Voy a intentar hacer una demostración ecléctica por la mera razón de que me es difícil no hacerla; tengo la teoría de que los escritores del video Amazing de Aerosmith, una banda que me encanta, “plagiaron” un cuento de un escritor cuyos libros disfrute en exceso en la universidad: Jorge Luis Borges. Varios de sus cuentos aun los puedo contar de memoria a pesar de los años. Uno de ellos, Ruinas circulares, es el motivo de mí símil, y para poder demostrar mi punto, pediré un poco de paciencia.
Ruinas circulares empieza con un hombre mareado y ensangrentado que
desembarca en la unánime noche, proveniente de las infinitas aldeas en donde el zend no esta contaminado con el griego, y se dirige con propósito a un templo circular, chamuscado y perteneciente al dios Fuego, en donde a fuerza de voluntad duerme para despertar al lado de higos y agua que le habían dejado. ¿Su intención?, es “[…] no imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad.” Para ello, debería dedicarse a dormir y a soñar, muchísimas horas, en un empeño desgastante dado que “que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón”.
Su primer intento terminó en fracaso. Lo había iniciado soñándose rodeado de alumnos, a quienes les dictaba distintas lecciones, con la esperanza de encontrar en medio de ellos algún alma que valiese la pena de participar en el universo. De ellos, quedo un candidato prometedor pero al poco vino el desastre, el forastero no pudo volverlo a soñar más, ni al alumno ni a la escuela; “lagrimas de la ira le quemaron los ojos”.
El segundo intento, fue más exitoso, comprendió que debía moldear su creación órgano por órgano, primero el corazón que latía, tras lo cual descansó una noche. Le tomó un año llegar al esqueleto y los parpados, con infinita paciencia y ritos creó a su hijo, quien no podía existir si no iba a su encuentro en cada sueño. Lo educó y entrenó por años y luego le envío a otra ruina circular para que viviera y ¿por qué no? soñara. Solo el fuego podría reconocer que este hijo es en realidad un fantasma, una ilusión, a la cual no podría quemar sus carnes. De pronto, una sequía castiga la zona en donde vive nuestro forastero, una vez más el templo se incendia y este intenta escapar inútilmente, notando que el fuego no le quema… “Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo. “. El soñador era un soñado más.
Ahora hablemos del video Amazing, que me encanta por su propuesta y letra. En ella un joven diseña su “yo virtual” empleando una computadora, un guante y un casco conectado a ella que le permitirán ver y en parte sentir un mundo digital que asume real. Para crear su otro yo, elige su tipo de peinado, largo del cabello, todo. Sin embargo, sus primeros intentos fracasan; no logra acceder hasta después de mucho intentar, para al fin sumergirse en una realidad en donde conoce a una bella chica (Alicia Silverstone, ¿alguien puede culparlo por eso?). Con ella experimenta pasión y cortas aventuras que quizá no intentaría de otro modo sino el etéreo.
Nuestro personaje se cree real y soñador, con esfuerzo digital ha creado su sueño, un mundo y ser propio, pero al terminar el video vemos que… ¡nuestro soñador era un personaje soñado por Alicia!
Aquí pueden observar el video y disfrutar de tan buena canción.
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Polvo de estrellas
Somos, literalmente, polvo de estrellas. La materia de la cual estamos hechos, cada uno de nuestros átomos, tiene la edad del universo y ha viajado por eones hasta ser parte de nuestro Sol, el cual una vez encendido formó compuestos más pesados que constituyeron la Tierra en cuyos mares se formó la vida. La vida en si es algo nuevo, si la edad del universo la comprimiéramos en un año, la primera célula viviente aparecería en los últimos segundos del último día de diciembre. Somos uno con el Cosmos, somos una parte consciente de el, en medio de miles de millones de estrellas y galaxias, en medio de miles de millones de años de historia.
¿Trivializa esto la condición humana?, en absoluto; por el contrario, creo que la enriquece y que la hace aún más especial y rica, cada uno de nosotros es único. Hay algo místico en la creación, somos seres que apreciamos la belleza de las cosas, experimentamos dolor, alegría o asombro mientras existimos, y sin embargo no dejamos de ser lo que somos, polvo de estrellas.
Película comentada: Terminator 4
ucción que la “descolorea” de manera que se crea una atmosfera decididamente post apocalíptica. Todas las maquinarias se ven gastadas y antiguas, los seres humanos visten prácticamente harapos y la civilización parece cosa del pasado en ciudades que son acosadas por los Terminators, los cuales buscan a los sobrevivientes para exterminarlos por el simple hecho de que son el enemigo; lo cual puede plantearles un tema existencial: ¿en que ocupar el tiempo cuando ya no existan humanos por matar?Sin lugar a dudas, la experiencia visual es lo más resaltante en esta película de débil trama.
La historia tiene básicamente dos hilos conductores, la vida y obra de John Connor (el Batman Christian Bale) como uno de los líderes de la Resistencia y la de un simpático personaje llamado Marcus Wright (Sam Worthington) al cual vemos primero en el pasado como sentenciado a muerte, y luego vagabundeando en el futuro (ósea, el presente de la película) con el mismo aspecto de antes pero sin tener en claro que es lo que hace allí o como es que llego. El objetivo del primero será bastante simple, como podrán ver: debe encontrar a su futuro padre para que este no sea asesinado, ya que luego, como se ve en Terminator 1, John lo va enviar al pasado para salvar a su madre, momento en que lo conciben. ¿Se entendió? Yo tampoco entendí, pero no fui quien escribió la historia. La misión del ex prisionero es menos clara pero se espera que se cruce con el primero en algún momento.
Terminator 4 es una película para disfrutar, sin mayor transcendencia que la adrenalina generada por la acción y las emocionantes persecuciones. Cuenta con varias inconsistencias, creadas en el propio universo que crea en la hora y media que dura; sin embargo, ya que prometen filmar la continuación de esta, esperemos que cuiden un poco más la historia.
Trabajando para una transnacional
Existe un elemento en la ropa de los trabajadores que se nos puede ver colgando del cuello en los paraderos (y no es la corbata): el fotocheck, muchos de ellos son solo eso, una fotografía con nombre, pero en otros casos, como el mío, es una pequeña “tarjeta inteligente” que te permite abrir las puertas a las cuales uno esta autorizado a entrar, incluyendo la del acceso vehicular. Si uno intenta abrir una puerta indebida, cosa que por curiosidad confieso alguna vez hice, esta no solo no se abrirá sino que luego uno recibe una llamada al anexo en la que es preguntado cortésmente el porqué del intento (alegar curiosidad por ver que pasa, no es una respuesta valida…).
El idioma es una característica más distintiva que el fotocheck; los correos que se reciben y envían deben ser muchas veces en inglés, la mayoría de documentos se encuentran en este idioma así como los cursos que uno debe estudiar para certificarse. Como resultado de ello, muchas veces en el hablar mezclamos el español con la lengua de Shakespeare, lo cual puede sonar a oídos ajenos como una tremenda alienación (mi mejor amigo así lo ve). En todo caso, es interesante el escuchar como suena esta lengua en boca de argentinos, brasileños, indios (realmente difícil) o incluso un escocés.
El uso intensivo de siglas es otra característica particular. Muchas veces he pensado que nuestros correos electrónicos deberían venir con un glosario, dado que tantas combinaciones de dos o tres letras puede ser algo confusa. Mientras llegue ese día, debo contentarme con un programa al cual al ingresarle el comando “what is SIGLAS?” me mostrará un listado de alternativas (a veces con decenas de resultados). Un ejemplo (inventado) de correo podría ser: “Requerimos antes del fin del Q3 un PR del SOI para enviarlo para el approval del DM de HG”
Súmese al tema del idioma y las siglas el hecho de que muchas veces las personas con las cuales uno se comunica se encuentran repartidas en varios usos horarios (¡y culturas!) y se tendrá la oportunidad de que, en ocasiones, la información se atasque. En cierta oportunidad, mi compañero (que se sentaba al lado) y yo necesitábamos información sobre cierto procedimiento para nuestro proyecto, así que le escribo en el chat interno a un amigo brasileño sobre la forma de efectuarlo, este amablemente me pidió que lo esperase un momento… al minuto, ¡mi compañero estaba recibiendo de parte suya la pregunta que le acababa de formular!
Un ambiente de estas características, es por si mismo enriquecedor; espero poder contarles en alguna otra entrega un poco más de este.
Un libro contra la superstición y pseudociencia
o astrónomo Carl Sagan nos lo expone como la mejor manera de la cual disponemos para obtener conocimiento. La ciencia, si bien es cierto esta lejos de ser perfecta, tiene un mecanismo de autorregulación que hace que ante nueva evidencia, un científico se retracte y corrija, lo cual sucede mucho menos en política o religión (no recuerdo muchos casos en ambas). Sin embargo, hoy en día, cada campo de la ciencia tiene su contraparte supersticiosa y pseudo científica, que en ocasiones es difícil diferenciar; lo cual puede ser peligroso en una sociedad en la cual el reto que nos impone temas como el cambio climático, dependencia energética, deforestación forestal, entre otros, requieren de ciudadanos “alfabetizados en ciencia” para poder monitorear a las autoridades.En su obra, Sagan nos expone cada una de estas contrapartes. Así tenemos, que los geofísicos deben enfrentarse a proponentes de Tierras huecas o planas, profetas de terremotos y catástrofes. Los arqueólogos a antiguos astronautas (incluyéndolos como constructores de Nazca y Egipto). Los químicos a la alquimistas. Los físicos a creadores de energía de la nada. Los astrónomos a la astrología que ahora incluyen cartas celestiales obtenidas por computadora para leer el futuro. A esto súmese que, el libro también trata de platillos voladores, apariciones de fantasmas, curaciones milagrosas, los límites de la ciencia y tenemos un interesante texto en donde, se esté o no de acuerdo, uno no puede menos que apreciar los argumentos lógicos y la profunda investigación que muestra el autor, por más que este sea agnóstico y en buena parte anticlerical.
El doctor Sagan recibió de la Academia Nacional de Ciencia norteamicana su mayor galardón porque “nadie ha conseguido nunca transmitir las maravillas ni el carácter jubiloso de la ciencia con tan tanta amplitud como [él]” y este volumen es una muestra de ello; si bien desde sus obras previas nos tiene acostumbrados a una narrativa en la cual nos cuenta su experiencia, aquí vemos retratada su principal pasión (la ciencia) con cariño y deferencia; los pasajes en los que narra como extraña a sus difuntos padres, soñándolos incluso, pero que a pesar de ello no puede estar seguro de una vida más allá de la muerte son muy conmovedores.
Un libro que vale la pena leer y que incluso, como lo señala, Arthur C. Clarke debería de ser de lectura obligatoria en las universidades.
Mi primer vuelo “solo” en avioneta
Pocas sensaciones me causan tanto gusto como el despegue, ya sea en un avión de pasajeros o en los debiluchos aparatos que vibran sin cesar como los que poblaban Collique u otros pequeños aeropuertos que he conocido. El sentir el vacío en el estomago, la libertad de moverse en todas las direcciones, ver las nubes pasar frente a uno me llenan de gozo. Momentos como el de mi papá haciéndose el dormido para que tome los controles o haciendo la mímica de
hablar con torres de control inexistentes forman parte de esos momentos Kodak que uno fotografía en su mente por siempre. Por ello es que, siempre que se podía, viajaba con él a provincias en donde trabaja como piloto fumigador agrícola, para disfrutar de algún ferry (traslado de la avioneta de un valle a otro) por pequeño que fuera. Claro, que para ello debía soportar horas bajo el sol con los mosquitos azotándome, o levantarme a horas inhumanamente tempranas. Pero lo hacia con gusto, valía mil veces la pena; el único problema era que una avioneta fumigadora solo tiene un juego de controles y dado que dejamos de tener acceso a los aviones de paseo, la posibilidad de culminar un vuelo completo al mando se había desvanecido…pero parece que por suerte no del todo.
La última vez que viajé para acompañar a mi progenitor, bueno, confieso que no era la única motivación, fue cuando cursaba los primeros ciclos en la universidad; en esa ocasión, para suerte mía, un amigo suyo tenía su avioneta Piper Colt (¡con dos juegos de controles!) estacionada en Nazca y nos la prestó un buen número de horas, ¿podría haber alguien más contento que yo en esa provincia?, francamente lo dudo. Cogí una libretita, perdida ahora, y empecé a anotar mis horas de entrenamiento “formal” que llegaron a ser poco más de tres; habían pasado años desde los paseos en Collique, pero al final de ese viaje, completé aquel tramo que tenía pendiente desde tiempo atrás. Tras colocar el avión frente a la pista, con mi querido instructor empezó este tipo de dialogo: “¿alto o bajo?” (Pregunta él con firmeza, mientras la pista se acerca), “alto” (respondo casi gritando), “¿Qué esperas?” y acto seguido procedo a quitar la potencia sin que él tome el mando como otras veces. Segundos después, sobre la pista, espero sentir las ruedas sobre el asfalto, lo cual sucede…no una…sino varias veces, dado que mí primer intento distaba de ser perfecto, y rebotamos por un buen trecho repetidas veces. Lo había logrado, y durante un par de vueltas más aterrizaría de nuevo con mis manos y pies en los mandos, quiero creer que cada vez mejor.
En tierra, algunos pilotos comentaron mis aproximaciones a la pista y me dieron algunos consejos. Yo, por mi parte, estaba extasiado. Cerraba el círculo, había completado el circuito. Curiosamente hoy, muchos años después de estos eventos, las ganas y recuerdos ya no tan dormidos, hacen que me pregunte: ¿cuándo podré hacerlo de nuevo?
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PS: La avioneta de la fotografia es de una Piper Colt similar a la de mi experiencia en Nazca.