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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Obra de teatro comentada: Los 39 escalones

26 octubre, 2010

      Los 39 escalones es una celebración a la magia del teatro. Una divertida historia que te hace olvidar el tiempo y que, con la ayuda de simple utilería, te transporta a infinidad de lugares: un departamento, un tren, un puente,… lo que puedas imaginar mientras sigues la constante huída del injustamente incriminado Richard Hannay.

      Nos encontramos ante una trama que fue primero contada en la novela homónima de John Buchan, que da vida a nuestro bigotudo héroe para luego continuar sus hazañas en otros cuatro tomos. Luego el material migra al celuloide con dos distintas versiones, la última dirigida por el maestro Hitchcock y que Patrick Barlow toma prestada para convertirla en una divertida parodia, la de un hombre común y corriente que se ve inmerso en una intriga de espías en la Inglaterra de 1914.

      Quienes vean el clásico de 1935, podrán validar cómo cada escena de la obra se corresponde con la versión fílmica, lo cual nos hace apreciar el enorme trabajo y creatividad que requirió la “conversión” para las tablas: una cosa es disponer un mes de rodaje y numerosas locaciones pero otra muy distinta hacerlo todo en dos tomas (me refiero a los dos actos de que se compone la entrega). Al establecerse, desde el inicio, el carácter lúdico de los intercambios de escena, se da pie a la expectativa permanente de: “¿Qué vendrá luego?”, “A donde nos llevarán ahora?”. (Y no puedo adelantar más al respecto, para no romper ninguna sorpresa)

      Otro factor importante, y reto actoral, es que tan solo son cuatro los actores que interpretan el sin número de personajes requeridos para los 39 escalones (Hitchcock se hubiera ahorrado una fortuna para su película): todos, salvo el intérprete de Hanney, deberán cambiar parte de su indumentaria a cada instante. Si bien algo semejante ocurre con “Extras”, aquí se lleva la experiencia a niveles insospechados.

      Sin lugar a dudas, vale la pena verla, es para reírse de inicio a fin: como pocas veces, no me topé con los típicos y molestos parlanchines que siempre hay en el público, quizá porque no tenían tiempo entre risas y risas. Al salir, confirmarás que el teatro es un arte que no tiene límites al momento de contar historias.

La temporada se presenta en el Teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional del Perú

PS: Anteriormente comenté brevemente otro montaje que pude ver de esta misma obra en Bogotá, los interesados pueden encontrarlo aquí.

Secciones: Teatro Etiquetas: Teatro

Obra de teatro comentada: Cyrano de Bergerac

18 octubre, 2010

      Para muchos, y me incluyo, la historia de Cyrano de Bergerac se reducía a una escena mil veces parodiada: nuestro personaje se encuentra dictando, en voz baja y escondido, los versos que torpemente  un mozo declamará a su amada Rossana. (Quién la ha visto, difícilmente olvidará la versión del programa de Chespirito, por ejemplo)

      Aquel cuadro romántico, en que los versos cambian de dueño para posarse en los oídos de la musa inspiradora, contiene en sí misma la historia de infinidad de amores frustrados por el miedo al rechazo y la falta de aceptación de uno mismo.  Quizá de allí su atractivo, al que se le suma la bella poesía que brota de los labios, bajo la enorme nariz de nuestro héroe.

      Los que asistan a ver la obra actualmente en la Plaza ISIL descubrirán, como yo, que la historia de Edmond Rostand va mucho más allá de la del balcón.  Se compone de casi tres horas, en que veremos la personalidad de un noble de varios talentos, que amalgama la fuerza y liderazgo de un militar con el alma sensible de un compositor; esto se verá clarísimo desde un inicio, cuando en pleno duelo se dedica a ¡componer versos contra su adversario!

      Cyrano jamás dejará de lado su sentir no correspondido, a pesar de los años transcurridos, o las distintas circunstancias que le tocará vivir. Una palabra clave que inunda la obra es, justamente, el romanticismo con el cual se dirige, buscando la independencia creativa o de cualquier señor, pero no así de su propia fijación.

      Para el espectador contemporáneo, la historia del hombre de Bergerac puede encerrar el encanto  inusual de un hombre que no vende ni compromete sus creencias  y de una mujer que decide pasar muchos años acompañada tan solo de los poemas que, erróneamente, asocia con su marido muerto. (Me consta que algunos de los asistentes derramaron lágrimas)

      La actual puesta en escena es magnífica, cuenta con las estupendas actuaciones de Paul Vega, Rodrigo Sánchez Patiño, Miguel Iza, Melania Urbina, Pietro Sibille, entre otros actores.  Se las recomiendo.

(A pesar de sus muchas versiones, existen dos Cyranos.  El de carne y hueso  que murió en 1655, y el personaje creado por el dramaturgo francés Edmond Rostand para su obra de 1897.  Ambos tienen mucho en común: son poetas, escritores, soldados, duelistas y librepensadores, pero la relación con su prima Rossana es básicamente una bella ficción)

Secciones: Teatro Etiquetas: Teatro

Nobel de MVLL: ¿alcanza para todos?

11 octubre, 2010

Al enterarme el jueves por la mañana que Mario Vargas Llosa había sido galardonado con el Nobel de Literatura, sentí una alegría que me acompañó el resto de la jornada, algo así como si un familiar hubiera recibido alguna recompensa. Mis emociones, impensadas y gratuitas, me decían que el premio era también de todos los peruanos. Al final del día, una niebla apareció y empecé a dudar un poco sobre la pertenencia del premio.

El Nobel, es sin lugar a dudas, uno de los mayores galardones que un individuo puede recibir en su campo de estudio, ya sea en Ciencias Puras, Literatura, Medicina, Economía o por contribuciones a la Paz Mundial. Su prestigio es inmenso y muchas semblanzas, biografías, documentales o noticias en que se hacen sobre alguien que lo ha ganado comienzan justamente, con la mención del premio. ¡Es uno de los mayores hitos en la vida de los recipientes!, indeleble e imborrable que opaca a casi todas las demás distinciones. (En algunos casos ocurre en sentido inverso: pocos recuerdan que el gran Winston Churchill ostenta así mismo un Nobel de literatura).

Creo que la distinción que ha recibido nuestro afamado escritor es un logro marcadamente individual en una larga carrera dedicada a las letras. Pero a diferencia de los entregados en los campos de investigación científica, aquí no se refleja el logro de un sistema, una sociedad o para tal caso una nación que, como las desarrolladas, vienen acaparando, año tras año, los Nobel de física o química gracias a sus estructuras académicas e inversiones que promueven concienzudamente estos intereses. Por el contrario, nuestros bajísimos índices de lectura no hablan nada bien del país de origen del próximo visitante a la academia Sueca.

Sin embargo, he podido ver en las librerías locales, el lugar destacado que ahora ocupan sus libros, reubicados para la ocasión. ¿Qué mejor oportunidad para conocer su obra y promover la lectura en nuestro medio?, ¿o para que aquellos que lo leyeron obligados en la escuela lo lean de nuevo pero sin desgano?. En lo personal, ahora que se desvelan detalles como su sencillez y dedicación incansable por escribir, encuentro una inspiración connacional.

Algunos aún se preguntan sobre si el premio alcanza para todos. Para jolgorio de muchos, el dueño de la fiesta ha invitado a los peruanos (y latinoamericanos) a celebrar con él su ascenso al templo de los escritores. ¿Cómo ignorar tamaño llamado?

_______

PS: ¿Quién diría que de un epitafio prematuro nacería uno de los mayores premios? Pero así fue. El pobre Alfred Nobel leyó en la prensa, ante la noticia errónea de su muerte, cómo un periodista se refería a él como un “mercader de la muerte” por su invención de la dinamita. En vez de demandarlo o comprar el diario para despedirlo, decidió reevaluar su legado para la humanidad. ¿Resultado? En 1901 se estableció los premios que llevan su nombre.

Secciones: Libros, Vivencias y Opinión Etiquetas: Actualidad, Libros ESP

Escribiendo biografías…

20 septiembre, 2010

      Si bien en el omnipresente Facebook no he puesto el status “Escribiendo biografías…” ninguna de las semanas previas, esto hubiera descrito precisamente mi actividad de muchísimas noches, de las cuales me siento contento de compartirles hoy el resultado.

      Mi querido editor de “Caminando en la Luna” me invitó a colaborar con él en la importante colección “YoLeo” que publica el diario La República, así que no pude negarme ante la oportunidad de hablar de algunos de mis héroes personales, más aún, cuando fue en las páginas del mismo medio que mis primeros artículos fueron publicados más de veinte años atrás.

      Mañana podrán encontrar en los quioscos el tomo 2 de la colección en la que participo con la vida de Albert Einstein, cuatro semanas después viene la de Van Gogh y poco después la de Leonardo da Vinci (información de la colección entera la pueden encontrar aquí)

      Como me ocurre usualmente frente al procesador de textos, vengo disfrutando el proceso de investigar y redactar la vida de estos personajes, de quienes conocía sus trabajos, tenía libros en mi biblioteca o parte de sus vidas me han parecido inspiradoras.

      En el caso de Albert Einstein, el genio por antonomasia cuya ecuación E=MC^2 es probablemente la expresión científica más estampada en camisetas, resulta sorprendente lo poco prometedora que parecía su carrera en un inicio, que lo llevó a trabajar como burócrata en la oficina de patentes y a preguntarse si no sería mejor dedicarse a vender seguros de vida de puerta en puerta. ¿Quién podría pensar que en un solo año escribiría cuatro importantes documentos científicos que cambiarían la forma como vemos al mundo?

      Escribir de Vincent Van Gogh fue una experiencia muy emocionante, sus cuadros me fascinan y empecé a conocer de él en mi visita al museo de Amsterdam que lleva su nombre, en aquél entonces me sorprendió ver a través de sus cartas a su hermano Theo, su proceso como artista. Espero que a través de mi texto, el lector conozca más de este maestro que en tan pocos años de vida de enormes conflictos internos y demonios interiores, nos entregó una numerosa y fascinante obra pictórica.

      Actualmente me encuentro cerrando la vida de Leonardo, uno de mis favoritos por representar a una mente curiosa que con igual alcance abarcó el arte y la ciencia. Inspirado en ello, previamente le dediqué un par de artículos.

      Considero que la iniciativa de ofrecer a precios asequibles fascículos dirigidos no sólo a niños sino adolescentes y a la familia, es estupenda para incentivar la lectura en nuestro medio. Espero que mi pequeña contribución sea de su agrado.

Secciones: Libros Etiquetas: Leonardo, Van Gogh

¿Qué libros de ciencia ficción leer?

13 septiembre, 2010

      Quisiera responder al pedido que surgió en el post anterior respecto a qué libros de ciencia ficción recomiendo. Creo que al igual que el maridaje entre los vinos y quesos, cierta bibliografía aplica a ciertas personas y sus gustos, así que comentaré algunos títulos partiendo de los posibles gustos del lector.

      Si lo que se busca son historias de misterio en la que un inteligente detective resuelve algún complicado caso, asistido por un robot de apariencia casi humana, en planetas con culturas muy distintas a la contemporánea, “Bóvedas de acero” y “El sol desnudo”, ambas de Isaac Asimov, son dos buenas opciones. Nos presentan a los mismos personajes centrales descubriendo difíciles asesinatos de repercusiones globales.

      Si en lugar de Sherlock Holmes del futuro, se prefiere tramas que partan más directamente de nuestro pasado o presente inmediato, pueden encontrar interesante “El hombre en el castillo” de Philip K. Dick, que nos ubica en un Estados Unidos que pierde la Segunda Guerra Mundial y vive bajo el dominio Nipon. Así mismo, “Cántico a San Leivowitz” nos presenta un escenario post apocalíptico, en que un holocausto nuclear a acabado con el conocimiento humano y una orden de monjes, rodeada por bárbaros a la usanza de los de Mad Max, logrará mediar en la reinvención del progreso en una narración que cubre varios milenios de duración

      Antes que la Internet se convirtiera en una presencia tan ubicua en nuestras vidas, algunos autores incluyeron versiones avanzadas de la misma como parte fundamental de sus trabajos. La más emblemática de éstas quizá sea “El Neuromante” de William Gibson, la primera novela “ciberpunk” ampliamente difundida y que influyó en clásicos del cine como la película Matrix. Aquí, nuestro anti-héroe vive en una sociedad sobre poblada, decadente, gobernada por las corporaciones y en la que el Ciberespacio es un lugar al cual uno accede directamente desde el cerebro.

      La vida en otros mundos no podía estar ausente en las buenas obras. En “El fin de la infancia” de Arthur C Clarke, decenas de ciudades se ven ensombrecidas por enormes naves (a la manera de la famosa serie “V”, producida varias décadas después del libro), de las cuales la de New York pide la presencia del Secretario General de la ONU. Desde ese momento, la Tierra convivirá con estos observadores, cuyos aspectos nunca llega a conocer, pero que influirán enormemente en la evolución del hombre.

      Para aquellos que desean ver cómo la realidad en sí misma puede ser retada, en un texto en que los personajes (junto al lector) desconocen lo real de lo ilusorio en una trama contra el reloj, pueden contar con la excelente prosa del antes mencionado Phillip K. Dick en “Ubik”, comentado en este post.

      Evidentemente ninguna lista es perfecta ni completa, pero éste es un inicio que espero encuentren útil.

Secciones: Libros Etiquetas: ciencia ficción

Y a ti, ¿Te gusta la Ciencia Ficción?

8 septiembre, 2010

Any sufficiently advanced technology is indistinguishable from magic.
Arthur C. Clarke

El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto
William Gibson, en el Neuromante

      Ha pasado en numerosas reuniones; me encuentro con un pseudo conocido, conversamos y de pronto planteo una pregunta como quien lanza un dado sin esperar ningún resultado, “Dime, ¿tú lees libros de ciencia ficción?”. En pocos casos, del otro lado surge una curiosa reacción en cadena que comienza con una genuina expresión de sorpresa, regocijo generalizado y una larga exposición de los títulos favoritos. Podemos decir que se han encontrado dos cofrades.

      Puede parecer exagerado el entusiasmo ante el hallazgo, pero no lo es. Luego de oír tantas veces, respuestas del tipo “no leo jamás libros porque…soy ingeniero (contador, abogado o lo que sea)”, “los libros son para consultarlos, nunca para leerlos” o “soy alérgico al papel y a la tinta”, es difícil no alegrarse no solo por hallar a un lector, sino a uno que comparte las historias escritas por maestros como Asimov, Bradbury, Clarke entre otros.

      Las obras de estos autores, y del género, componen un reto a la imaginación, una exigencia mental. Nos ubican en el mundo del mañana y en planetas distintos al nuestro; sus personajes pueden ser humanos, robots inteligentes, organismos humano-cibernéticos, infinidad de razas alienígenas y todas sus variantes, formas evolucionadas de conciencia, seres sempiternos, criaturas de otras dimensiones y todo aquello que la ciencia puede ver como posible. En cuanto a las tramas, éstas son ilimitadas, pueden incluir historias de detectives, guerras, colonizaciones, viajes en el tiempo y ¡al universo entero!

      Sin embargo, he notado que algunos lectores interesados rehúyen a la posibilidad de buscar el pequeño espacio dedicado al rubro en las librerías por dos preocupaciones frecuentes, que son una presunta falta de calidad literaria de los textos y a la posible relación con las películas de Hollywood.

      Recuerdo que en el colegio, mi profesor de lenguaje ni siquiera consideraba como literatura a la ciencia ficción y así como él, muchos piensan que al comprar un ejemplar de éstos, están comprando un libro de física, química o de ciencia del cual borraron las ecuaciones matemáticas y las fórmulas. Esto se encuentra lejos de ser cierto, si bien los fundamentos científicos están presentes en distinto grado, nos encontramos ante novelas (no libros de divulgación científica) con prosas del mejor nivel. Basta leer a William Gibson, Philip K. Dick u Orson S. Card (quien publica poesía también) para apreciarlo.

      Quizá la preocupación por la calidad se origina a su vez, en asociar a esta clase de libros con los blockbusters del cine en donde abundan las batallas con láseres mientras los personajes son bastantes superficiales. En realidad, son artes distintos e incluso muchos escritores miran con desdén a la mayoría de las películas “sci-fi” que mala propaganda les hacen, aunque no hay que negar que también existen algunas joyas en el celuloide.

      Ignoro si estas líneas podrán conseguir que alguien se atreva a probar la lectura de obras de ciencia ficción, pero creo que el hacerlo vale la pena y la experiencia será satisfactoria (gustosamente puedo recomendar algunos títulos a quien me lo pida). En todo caso, creo que ahora es más fácil comprender por qué me es emocionante encontrar seguidores del género en medio de una conversación casual.

Secciones: Libros

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