Cuando nacemos, lo hacemos totalmente necesitados de cuidados y atenciones sin los cuales nos sería imposible sobrevivir, el cordón umbilical que nos une con nuestra progenitora ya no es físico, pero esta muy presente en una forma que, puedo dar testimonio, no puede describirse sin usar la palabra Amor. Su constante preocupación y afectos, la naturaleza instintiva de su ternura almacenada en su corazón, es la evidencia palpable de que Dios quiso asegurarse de que todos contasen con un ángel protector, un ángel cuyo contrato no termina con la partida del hijo de casa.
Mediante esta breve entrada quiero saludar cariñosamente a las madres que me leen, a las madres de quienes leen este blog y en forma particular a la mía, a quien, ni convirtiendo cada estrella en un agradecimiento, podré pagarle todo lo que ha hecho por mí…¡este es un buen día para celebrar el tener ombligo!


