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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Blog

A propósito del día de las madres

10 mayo, 2009

      ¿Tenían ombligo Adán y Eva? No existe información al respecto, asumo que lo más probable es que, dado que no tuvieron madre, tampoco tuvieran la cicatriz que nos queda después de romperse el cordón umbilical… ¡una pena por ellos! El mío es testimonio eterno de que durante nueve meses mi cuerpo creció y se alimento directamente de una amorosa mujer.
      Cuando nacemos, lo hacemos totalmente necesitados de cuidados y atenciones sin los cuales nos sería imposible sobrevivir, el cordón umbilical que nos une con nuestra progenitora ya no es físico, pero esta muy presente en una forma que, puedo dar testimonio, no puede describirse sin usar la palabra Amor. Su constante preocupación y afectos, la naturaleza instintiva de su ternura almacenada en su corazón, es la evidencia palpable de que Dios quiso asegurarse de que todos contasen con un ángel protector, un ángel cuyo contrato no termina con la partida del hijo de casa.
      Mediante esta breve entrada quiero saludar cariñosamente a las madres que me leen, a las madres de quienes leen este blog y en forma particular a la mía, a quien, ni convirtiendo cada estrella en un agradecimiento, podré pagarle todo lo que ha hecho por mí…¡este es un buen día para celebrar el tener ombligo!

Secciones: Vivencias y Opinión

El astronauta más afortunado de la NASA

29 abril, 2009

       En la carrera profesional, un serio revés o fracaso puede ser motivo de preocupación, la sucesión de dos de estos eventos puede ser alarmante y llegar al tercero dentro de la misma empresa será más difícil. Ahora bien, ¿puede suceder que una serie de estos hechos en realidad sean beneficiosos?, y es más, ¿qué hayan pavimentado el camino de un astronauta a la Luna? La curiosa historia de Alan B. Shepard parece demostrarlo.
       Shepard fue elegido tras un riguroso proceso de selección para conformar el primer grupo de siete astronautas norteamericanos en 1959; por aquella época el espacio era un ambiente totalmente desconocido, y los hombres que intentarían alcanzar dicha frontera por delante de los soviéticos, se convirtieron automáticamente en figuras públicas y queridos héroes nacionales. Tras dos años de preparación, fue escogido para ser el primero en abordar la pequeña cápsula Mercury, lo cual estaba programado para marzo de 1961. Sin embargo, el viaje se canceló por dos meses para añadir más pruebas a los equipos con lo cual, sin saberlo, se dio tiempo suficiente a los rusos para que el 12 de abril enviarían a Gagarin a orbitar la tierra…robándole la gloria a Shepard y a su país entero (es más probable que la mayoría de lectores recuerdan el nombre de Yuri Gagarin que el de Alan Shepard).
       El fracaso americano ante Gagarin fue un factor determinante en la decisión de Kennedy de comprometer a su nación a poner a un hombre en la Luna; así mismo Shepard quería un segundo vuelo en el mismo tipo de cápsula que le hizo famoso, pero en su lugar se le encomendó ser el comandante del nuevo modelo de astronave que vendría: la Géminis. Mientras se preparaba, comenzó a sufrir mareos y pérdida de equilibrio, lo cual lógicamente es lo peor que puede sucederle a un piloto…se descubrió que padecía el síndrome de Meniere, una enfermedad que afecta el oído interno, por lo cual debió dejar el puesto de astronauta y ceder el liderazgo a Gus Grissom, cuyas misiones se programaban siempre luego de las de Shepard… de haber comandado el primer Géminis, lo lógico hubiera sido que también volara la primera nave de la siguiente generación, el Apollo 1…que trágicamente se incendió en tierra matando a sus tripulantes, incluido Grissom.
       Dado que no podía volar, se le nombro jefe de la oficina de astronautas, curioso puesto dado que el mismo no podía viajar al espacio; por la misma época, y dado los contactos que tenía, realizó una serie de inversiones que lo convirtieron en millonario (literalmente), quizá el primero que tuvo NASA, pero su deseo era el de pilotar de nuevo, por lo que varios años después de su baja médica, decide someterse a una operación experimental que afortunadamente lo devuelve al estado de apto. Al volver, quiere que se le asigne el primer vuelo disponible: Apollo 13, pero esta vez los administradores de NASA no creen que el viejo Al (a la sazón de 47 años) este listo para comandar un vuelo tan pronto, desean que entrene más, así que la misión le es otorgada en su lugar a Jim Lowell; ¿Qué paso con Apollo 13?, pues tal como se ve en la película del mismo nombre protagonizada por Tom Hanks, un tanque explotó mientras se dirigían a la Luna y ninguno de sus tripulantes logra pisar la Luna…
       El siguiente vuelo, Apollo 14, es suyo y lo convierten en el séptimo hombre en caminar en la superficie selenita (corría entonces el año 1972); sus primeras palabras no podían ser mejores dada la complicada historia de su carrera y todo lo que debió suceder para que estuviera allí (llegar luego de Gagarin, perder el vuelo Géminis 1, perder el vuelo incendiado del Apollo 1 y finalmente el abortado Apollo 13): “Fue una larga espera, pero aquí estamos”.

Secciones: Sci & Tech

Deux ex machina: ¿Dios en una grúa?

26 abril, 2009

      Es sabido que en el teatro de la antigua Grecia, algunos escritores hacían uso de cierto recurso narrativo para cerrar su historia de manera positiva: en plena ejecución de la misma, un actor personificando a un dios era depositado en medio de la escena mediante una grúa para «arreglar» la situación, por ejemplo, resucitando mediante su toque divino a nuestro héroe (que había entregado su vida como único acto posible y bueno) o salvando a la heroína del peligro que la acecha. Supongo que de esta manera, buscando un final feliz pero algo forzado, se evitaba que los habitantes de las polis lanzasen objetos al escenario o iniciasen una nueva guerra de Troya; sin embargo, muchos literatos de la época criticaron tales artilugios y hasta hoy en día se usa la expresión «Deus ex machina» (“dios surgido de la maquina”, en latin, en donde la maquina es justamente la grúa) para señalar la manera poco “natural” en que una ficción toma esta clase de giro.

      En la vida, más allá de las tablas, la participación de Dios en la experiencia humana ya sea a nivel universal o individual, es un debate que en mi opinión nunca ha terminado y que probablemente nunca lo haga. Para el creyente, la evolución de la vida en un planeta de cinco mil millones de años y a partir de materia inerte puede haber tenido un desarrollo natural pero sin lugar a dudas en alguna parte de este proceso, Dios ha intervenido de alguna forma; para el científico, esta participación no solo es indemostrable sino que para algunos un sinsentido, por ejemplo, Martin Gardner en su libro de divulgación «Izquierda y Derecha en el Universo» (1964) tacha de dios imperfecto a aquel que debe ir «corrigiendo» su obra a través del tiempo, un dios que al descender repetidas veces a nuestro mundo nos recuerda al personaje griego antes citado.

      La participación divina y la necesidad de invocarla a cada instante para que el mundo funcione correctamente o de la manera en que deseamos, se ve cándidamente ilustrada en varios pasajes de la genial novela de Pat Conray, «The great Santini» (1976), como aquel en el que la esposa del piloto aviador del titulo se encuentra esperando junto a sus hijos a que el avión de este aterrice tras una larga jornada en el extranjero, mientras lo hacen, ella ordena que todos recen ave marías, pero luego estos ya cansados se quejan, a lo que ella piadosamente alega: «Si el avión de papá se estrella, nunca nos perdonaremos por no haber dicho ese Ave María extra», a lo que la hija mayor responde (quizá representando a la mayoría de lectores): “Realmente no creo que funcione de esa manera…”

      En el plano personal, el orar a Dios nunca me ha sido ajeno y menos aún tras seis años de servicio en la que fue mi parroquia; sin embargo, me pregunto cuantas veces he deseado que algún dios de la maquina arregle una situación cuya solución o mejoría muy bien pudo estar en mis manos, esperando alguna acción mía, o bien debí asumir la realidad de que se encontraba en un estado irreversible y que no podía hacer nada; en ambos casos, la sola espera de una grúa ingresando en la escena no es lo mejor. Creo que en la mayoría de circunstancias, parafraseando a don Bosco, la oración debe ser el paso previo a la acción concreta y que al deux ex machina es mejor dejarlo para los malos libretos.

Secciones: Teatro Etiquetas: Deus ex machina

¡Los nerds ya tienen una comedia!… ¿tenemos?

18 abril, 2009

        Cuando visito el campus de mi universidad, en donde coexisten todas las facultades una al lado de la otra, es obvio que el universo de personas que lo habitan esta formado por distintos grupos claramente diferenciados, los cuales no son difíciles de notar para un observador atento: existen los chicos de arte (distendidos pintando sus obras en las aulas o jardines), los chicos de letras (básicamente hablando y hablando) y los de ciencias e ingeniería (intentando aprobar los difíciles cursos). Habiendo pertenecido al último grupo, como muchos habrán podido suponer, mis experiencias de vida pertenecen a este sector y muchas de ellas se me vienen a la mente cada vez que veo una divertida serie que dan en Warner Channel y que quisiera recomendar: “The Big Bang Theory”.

        Cada episodio nos cuenta las historias de dos físicos veinteañeros, uno teórico y otro practico (curiosamente tengo un buen amigo que es ambas cosas a la vez) quienes viven al lado de una hermosa chica aspirante a actriz, llamada Penny; Sheldon y Leonard se caracterizan por tener problemas para sociabilizar con el sexo opuesto, un fuerte apego a la Internet, juegos en línea, comics, ciencia ficción (¿quién no?), productos electrónicos y una visión del mundo fuertemente influenciada por la ciencia. A estos compañeros de cuarto se les suman dos amigos que, como es de esperarse, son muy parecidos a los primeros: un ingeniero que construye dispositivos para la NASA a la vez que es un gran teórico de “cómo salir con chicas” y un astrofísico especializado en partículas, a quién le es literalmente imposible hablar delante de alguna mujer, pero que a pesar de ello (¿o quizá a raíz de ello?) ha tenido mayor suerte que sus compañeros tratándose de damas.

        Si bien la serie va por su segunda temporada, se han programado al menos otras dos; esto debido a su éxito que se basa en un humor inteligente que muchas veces hace referencia a conceptos populares de la ciencia o a las manías y obsesiones de sus simpáticos personajes que tienen problemas cada vez que intentan encajar con gente distinta (léase normal); la singular inteligencia de Sheldon va acompañada de una incapacidad para entender las emociones de los demás lo cual le hace decir frases al pobre Leonard como la siguiente: «Tienes tanta chance de salir con Penny como el telescopio Hubble de hallar en el centro de cada agujero negro a un hombrecillo con una linterna buscando el interruptor de luz», la cual me parece una forma muy creativa de decirle a un amigo que no tiene esperanzas con la chica bonita, dado que…bueno, esos tipos de agujeros ¡ni siquiera son observables en el espectro visible!

        La producción cuenta con un profesor de física y astronomía que verifica que los afirmaciones de los personajes sean correctas, así como también las ecuaciones y dibujos que ilustran las pizarras de estos, como aquella en que realizan un diagrama de red para decidir a que cine asistir, considerando las variables de distancia y restaurantes cercanos, o el diagrama de flujo del “Algoritmo de la amistad” que intenta colocar los pasos necesarios para obtener amigos. Estos cuidados detalles nos pueden hacer recordar a la galardona serie Numb3rs, con la diferencia de que aquí la historia es motivo de risas constantes.

        En suma, es una original y graciosa serie en donde, cada martes a las ocho, el pequeño nerd (o grande, dirán algunos) que muchos llevamos dentro por deformación profesional, puede relajarse un poco.

Secciones: Cine y Televisión Etiquetas: Big bang theory, nerds

Héroes de Ficción: Jason Bourne

15 abril, 2009

       Jason Bourne es, sin lugar a dudas, uno de los más finos héroes que el mundo de los espías haya visto. Dado a conocer masivamente a través del cine en las películas protagonizas por Matt Damon, el personaje creado en 1980 por el escritor Robert Ludlum, abarca hoy en día más de nueve novelas, cuatro largometrajes y un videojuego; creo que el éxito de este radica, entre varios factores, porque inicia con una premisa original en el género: él mismo no sabe quien es o quien ha sido y mientras intenta descubrirlo intentarán matarlo no una sino repetidas veces en una serie de complejas intrigas.

        Si bien es cierto que, tanto en el medio fílmico como en el literario, sobresalen su habilidad para improvisar inteligentemente, su dominio de varios idiomas, su gran dominio de artes marciales y la serenidad casi no humana que toma en momentos de crisis, existen algunas diferencias que como lector de sus libros me gustaría compartirles, para presentarles al Jason Bourne de las novelas (¿el verdadero?).

        David Webb, ese es su nombre de nacimiento, es un académico especializado en el lejano oriente, quien en pleno conflicto de Vietnam trabaja para el Departamento de Estado en la vecina Camboya, lugar en el que vive con su esposa tailandesa y sus dos hijos (la fascinación con otras culturas a veces no se queda solo en los libros…). La tragedia llega a su tranquila vida cuando un bombardero deja caer sus bombas en donde se encontraba la familia de Webb, matándolos a todos; nunca se identificó el bando al que pertenecía la aeronave, pero para nuestro héroe… ¡la guerra se tornó algo personal!. así que se enlista para formar parte de un grupo secreto de mercenarios y criminales (gracias a sus contactos en el Departamento), patrocinado por el ejercito y creado para llevar a cabo misiones que los militares regulares no pueden llevar a cabo. El grupo se llama Medusa, y dentro de él adopta el nombre de Delta 1: se convierte en un líder cuya descripción nos recuerda a otro famoso personaje, el John Long Silver de “La isla del tesoro”: un hombre temible, renegado, siempre obedecido a quien sus hombres no dudan en seguir. Pero en cierto momento, descubre que uno de ellos es un traidor, y deben matarlo en la jungla. ¿Adivinan el nombre del vil traidor? es Jason Bourne.

        La guerra en el Asía termina, pero no con ella la sed autodestructiva que embarga a nuestro héroe, quien poco tiempo después es reclutado por la CIA, para integrar el proyecto Treadstone, con el objetivo de detener al criminal más temido de su época, un asesino sofisticado llamado Ilich Ramírez Sánchez, mejor conocido como “El Chacal”. Para lograr su cometido, Webb pasará a la clandestinidad y a diferencia de la interpretación de Damon, se dedicará a salvar vidas y no será un asesino entrenado del gobierno; debe tomar una identidad distinta, escoge el nombre de Jason Bourne. Tras un año de preparación y entrenamiento, fingirá ser la competencia del Chacal, tomando contratos para liquidar a personas importantes, las cuales simularán su muerte. Bourne trabajará primero en el oriente y luego en Europa, hasta el momento en que cae en una trampa del Chacal, que evidentemente quiere muerto a su presunto competidor. La trampa terminará con nuestro héroe desmemoriado y sumergido en el mar, momento a partir del cual empieza la saga.

        Al final del primer volumen, Bourne sabrá quien es en realidad, pero no hubiera sobrevivido sin el apoyo de una mujer sensata, centrada y economista de clase mundial quien nunca creyó que el desconocido que tenía delante de ella era un asesino: Marie St. Jacques. A partir de allí, las aventuras (casi involuntarias) continuarán en búsqueda del temible Chacal.

        En mi opinión, en ambos medios se destacan características que hacen de este espía amnésico un héroe de ficción superior; sería cuestión de gustos el decidir si aceptamos la trama interpretada por Damon, aquella que recreamos en nuestra lectura o ambas.

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Post Scriptum: Quiero aprovechar esta entrada para agradecerles por tantas muestras de apoyo y cariño que he recibido de ustedes, amigos, amigas y familiares a raíz de la noticia de mi intervención al ojo.
Gracias a Dios la operación fue satisfactoria y ya empecé el postoperatorio (consistente en muchas gotas y chequeos continuos con el doctor en Lima), esperamos que mi «nuevo» ojo alcance 100% de visibilidad en un par de meses.

Secciones: Cine y Televisión Etiquetas: Cine, héroes de ficción, Matt Damon

La cirugía que se viene: listo para verlo todo de nuevo

29 marzo, 2009

Si algún día vuelvo a ir al circo o al departamento de Ancash, lugares que sólo visité de niño con mi familia, sucederá algo curioso: los veré, en realidad, como si fuera por primera vez. Desde pequeño he sido muy miope y por raro que pueda parecer, mis padres no lo notaron hasta que cumplí los nueve años, podrán preguntarme la razón de ello, pero la ignoro. Supongo que el hecho de tener un papá aviador que se gana la vida fumigando al ras del suelo, con su boina verde y sus lentes Ray-ban (¡todo un señor piloto!), con una poderosa vista de la cual depende su vida, era también tener un joven papá para el cual los tropiezos de su querido vástago, no se debían a problemas de visión; siendo su hijo ¿de donde hubiera yo sacado esos “genes miopes”? Lo cierto es que ninguno de sus hijos heredó ni sus ojos verdes ni su vista de águila.

Tengo la teoría de que mi amor por los libros no sólo nació por influencia materna, sino que el poder contar con tanto entretenimiento a sólo treinta centímetros de mi nariz, pudo ser un factor importante. Sin embargo, el tener mi primer par de fondos de botella, enmarcados en carey, y poder ver las cosas que me rodeaban en detalle (como por primera vez), no logró separarme de los textos. Es más, aunque me encanta la astronomía y tengo un telescopio astronómico (y con ello no estoy hablando de mis gafas), posiblemente si por mi ventana pasara un cometa en este preciso momento, tendría la natural tendencia de buscarlo primero en un libro o en la Internet.

La historia de mis ojos terminaría allí si hace unos diez años un doctor no me hubiera dado tosca y fríamente una penosa noticia: en el ojo derecho tengo una deformación conocida como queratocono, que no puede corregirse ni con gafas ni lentes de contacto, sólo mediante un transplante de córnea. Con los años, el ojo izquierdo (el único útil) había aprendido a compensar a su hermano derecho lo mejor que podía, pero no lo suficiente como para, digamos, calcular distancias, notar figuras tridimensionales o simplemente que yo pueda funcionar cerrando el ojo sano. Acudimos a varios médicos que repetían el diagnóstico inicial, que sabíamos ya de memoria, y luego una querida tía se ofreció a sufragar los gastos para reparar a susodicho elemento; el problema residía que hasta el momento nadie ofrecía una técnica que no me alejase del trabajo menos de un mes y que en el Perú no tenemos una cultura de donación de órganos; debido a esto, la espera de una nueva córnea puede demorar meses o años, tras lo cual uno recibe en cualquier momento y sin mayor preámbulo, una llamada del hospital que lo alejará del mundo por treinta días. Algo difícil de manejar.

Hoy me encuentro algo nervioso, porque mañana tomaré junto a mi madre y mi tía, un avión hacia Colombia. Tras un periodo de varias coordinaciones (que iban en varios sentidos) con mi trabajo, con el médico de Colombia y con mi tía, enfocados en perder el mínimo número de días laborales, se dispuso la semana para la intervención; así que probablemente en cinco días ocurrirá que, estando mi cuerpo totalmente anestesiado y dormido, mi ojo estará abierto y una parte de él será removida para dar paso a una porción sana que me devolverá la visión (y que habrá pertenecido a alguna persona por la cual rezaré siempre).

Tengo fe de que todo saldrá bien; también sé que pasará otra cosa curiosa y que ya he conversado con mis familiares, amigos y compañeros en estos días (muchos de los cuales leen mi blog e influyeron en hacer esta entrada): tendré la oportunidad de ver todo como si fuera nuevo; y pienso apreciarlo mucho, más aún cuando es algo que no ocurre muy seguido en la vida.

Secciones: Vivencias y Opinión

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