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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Blog

Descubriendo el teatro

25 junio, 2009

      Luces apagadas. Voces silenciadas. Se abre el telón y la oscuridad da paso al escenario, un actor aparece y todos queremos oírlo, la vivencia dista de ser solitaria, frente a cada uno se desarrollará, en carne y hueso, un evento que cada noche será distinto, que cada noche brindará una realidad propia y única para ese público, lugar y tiempo, convirtiendo en mágico el momento.

      Como espectador, me llama la atención la experiencia que proporciona, la emoción que transmite, el hecho de que sea una expresión tan humana; Aristóteles señala, en su obra “Poética”, que hay seis elementos que constituyen el teatro: la trama, los personajes, la idea, el lenguaje, la música y el espectáculo, es claro notar que con todo ello… ¡Las posibilidades son ilimitadas! Además, ¿quién no aprecia una historia bien contada?

      Confieso que como lego en la materia, pero también como persona más o menos curiosa, recién estoy conociendo lo que existe detrás de cada puesta en escena, los estudios y horas que los artistas toman para crear un personaje, los años de dedicación que cada actor o dramaturgo aporta; como en el mundo del cine o de los libros, aquí también se puede seguir la trayectoria de estos ya que reflejan su evolución.
También me han explicado que existen “modelos”, como el actancial, para estudiar un personaje o que estos pueden tratarse mediante variables como Dirección, Fuerza y Velocidad (¡como las que tienen los “vectores” que estudie en los cursos de física!, pero asumo que aquí es algo distinto…).

      Sea esta entrada una oportunidad para invitarles a disfrutar de este tipo de eventos; los comentarios que hago de algunas obras llevan esta intención. Como en mí caso, ¡nunca es tarde para probar!, es una experiencia realmente enriquecedora.

__________________________________________________
PS: Durante la semana que viene espero poder contarles de la casi censurada “Respira” (de Eduardo Adrianzén) y “Crónicas Innominadas (travesías de Hidalgos y Chatarreros)”.

Secciones: Teatro Etiquetas: actores, actuación, Teatro

Mi entrada número cincuenta

23 junio, 2009

“Para mi, el mayor placer de escribir no es de lo que se trata, sino la música interna que las palabras hacen”.
Truman Capote

Escribo por necesidad y leo por placer, no puedo evitar ninguna de las dos cosas; de hecho que esta frase puede ser tan trillada como es real el testimonio, pero disfruto el proceso de crear entradas para este blog, en particular hoy en el momento en que al enviar estas líneas a la nube de electrones llamada Internet será la número cincuenta. Cincuenta pequeñas historias, ideas que intencionalmente o sin intención alguna hablan de la obsesión del momento y ahora, más que antes, de lo que vivo.

¿Cómo nace cada pequeño artículo? Muchas veces se conciben en la cafetería del trabajo, conversando de algún tema con los amigos o en el momento en que alguien dice “¿Por qué no escribes de esto?” y lanza alguna idea. También puede ocurrir cuando me encuentro manejando rumbo o vuelta al trabajo, originarse en conversaciones en el Chat o últimamente a la salida del teatro. Mi amigo, el escritor Javier Arevalo, me contaba que el pensamiento de lo que va a escribir lo va acompañando durante el día, a mí me sucede algo parecido; aún en medio de los temas que tocan tratar laboralmente, cada cierto tiempo aparece, como una pequeña y corta propaganda no solicitada, la idea que espera ser tratada a la noche en que me encuentro con la hoja en blanco y las canciones que me acompañan (¿dando ritmo al texto?, me pregunto si seria correcto señalar para cada uno la música bajo la cual se escribió)

Últimamente estoy tratando de publicar diariamente y me encanta el reto, estoy aprendiendo cosas nuevas cada día y reencontrándome con otras que no visitaba desde algún tiempo atras (como libros y temas que pienso compartirles pronto), cada día una carilla espera ser llenada.

La Ventana tiene hoy más de cincuenta páginas vistas diariamente, lo cual no deja de sorprenderme dado que los temas que trato no necesariamente son los más populares, pero esto me motiva a seguir escribiendo con la esperanza de hacerlo cada vez mejor. Sus comentarios, como siempre, son bienvenidos.

Secciones: Vivencias y Opinión

Obra de teatro comentada: Copenhague

22 junio, 2009

“Ahora estamos todos muertos y hemos partido. Nadie puede ser lastimado”.
Heinsenberg, en obra Copenhague.

      Copenhague es una obra con una propuesta muy original que trata un tema muy denso, en el que se mezclan la física, ficción histórica, la pasión por la ciencia y las relaciones humanas; para ello, el escritor inglés Michael Frayn nos entrega, en un solo acto, diversas especulaciones sobre un evento que sucedió en la capital de Dinamarca en setiembre de 1941, en que dos brillantes físicos se reunieron en plena guerra mundial para conversar sobre algo que hasta el día de hoy no sabemos a ciencia cierta, pero cuyo impacto, pudo influenciar el resultado global del conflicto.

      Es una propuesta original porque los personajes están muertos, Neils Borh, su dedicada esposa Margaret y el mismo Heisenberg se presentan de este modo. No existe una linealidad en el tiempo, muestran hechos presentes y pasados sin mayor aviso de cambio del que brindan los diálogos en si mismos; no existen buenos ni malos ni mayor razón de ser que buscar explicación a la pregunta de la mujer: “¿Para que vino Heisemberg a Copenhague?”; finalmente, cada uno de los actores se comunica indistintamente con el público, haciendo de narrador, o entre ellos mismos según su rol. Esto, que puede ser una virtud, por la cual la pieza teatral ganó el premio Tony, pude ser también una complicación dada la temática.
      
      Los parlamentos son muy ricos, los científicos debaten entre ellos principios científicos que muchos de nosotros hemos debido estudiar en la universidad, tal como el Principio de Incertidumbre (según el cual no podemos conocer con certeza la posición y velocidad de una partícula al mismo tiempo) pero también otros que seguramente alejaron a más de un asistente (¡aunque a mi me encantasen!) tales como el funcionamiento de un reactor nuclear, el empleo de barras de cadmio, agua pesada para retrasar la velocidad de los neutrones, la coraza necesaria para crear una bomba atómica entre otros. Si bien, me sentía muy a gusto y emocionado con la inclusión de esto, no pude evitar oír que una asistente literalmente… ¡roncaba!


      El contenido histórico igualmente fue tupido y formó parte del debate que los actores sostenían, para clarificar el papel de cada uno en el logro de la primera explosión nuclear y en la influencia que cada uno tuvo sobre los aliados o su propia nación; la mención de numerosos físicos nucleares, la vida subsiguiente tras el encuentro, la posibilidad de una Alemania nazi victoriosa o los limites de la ciencia y ética fue cubierto durante la hora que duro la función.


      En suma, es una obra estupenda para aquellos que disfrutan estos temas y mejor aun si se tiene conocimiento previo de los mismos. Es encomiable la calidad de las actuaciones para sostener tan original puesta en escena que al parecer no todos disfrutaron.

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Nota: las funciones se darán hasta el día 22 de Junio. Si compran el folleto de la obra, ¡reciben gratis un cupon para un café en el Starbucks!

Secciones: Teatro Etiquetas: actuación, arte, ciencia, Larcomar, Teatro

El agnosticismo de Carl Sagan

21 junio, 2009

       Algunas veces escucho los podcasts emitidos por el portal de prensa católica Aciprensa, que con el nombre de Punto de Vista dan análisis interesantes de temas mayormente de actualidad; llamó poderosamente mi atención uno en el cual el comentarista cuenta que un joven le había escrito diciéndole que creía que las lecturas que había hecho durante su adolescencia de autores como Carl Sagan, habían afectado su manera de acercarse a la fe. Por la referencia al autor, el momento de las lecturas y al posible espíritu incrédulo que al parecer suscitaron, me sentí plenamente identificado; coincidencias así no suceden todos los días y me parece una invitación a compartir algunas líneas sobre el tema.
Carl Sagan ha recibido medallas de la NASA, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos entre otras distinciones; se dio a conocer al publico peruano por la serie Cosmos, cuyos trece capítulos se transmitieron a mediados de los ochenta y que daban a conocer diversos temas como el inicio del universo, sus proporciones, la evolución de los seres vivos…todo desde el punto de vista de la ciencia. Debió ser en mi cumpleaños número doce en que me regalaron el libro bellamente ilustrado en que se basó la serie, a el le siguieron otros textos suyos como Los Dragones del Edén (premiado con el premio Pulitzer) sobre la evolución de la inteligencia, La conexión Cósmica sobre la vida en otros mundos, Contacto que es su única novela, entre otros. Su estupenda narrativa y la claridad de sus explicaciones le han merecido reconocimiento mundial, denotan un amor profundo por la ciencia y la investigación.

Si bien podemos vislumbrar claramente su visión personal del mundo en sus numerosos escritos, es en su penúltimo libro, El mundo y sus demonios (que a decir de sir Arthur C. Clarke debería de ser de lectura obligatoria en todas las universidades), en que destaca en un tono muy personal sus opiniones sobre la ciencia como lo más preciado, un bastión contra el misticismo, la superstición y la religión aplicada erróneamente, una herramienta que se corrige a si misma; no solo eso, el libro desenmascara formas de seudo ciencias como los círculos de los sembríos, astrología, abducciones y un largo etcétera. También habla de manera muy particular de la religión cristiana con temas como las apariciones marianas, los milagros en la edad media, las reliquias, la santa inquisición.

El agnosticismo religioso de Sagan me permito traducirlo como un voto de humildad, la expresión de un “no tengo evidencias suficientes” o “no hay argumentos concluyentes” o un “no me gustan lo que las religiones han hecho” (como he dicho en su libro se exponen numerosas manipulaciones religiosas). Lo interesante es que proviene de una búsqueda propia, en su obra Contacto, pone en boca de uno de los personajes la queja frustrada de no encontrar alguna línea bíblica que exprese, según el autor, una autoría realmente no humana y en El Mundo…. expone de manera conmovedora el precio que debe pagar, al no tener consuelo, dado que extraña a sus padres muertos (con quienes a veces sueña) pero no puede creer en la vida luego de la muerte.

Sagan es uno de mis autores favoritos e influyentes, incluso yo mismo he sido agnóstico por muchos años (y a veces por ratos), pero no comparto su postura, la cual espero tratar en una próxima entrada sobre ciencia y fe.

Secciones: Culturales Etiquetas: agnosticismo, carl sagan, religión

Gusto culposo: Película “Señales”

19 junio, 2009

      La película Señales de M. Night Shyamalan, en la que actúan Mel Gibson y Joaquín Phoenix (últimamente bastante ausente de mente en las entrevistas que da), es una de aquellas que puedo ver varias veces por la simple razón de que me gusta; sin embargo, cuando menciono el titulo y mi gusto por ella, como el día de ayer, usualmente encuentro una cara de sorpresa del tipo “¿realmente deseo seguir conversando con esta persona?“. Y es entendible, hasta cierto punto.

      La trama trata, la cuento para aquellos que no la han visto y probablemente no lo harán dadas las críticas, de una invasión extraterrestre vista desde la perspectiva de la familia del revendo Graham Hess (Gibson) quien ha perdido la fe tras la muerte de su esposa, él se hace cargo de sus dos pequeños hijos y vive también junto a su hermano (Phoenix). Habitan en una granja en donde empiezan ha suceder una serie de fenómenos extraños, para empezar, aparecen en sus sembríos una serie de dibujos que abarcan una gran extensión, se producen ruidos de intrusos en la noche, perturbaciones en la radio…luego en la televisión ven como en el resto del mundo van apareciendo luces inexplicables. Hasta allí, creo que todos estamos conformes. El problema es que, y lo admito también, parece un poco iluso que: a) los extraterrestres sean “alérgicos” al agua y decidan invadir un mundo constituido por tres cuartas partes de este abundante elemento y b) sepan construir naves intersiderales pero no cómo abrir la cerradura de una puerta abierta (de seguro algunos lectores podrán añadir otras más)

      Entonces, dados estos absurdos, ¿porque la disfruto? Considero que salvo estos dos “vacíos”, Señales tiene una buena manufactura, la música, sonidos, la atmósfera que crea M. Night me causan aprehensión, que creo es lo que busca. Supongo, también, que tengo motivos que van más allá de la propia película y se deben a gustos personales, dos en particular:

      En primer lugar, los eventos principales suceden en medio de la quietud del campo, se encuentran alejados parcialmente de la civilización y el pueblo al que deben acudir por provisiones es pequeño. Las noches prometen no tener mayor ruido que el del viento (bueno, luego vienen los extraterrestres…) Tengo un gusto particular por este tipo de lugares, y cuando he estado en ellos, en medio de la noche, siempre me han parecido el lugar ideal para contar historias que den miedo.

      En segundo lugar, me parece interesante el hecho de que la guerra del fin del mundo sea narrada desde las vivencias de no más de diez individuos, en claro contraste con películas que cubren la destrucción explicita de ciudades enteras; al final, la muerte de un individuo es también la muerte de un mundo en si mismo y contra ello es que luchan Graham y su familia.

      Finalmente, les dejo con un video, parte de la película, el cual fue listado por la revista Bravo como uno de los que ha dado más miedo en el cine.

Secciones: Cine y Televisión Etiquetas: ciencia ficción, Mel Gibson, Señales

¿Quién fue Harlan?, ¿Por qué Moebius?

18 junio, 2009

      Todo nombre propio de por sí etiqueta e influye, puede ser motivo de burlas en el colegio, diplomas mal escritos (lo digo por experiencia) o en algunos casos puede ser un sin sentido, como llamarse Julio y haber nacido en Agosto o Segundo y ser el hijo primogénito; el escoger un seudónimo es la oportunidad consciente que tenemos para elegir como nos gustaría que nos llamen, pero esto puede ser un proceso difícil, me pregunto, por ejemplo, si el dramaturgo ruso Alekséi M. Péshkov al escoger el apelativo Maxim Gorki (“máxima amargura”) tendría en cuenta que no siempre estaría de mal humor.
      Al iniciar este blog, quería tener una ventana que, a diferencia de un vidrio polarizado, me permitiera mostrar y compartir la obsesión del momento (libros, historias, ideas, películas y espero que más obras de teatro) a la vez que conocer que opinión merece todo esto de la gente que lo lee. De allí el uso de la palabra “ventana” en el titulo de este pequeño blog, los otros dos nombres propios tienen cada uno un origen distinto entre sí.
      Andrew Harlan es el nombre de un personaje de una de las mejores obras de Isaac Asimov que he tenido oportunidad de leer, «El fin de la eternidad». En ella, existe una sociedad secreta, los Eternos, cuyos miembros tienen la capacidad de entrar en cualquier momento de la historia (salvo en los siglos “oscuros”) para modificarla y buscar estratégicamente disminuir los sufrimientos de la humanidad. Harlan es uno de estos guardianes quien termina enamorándose de una mujer no-eterna y para estar con ella deberá asumir enormes riesgos, descubriendo en el proceso una verdad que podría cambiar la concepción universal del tiempo; sacrificará la eternidad por el infinito…También, aunque menos relevante, este nombre fue mi contraseña en el sistema contable con que trabajaba en mi primer empleo formal estando en la universidad.
      Moebius proviene de la “cinta de Moebius”, algo muy fácil de hacer con una tira de papel y que sin embargo presenta propiedades muy interesantes; basta con coger un papel, doblar un extremo dándole media vuelta y pegarlo al otro lado. Con ello obtenemos una superficie que ¡tiene un solo lado y un solo borde!. Al ser continua y caprichosa, el producto descubierto por August Moebius me recuerda en parte al infinito que Andrew Harlan obtuvo para su felicidad.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: blog, Harlan, Moebius

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