mismas. Templeton “Face” Peck, empleaba su natural encanto para timar y conseguir los recursos que necesitaban para sacarlos de apuros mientras que el loco del grupo, H.M. Murdock, proporcionaba la nota humorística y excéntrica que no era del gusto de Mario Barackus, un gigantón de enorme pericia mecánica a quien habría que sedar mediante un vaso de leche antes de subirlo a un avión.
      Por ello, no era de extrañar que Hollywood buscase revivir lo que fuera un éxito ochentero y un ícono cultural. Con la participación del productor de la serie, se ha estrenado esta semana la versión cinematográfica de los Magníficos la cual recoge parte del espíritu de la original en lo concerniente a la inventiva, camaradería y química entre los personajes pero que amplifica las dosis de violencia en larguísimas secuencias que le hacen a uno consultar la hora.
      Como era de esperarse, esta propuesta actualiza la historia, cambiando la experiencia militar de Vietnam por la Iraq, así mismo se nota cierta pérdida de inocencia de Barackus y Face, y en cuanto a Murdock, parece más un ser atormentado que excéntrico; felizmente Hannibal no ha sufrido mayor variación. Los que no nos perdíamos un episodio, encontraremos muchas referencias conocidas a demás del despliegue pirotécnico, como al muñeco de media en la mano juguetona del loco o la risa encantada del mohicano ante el nuevo plan del líder.
Nos encontramos ante un despliegue intenso de acción y pólvora, un remake que pudo ser más entretenido de no haber contado con tanta violencia. La sazón de humor fue precisa. Una película que se puede disfrutar a condición de dejar las aspiraciones intelectuales de lado, después de todo, ¿no era esa la actitud con la que mirábamos la original?

Calificación: 3.5

PS: Para los que vayan a verla, los malvados de turno pertenecen a la empresa “Black Forest”, una clara alusión a “Black Water” de la cual he escrito en este blog.

Secciones: Cine y Televisión Etiquetas: Cine

El Hogar de Cristo que recuerdo

18 junio, 2010

      Para algunos el Hogar de Cristo es tan sólo materia de chocantes noticias en los medios, tema de la chismografía local o no más que una entidad etérea, relacionada indisolublemente con el polémico padre de la camisa negra y carente del distintivo cuellito blanco. Para muchos, que invertimos parte de nuestras energías juveniles en él, encierra historias que nos ayudaron a crecer un poquito más y que independientemente de la polémica sobre la rectitud de su director y el actual declive de la institución, forman parte de nuestras vidas.

      Debo haber llegado al Hogar entre el año 95 ó 96, a veces el tiempo nubla las fechas, con la intención de enseñar matemáticas o algunas manualidades (construir modelos de aviones) a los niños y chicos que vivían en el recientemente clausurado local del Rímac. Ciertamente lo de las maquetas no prosperó mucho, pero lo de la matemática caminó un tanto mejor. Mi motivación era la de convertir en acción aquellas palabras que uno repetía en las oraciones de las misas, y encontré allí un excelente lugar para llevarlo a cabo, es más, en los inicios de mi experiencia, faltaban manos en el voluntariado.

      La misma semana en que inicio mi participación, nos invitaron a asistir en la que sería una actividad que me marcó lo suficiente como para incluirla en una obra que espero algún día vea la luz, la llamábamos “los viernes solidarios”. Uno llegaba bien de noche al Hogar de Cristo, escuchaba la misa del P. Martín (considero que era muy buen motivador y orador) y luego en grupos nos dirigíamos a distintos puntos del centro de Lima a distribuir sopa y comestibles. Aparece ante mí una Lima que desconocía: oscura, mugrosa, harapienta, con el olor a calle que aún creo recordar y que me entristece en estos momentos en que la describo, porque aquel lugar era y es el hogar de demasiada gente.

      La actitud de los voluntarios creaba una atmósfera de colaboración y entrega contagiosa, una misión común nos unía. Junto a mis amigos, novicias y seminaristas que conocí, recibí de la gente a la que serví más de lo que podía ofrecerles. En torno a un liderazgo claro por parte de los organizadores, se articulaba un trabajo respetable en pro de la gente que lo necesitaba; recuerdo, por ejemplo, haber asistido a charlas de formación y por lo menos a un retiro.

      Durante el año que duró mi servicio, nunca fui testigo de las preocupantes acusaciones que hoy acompañan al nombre del Hogar ni de nada en tal sentido; en todo caso yo era tan sólo un soldado raso que asistía entre semanas y que estaba más preocupado por la universidad y en la labor que efectuaba cada vez que participaba. Quizá por ello, para mí el nombre del Hogar de Cristo tiene un significado distinto al de muchos, conlleva una asociación más positiva, parte de una pequeña historia personal.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: religión

Download Neuronal

6 junio, 2010

Incluso en el sueño el cerebro está pulsando, palpitando y destellando con el complejo negocio de la vida: soñar, recordar, imaginar cosas. Nuestros pensamientos, visiones y fantasías poseen una realidad física
Carl Sagan, en Cosmos.

      No existen fotografías de Cristóbal Colón llegando al nuevo mundo tras dos meses de penoso viaje, sin embargo quedó registrado que los latidos del astronauta Neil Armstrong llegaron a 186 por minuto al momento de llegar a la Luna. Del viaje del primero no está confirmado a qué isla llegó mientras que del segundo, cada dato de su nave en travesía se almacenó en cintas electromagnéticas y es que conforme la tecnología avanza, las posibilidades de guardar eventos de la experiencia humana con mayor detalle se han ampliado notablemente.

      Es curioso notar que nunca sabremos cómo sonó la música de genios como Beethoven o Mozart cuando era dirigida por ellos mismos, sin embargo fácilmente gracias a las ubícuas y económicas cámaras celulares, cualquier momento trivial del día puede perdurar en el tiempo. Con un presupuesto mayor, las compañías de videojuegos pueden almacenar información “espacial”, es decir en tres dimensiones, de cada movimiento de la estrella del basket del momento (deporte en el que de por sí, existe estadística para cada jugada posible) de manera que su estilo y técnica esté disponible para aquellos que adquieran el DVD y desean participar con “él” de un partido virtual.

      ¿Tendrá límite nuestra búsqueda de perdurar la memoria de nuestra experiencia humana? ¿Algún día evitaremos que la totalidad de nuestros recuerdos se pierdan como lágrimas en la lluvia? ¿Qué podremos esperar en el futuro? De manera semejante a como bajamos videos de la Internet, ¿llegará al día en que podremos hacer una descarga de los recuerdos de nuestros cerebros directamente a un computador? ¿Podremos compartir nuestras vivencias y publicarlas incluyendo no sólo la información visual y sonora sino olfativa y hasta emocional?

      Para lograrlo se deberá entender en mayor detalle el ordenador biológico en donde almacenamos toda nuestra información; el cerebro humano en el volumen que ocupa, con apenas 3kg de peso y un reducido uso de energía (en comparación a los ordenadores de silicio) no sólo provee lo que conocemos como inteligencia, sino que almacena una gigantesca cantidad de información. La manera de crear conexiones directas hombre-máquina se encuentra en un estado muy primitivo ahora, sin embargo respetados autores de ciencia ficción han tomado el tema como parte de sus obras.

      En 3001: Odisea Final (1997) Arthur C. Clark nos presenta un mundo en donde todos los ciudadanos del planeta Tierra emplean interfases cerebro-máquina, llamadas “Cascos Cerebrales”; cada uno de estos artilugios metálicos es hecho a medida para su usuario, contienen una serie de nanocables que penetran el cuero cabelludo de la persona que lo emplea. Con él, en cuestión de minutos es posible adquirir nuevas habilidades o conectarse a computadoras, proyectar sueños que al ser inducidos directamente se confunden con la realidad. Su uso no sólo puede ser de utilidad o de recreación sino que tienen la capacidad suficiente para contener la vida entera experimentada por un ser humano.

      Clarke, como es habitual en su obra, no explora las implicancias emocionales o éticas de la tecnología que presenta, a diferencia de los guionistas de la Final Cut (2004). En esta película, los padres pueden adquirir para sus bebes los llamados implantes Zoe en donde se garantiza, quedarán cada momento de la vida de sus portadores de manera que pueden ser vistos por sus seres queridos tras su muerte; curiosamente se hace hincapié que sólo pueden ser extraídos post mortem. El personaje interpretado por Robin Williams en un editor que se gana la vida creando los films, conocidos como “Rememory”, que se proyectarán en grandes pantallas ubicadas en los funerales. Su labor oportunamente de censor u otras de artista es la de recortar la vida, por larga o corta que pueda ser, en breves minutos que realcen las virtudes del finado y omitan aquellos indeseables detalles que muchos quisieran borrar de la película de sus vidas.

      Sin embargo, en esta última visión del futuro los recuerdos obtenidos de manera tan invasiva no tienen alguna utilidad más que rememorativa. Con la aparición en las empresas actuales de prácticas como la Gestión del Conocimiento (Knowledge Management) no es difícil suponer que muchas entidades quisieran poder contar con las habilidades de individuos valiosos aunque estos ya no estén a su disposición, ¿no sería positivo poder almacenar las pericias estratégicas o tácticas de genios militares o empresariales? En la novela cyberpunk El Neuromante (1984) William Gibson incluye a un hacker llamado Flatline quien, a pesar de haber muerto, asesora constantemente a nuestro antihéroe dado que alguna vez éste permitió que se transfiriera a un computador la información de su cerebro. Quizá el problema con esta última aproximación es que si bien la información perdura, es de utilidad y es práctica, ya no está disponible para la persona que la originó; tanto aquí como en Final Cut el cuerpo ha desaparecido. Una solución a ello podría ser la concebida en la película Al Sexto Día (2000); en ella la información cerebral no es sólo almacenada instantáneamente sino que mediante la clonación se garantizan que los cuerpos sean reproducidos. En esta historia se cuentan con cuerpos adultos almacenados y listos para asumir la información genética deseada (a manera de matrices sobre las cuales moldear), para que una vez clonado el individuo y obtenido el nuevo cuerpo, pueda “subírsele” a este la información más actualizada del cerebro. Una forma bastante artificial de garantizar la eternidad física y mental al hombre, pero que de seguro podría encontrar clientes.

Secciones: Sci & Tech Etiquetas: ciencia, ciencia ficción

¿En qué época te hubiera gustado vivir?

3 junio, 2010

      Me cuentan que la Lima de antaño, la de los años 50 e inicios de los 60, estaba cubierta de chacras y sembríos. Aunque pueda parecer fantasía o desvaríos desmemoriados, mis diversas fuentes me han señalado que en el distrito de San Miguel había una gran hacienda (Maranga), la Universidad Católica era el fundo Pando y que un viaje al Callao desde Ancón, era un recorrido casi turistico en tranvía. Conclusión propia y sesgada: ¡Lima era el paraíso!

      Para aquellos que manejamos al trabajo por más de una hora, inmersos en la cultura limeña de «no-doy-pase-aunque-seas-mi-madre» o «no-tengo-idea-de-lo-que-son-las-direccionales», es natural suspirar ante un pasado más tránquilo en una ciudad no tan poblada. Sin embargo, esto refuerza también un viejo anhelo personal, dado que me hubiera encantado vivir en esa época, por motivos que van más allá del transporte y tienen que ver, entre otras cosas, con la cultura, la ciencia y la tecnología del momento.

En el plano tecnológico. En los cincuentas se inicia la edad de oro de la exploración espacial; por primera vez un satélite orbita la Tierra (ahora son miles), por primera vez colocamos naves en los planetas y astronautas sobrepasaron la atmósfera, ¡tomamos una foto entera de nuestro mundo!…para descubrir que dista mucho de ser una esfera perfecta. ¡Pusimos al hombre en la Luna!… Imaginen poder experimentar todas estas noticias de primera mano, sin saber que ocurrirá después, ser la generación que se asombraba en directo de todo ello, que lo ve como parte de su historia personal.

En el plano científico.En 1964 se detecta la «radiación de fondo de microondas». ¿En qué consiste?, es la evidencia científica de que el Universo inició con una gran explosión, es decir, por primera vez en la historia, el hombre empezaba a conocer qué es lo que había sucedido en los primeros momentos del la existencia de…¡Todo!

En el plano cultural. La iglesia Católica experimenta un aggionarmento gracias al Concilio Vaticano II, por fin los asistentes a la misa no sólo empiezan a entender lo que se estaba diciendo en ella sino que pueden participar activamente, es más, se declara que las personas de otros credos (incluido judíos) y los no bautizados también podrían salvarse. ¡Imaginen tremendo cambio de paradigma que vivieron cientos de millones de personas en tan corto periodo de tiempo!, un cambio que impactaba en la manera de vivir la fe.

      En fin, estas son algunas de las cosas que me hubiera gustado experimentar “en vivo”, pero ahora que se suma la noticia de una Lima verde y sin tráfico, esperaré con más ansias a que aparezca pronto por Ebay una légitima máquina del tiempo… A propósito, ¿algún lector tiene alguna época/lugar que le hubiera gustado vivir?

Secciones: Vivencias y Opinión

Consejos para ver la final de Lost

22 mayo, 2010

      Como medio planeta ya lo sabe y tras exitosas seis temporadas, este domingo se transmitirá en Estados Unidos (y dos días después en Latinoamérica) el final de la serie Lost. En años por venir, muchos deberemos afrontar preguntas al respecto: ¿En dónde viste la final de Lost?, ¿Cuándo la viste?, ¿Con quién estabas?. Aquí algunos apuntes para prepararnos para tan magno momento.

      En primer lugar, es necesario dejar de lado dos cosas: expectativas y comparaciones. En cada reunión de análisis post capítulo, algunos amigos se han mostrado sumamente críticos de lo que han visto; casi nada les ha gustado y han tenido la actitud del Consumidor-Gourmet-ante- un-quiosco-de-hot-dogs. Craso error. En sus cabezas han escrito la trama y esperan que los estupendos y creativos escritores de la serie se amolden a su designio, pues así no van a disfrutar nada.

      En segundo lugar, no olvidar desconectarse del mundo. Muchos de nosotros bajamos el capítulo de la Internet algunas horas luego de que la cadena ABC lo transmite, para verlo en nuestras computadoras. ¿Cuál es el peligro? Que olvidamos cerrar el facebook, messenger, correos o Gtalk, si a ello le sumamos el celular, ¿qué tenemos? ¡Interrupciones!. Llamadas para recordarnos comprar la medicina de la abuela, mensajes sobre el último temblor o noticias sobre el desplome de la economía mundial. Todo esto es innecesario, irrelevante y distractivo. Recomiendo apagar el router, quitar la batería al teléfono y centrarse en nuestra serie favorita.

      En tercer lugar, se debe elegir el medio correcto para verlo. Yo aún no decido y estoy abierto a sugerencias. Las opciones varían: bajar el video de internet en la madrugada del lunes, hacerlo en la noche del lunes, esperarse al martes y verlo en la televisión o esperar a que los productores editen el DVD. Todas estas posibilidades conllevan ventajas y desventajas a sopesar, sin embargo, cualquiera que sea el plan de acción a tomar, considerar que cuanto más tardemos aumenta el riesgo de que alguien nos cuente el final… con lo cual habremos perdido seis años de nuestras vidas en tan sólo unos segundos (y probablemente tengamos que romper la amistad de quien efectuó tal daño)

      En cuarto lugar, evaluar si se estará acompañado. Curiosamente, la mayoría de fanáticos de Lost miramos los capítulos en solitario y luego nos comunicamos por medios no presenciales (¿nerds?). Pero no por ello hay que descartar el realizar una fiesta Lost, con banderillas, pizzas, gelatina y adornos alusivos. En la estupenda página de Lostpedia pueden encontrar más sugerencias sobre este punto. (Si alguien organiza una, ¡aviséme!).

      Finalmente, no esperemos que Lost responda las preguntas fundamentales de nuestra existencia. Es cierto que trata sobre el libre albedrío versus determinismo y muchos temas trascendentes, pero si los guionistas tuvieran la respuesta conclusiva a todo esto, no serían simples mortales. Así que lo mejor que podemos hacer es prepararnos para disfrutar el contenido que nos ofrezcan y tomar nota de nuestras acciones para cuando en el futuro nos pregunten sobre cómo vivimos el final de la mejor serie de la televisión.

Secciones: Cine y Televisión Etiquetas: lost

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