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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Anotaciones desde Paris

22 octubre, 2009

      Luego del marcado frío de Berlín y tras catorce horas de tren nocturno, se llegó a Paris, que parecía dar la bienvenida al visitante con un clima menos hostil que su contraparte alemana. La primera impresión, partiendo de la estación Gare de l’Est, es que nos encontramos de vuelta en el mundo latino, de calles no siempre limpias, gente pidiendo dinero, cuadras que cambian de nombre sin previo aviso y cierta flexibilidad a la hora de cruzar las pistas; a diferencia de la ciudad anterior, la cuna de De Gaulle y Voltaire, no tuvo que ser reconstruida desde sus cimientos tras la Segunda Guerra Mundial, por lo que su centro histórico permanece antiguo y muchos monumentos centenarios aún de pie.
      Si bien buena parte de Europa, al menos en esta época de año, viste ropa gris, negra o de tonos cercanos a éstos, la gente cambia de lugar en lugar; aquí existe una importante cantidad de personas de color y asiáticas, lejos quedan la homogeneidad germana y sus rascacielos humanos. Existe una amabilidad general en las calles, pero para muchos negocios, el cliente que habla en inglés o en español no encontrará mayor ayuda que la que encontraría un hombre invisible y sin voz…esto, a pesar que los precios que ofrecen son extraordinariamente altos (por ejemplo una coca cola que cuesta 1 euro en Berlín o Roma, aquí es etiquetada en 1.7 euros). De allí que la mejor estrategia para ahorrar, sea la de comprar comida en el supermercado y cocinarla en el hostess.
      A la mayoría de sitios por los cuales es principalmente conocida Paris, se llega a pie o en metro en pocos minutos; entre ellos podemos mencionar algunos:

El puente nuevo. Que no es tan nuevo en realidad. Fue inaugurado en 1607, es el más antiguo de los que atraviesan el río Senna. En los lados del exterior cuelgan como un centenar de cabezas de piedra, son los rostros de los amigos de un rey que asistieron a una fiesta, quién pidió primero que los retrataran y que luego los vuelvan esculturas, creando lo que hoy sería, la primera expresión Facebook de la época.

El puente nuevo, con los rostros de los amigos del rey

La catedral de Notre Dame. Conocida por figurar en los miserables de Victor Hugo y por el famoso Jorobado que lleva su nombre. De estilo gótico, se construyó entre 1163 y 1345, la tardanza se debió a la inclusión de columnas externas, que dejan espacio más libre para el interior del templo. Aquí se coronó a Napoleón Bonaparte y beatificó a Juana de Arco.

El arco del Triunfo, en realidad hay varios arcos en los alrededores, pero el más grande se encuentra por los campos Eliseos. El modesto de Napoleón, ordenó construirlo para poner en él los nombres de sus batallas victoriosas. Bajo él, se encuentra la llama permanente, que simboliza a los soldados desconocidos muertos por Francia.

La plaza de la Concordia y su Obelisco. Este último es egipcio, de Luxor, recibido como regalo en 1831. (En Roma hay otros semejantes, de mismo origen faraónico)

Torre Eiffel. El más reconocible símbolo francés, construido en 1887 para ser mostrado en una feria mundial, deberían haberlo desarmado en 1900, pero se quedó más tiempo dado que le encontraron uso para colocarle antenas de radio. Se le puede ver desde casi todas las calles del centro, hoy es casi imposible imaginar el rostro de Paris, sin tamaña creación.

Torre Eiffel de noche

Y por supuesto, ¡el Museo de Louvre!. Al lado de aquellas pirámides de vidrio construidas en la era de Miterrand, que desagradan a la mayoría de parisinos, figura uno de los museos más grandes del mundo; se dice que si uno tomase medio minuto para ver cada pieza de su catálogo, y no comiese ni descansase hasta terminar la empresa, tardaría treinta y dos días en efectuar la revisión completa. Una de las mejores comodidades de este lugar sobre otros, es que ¡se permite tomar fotografías! (sin flash), lo cual significa que en el momento en que alguna obra nos llama la atención de manera significativa, podemos capturarla en digital para volver a ella luego o informarnos más.
Presenta antigüedades egipcias, griegas, pinturas del renacimiento, arte medieval… entre sus estrellas se encuentra la que seguramente es la dama más fotografiada de la historia y que cuenta con al menos tres guardaespaldas puestos de pie, permanentemente a su lado: la Mona Lisa (es curioso notar que, a pesar de que ha sido un millón de veces reproducida, todos queremos nuestra propia foto de ella) También se encuentra la no menos famosa Venus de Milo.

La mona Lisa

      Un poco más lejos, a 40 minutos del centro, hallamos el Palacio de Versalles, cuya fastuosidad nos hace entender lo que significa “vivir a cuerpo de rey” y explica porqué el pueblo ignorado se reveló ante el poder que ostentaba una riqueza extravagante. Aquí, los salones están ricamente adornados, en paredes y techos, con pinturas y esculturas. El arte estaba al servicio de la monarquía, por ejemplo, en infinidad de cuadros figura el rey Luis XIV (el rey Sol) en “el centro de la foto”. De las estancias en que se divide, la más conocida es seguramente, la Galería de los Espejos, la cual uno tarda varios minutos en atravesarla, en ella, rodeados de lujo, candelabros (¡y espejos!), la corte realizaba sus fiestas y bailes.
En lo personal, más que el interior del gigantesco palacio, me llamó la atención el conjunto de fabulosos jardines que lo rodean (estando en el otoño boreal, supongo que sería aún mejor en el primavera), que se extienden por cientos de metros, al lado de los verdes senderos y laberintos, contiene fuentes adornadas por personajes mitológicos.
Para los que disfrutan de las cifras, les comento que según la literatura del lugar, el dominio costó construirlo 80 millones de libras y el presupuesto anual del estado fue, en un año, de 60 millones de libras.

Detrás mío, uno de los bellísimos jardines de Versalles

      Sin lugar a dudas, en París abundan los lugares para visitar y quedarse, pero los días de lluvia que están empezando, parecen indicar que ya es hora de regresar a casa.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: Europa, Francia, paseos, Torre Eiffel, turismo, viajes

Anotaciones desde Berlín

20 octubre, 2009

Al llegar a la estación de tren de Berlín, el visitante es recibido por un moderno y gran edificio de cristal y vidrio, de cuatro pisos de alto, en donde encontramos una multitud de locales (panaderías, cafés, tiendas de ropa, revistas) y servicios; es clara la diferencia con sus equivalentes de otras ciudades importantes (Milán, Roma, Amsterdam, Praga, Viena,…), aquí hacen honor al hecho de que los alemanes son la tercera economía más grande del mundo.

Dado que la ciudad entera fue prácticamente arrasada durante la Segunda Guerra Mundial, por los bombardeos aliados, lo que encontramos es una ciudad nueva, llena de edificios y calles contemporáneas, así como abundantes parques y áreas verdes; súmese a esto el hecho de que sus ciudadanos son sumamente ordenados y limpios y tendremos un lugar muy agradable.
Berlín lleva consigo un pasado muy complejo y marcado, que incluye la barbarie nazi y el de ser un frente de batalla entre oriente y occidente durante la guerra fría, todo lo cual se ve reflejado en sus calles, en donde los memoriales, monumentos y reconocimientos están esparcidos en el horizonte. Por ejemplo, no muy lejos de la estación de llegada, encontramos el Memorial a los judíos muertos en el holocausto, el cual consiste en 2711 bloques rectangulares:

A pocos metros de éste, hallamos el memorial a los homosexuales perseguidos y asesinados durante la era de Hitler. Al observar por la pequeña ventana del mismo, se puede ver un video de dos hombres besándose (el lesbianismo no fue tan acosado y sancionado):

Cerca, encontramos la Postdamer Platz, con un pedazo de aquella muralla que dividía la ciudad en dos y de la cual queda muy poco hoy en día:

Sin embargo, no todo se relaciona con necesarios mea culpas sino que el turista puede también encontrar lugares famosos como la puerta de Brandemburgo cuyo acceso paso central estaba cerrado al pueblo hasta la primera guerra mundial; hoy en día se puede ver en ella «parches «y arreglos que ocultan los daños que sufrio durante ambas guerras mundiales. Aquí una foto nocturna que pude tomarle:

El parlamento, incendiado en los inicios de la dictadura nazi, es hoy un edificio reconstruido y de libre acceso (previo detector de metales) en donde el nuevo siglo parece ser representado mediante una impresionante cúpula que se encuentra en el piso superior:

Como toda ciudad importante, cuenta con iglesias antiguas, como la del Domo (en la fotografía, también puede verse a la derecha la estación de televisión de la Alexander Platz), allí supuestos refugiados serbios piden dinero en todos los idiomas posibles.


No podían faltar toda clase de museos y exhibiciones: ya sea de la guerra fría (Checkpoint Charlie), la policía secreta, el pasado nazi (como la muestra «Topografía del terror», la historia de los Kaisers o los de arte, por ejemplo, cuentan con una muestra permanente de Dalí en donde uno puede constatar que el hombre estaba genialmente loco.
La gente es sumamente amable y siempre dispuesta a ayudar; todos parecen coexistir en paz entre un presente desarrollado y un pasado lleno de cicatrices que las calles no dejan de señalar.

PS: Cabe resaltar que a apenas una hora en metro se llega a Potsdam, una linda ciudad llena de jardines, campos y palacios de la cual espero postear próximamente.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: Alemania, Brandenburgo, Europa, paseos, turismo, viajes

En un campo de concentración Nazi

20 octubre, 2009

A cuarenta y cinco minutos al norte de Berlín, empleando sucesivamente el metro y un bus, se llega a Sachsenhausen, un campo de concentración construido en 1936 por la Alemania nazi, para recluir en ellos a diversos tipos de prisioneros cuyos “crímenes” podrían contemplar el ser personas opositoras al régimen, el ser homosexuales, el ser judíos, el ser protestante o el ser un inadaptado social. Se trata de un lugar “modelo”, en cuanto si bien no se trata del primer campo en ser construido o el que más muertes registra, en él se ideaban técnicas que iban a ser empleadas en otros (como las cámaras de gas) o se usaba como propaganda para que la prensa, previo maquillaje, lo visitase, ignorando las barbaries que ocasionaron la muerte de 50,000 personas en este recinto.

Antes de continuar, recordemos que los nazis idearon dos tipos de campos, los de exterminio y los de trabajos forzados. Dado el alto índice de asesinatos, hacer diferencias puede parecernos innecesario, pero en realidad los objetivos eran distintos para cada uno: los primeros representaban máquinas de genocidio, creados para eliminar miles de personas de la manera más rápida y “eficiente” posible (triste ejemplo, Auswitch en Polonia) y usualmente se encontraban fuera del territorio alemán, mientras que los segundos, como el hoy visitado, fueron construidos para proporcionar mano de obra esclava a diversas empresas alemanas que pagaban por la manutención de los temibles guardias (no por la de los prisioneros); en casos como la Bayer, también compraban personas como conejillos de indias para sus experimentos con medicamentos en los cuales centenares de personas perecieron.

Exterior del campo de concentración Sachsenhausen

El prisionero ingresaba por una puerta en donde un engañoso mensaje le daba la bienvenida, “Arbeit macht frei” (“El trabajo hace libre”), tras lo cual le eran arrebatadas sus pertenencias, lo rapaban, le asignaban un número y ponían el hoy famoso “pijama” a rayas (diseñado por Hugo Boss) con el fin de empezar el proceso de deshumanizarlo. Todas las mañanas, en un patio triangular de unos 150 metros de lado, bajo el inclemente frío (los turistas con casaca, chompa, guantes y gorro nos encontrábamos tiritando), parados frente a la llamada Estación A, debían formar y esperar hasta que el conteo por parte de sus captores terminase; dado que muchos morían durante la noche por las condiciones en que vivían, sus compañeros preferían cargar el cadáver hasta allí mismo para facilitar el control y acortar la espera bajo el inclemente clima.

Puerta de ingreso al campo (izquierda), Estación A (centro), patio principal del campo (derecha)

Uniforme de los prisioneros (centro)

Cuando terminaba la jornada de trabajo de doce horas, volvían a sus respectivas barracas en donde vivían entre 300 y 500 personas en estado de completo hacinamiento; las camas se encontraban en tres niveles, y cada una de éstas debía ser compartida a pesar de que apenas tenía 70cm de ancho. El baño consistía en seis retretes y seis urinarios, a los cuales toda la población podía acceder únicamente durante el intervalo de una hora, dos veces al día. Para lavarse, existían dos recipientes de agua que recién era cambiada tras una infinidad de usos.

Dos barracas que quedan hoy en día, llegaron a haber más de 60 (izquierda), los camarotes al interior de una de éstas (centro), cuarto de aseo (derecha)


Aparte de las barracas y áreas de trabajo forzados, Sachsenhausen contaba con un hospital laboratorio en donde se realizaban experimentos con los prisioneros, una morgue, fosas comunes y crematorios. De los 200,000 individuos que por aquí pasaron, una cuarta parte perecerían.


Hospital laboratorio (izquierda), lugar en donde se encontraron 7 toneladas de cenizas humanas (derecha)

Es irónico notar que, una vez los rusos llegaron a Berlín, decidieron seguir usándolo para sus propios prisioneros, desde el fin de la guerra hasta 1950, en que 12,000 prisioneros de guerra y desertores soviéticos fallecieron en condiciones similares.

Tras dejar este campo, después de cuatro horas de permanencia, la perturbación que genera tarda un poco más en desvanecerse; así hayan pasado numerosas décadas desde su cierre y ahora funcione como un aleccionador museo y memorial, es difícil verlo como algo distante. Uno no puede dejar de preguntarse, siempre con poco éxito, ¿cómo es que el hombre llega a tal nivel de barbarie?

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: Alemania, campos de concentración, historia, Nazismo, Sacsenhaussen, Segunda Guerra Mundial

Algunas fotos curiosas (parte 1)

15 octubre, 2009

A mitad de viaje, me gustaría compartirles algunas fotos que me parecen algo curiosas y que no han entrado en ningún post.

Estacionamiento a la italiana

De las ciudades que he podido visitar, las italianas resaltan por su manera de conducir y cuadrar. Esta foto es de Roma:


Hablando de carros, el pequeñísimo Smart (abajo) es bastante común en esta ciudad (creo que a éste también terminaron cuadrandolo en cualquier sitio):

Señales exigiendo decoro

En varias iglesias, se pide al visitante un mínimo de reverencia al entrar al templo, para poder indicarlo existen carteles, como el siguiente que se encuentra en la Plaza San Pedro. He sido testigo de cómo a ciertos turistas no se les ha permitido entrar en polo sin mangas, por ejemplo.

Carrito heladero

En algunas zonas de Roma, alrededor de los monumentos, es común encontrar estos lindos carritos que ofrecen a los peatones bebidas, helados, panecillos. El diseño colorido y sus dibujos hablan por sí solos.

Área peatonal pero NO

La inscripción en italiano dice “Área peatonal”, sin embargo el peatón aparece vetado en el dibujo. Eso me pareció curioso, hasta que vi otros carteles en los cuales el muñequito azul figura sin línea que lo atraviese.

Algunas otros señales

¿Cómo explicar a turistas de tan distintas culturas lo que se puede o no hacer? Aquí algunos ejemplos:
  • No pisar el césped (Castillo de Praga)

  • ¿No bailar? (Praga)

  • No Perros (Praga)

  • No pisar césped, no perros, no skate, no pistolas, no fumar, no bicicleta (Senado de Praga)

Carteles

Creo que puede ser bueno tomar fotografías a carteles y grafitis porque nos brindan más información de la sociedad (hartas propagandas, escuelas, obras de teatro). Aquí dos de los varios que me llamaron la atención:

a) Una propaganda de una escuela que da clases de música que hace burla del popular juego Guitar Hero con el mensaje “Y ahora deja de jugar” (Roma)

b) Entiendo que quieran que uno asista el museo del comunismo, pero, ¿deben poner al pobre Lenin sin camisa para animar a los visitantes? (Praga)

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: avisos, carteles, curiosidades, Europa

Anotaciones desde Praga

15 octubre, 2009

       Tras cuatro horas y media en tren desde Viena, se llega a Praga. Si bien la primera impresión de la terminal no fue muy halagüeña (grafitis en las paredes, una lengua totalmente desconocida y una moneda distinta al euro), con poco más de un millón de habitantes, ésta es una ciudad muy bonita que amerita al menos dos días para conocer sus principales lugares.

       El clima fue por momentos bastante frío, por primera vez recordé el que experimenté en Amsterdam dos años atrás, en el cual al sólo quitarme los guantes me dolía la mano con el viento que se llevaba todo el calor; pero por otros ratos, salía el sol y me bastaba con la chompa delgada que llevaba puesta. Así mismo, llovía por ratos y algunos paraguas se deformaban por el aire.

       El recorrido por la ciudad puede realizarse por medio del metro o tranvía, como en las demás capitales europeas, basta con comprar un ticket para todo el día, y uno cuenta con plena libertad de movimiento en ambos tipos de transportes, el control que le dan al uso del boleto es casi inexistente, en esta parte del mundo parecen confiar en la gente.

       De los varios sitios visitados, aprovecho en comentarles algunos (espero luego poder ampliar el post, por motivo de tiempo coloco unos cuantos):

• El puente Charles, una construcción que inició en 1357 y terminó en 1402, a ambos extremos del mismo encontramos dos torres, y su recorrido se ve franqueado a ambos lados por estatuas con representaciones cristianas del siglo XVIII. Aquí encontramos puestos de artistas que venden acuarelas y dibujos a carboncillo con temas del puente, la ciudad o estrellas de Hollywood o la música (Stallone, Seagal, Jolie y hasta Mark Anthony). La vista es muy bonita y desde allí tome la siguiente foto del río Moldava (se pueden contratar paseos en bote, que duran unos 50 minutos)

• Castillo de Praga, realmente impresionante, fundado en el siglo IX incluye los llamados “Jardines del paraíso” y la catedral de St. Vitus a la cual se puede acceder gratuitamente (a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los templos famosos de la Toscana) y en donde el interior es iluminado por bellísimos vitrales.


La siguiente foto del horizonte, la pude tomar desde uno de los miradores del castillo:

       También se puede ver el Reloj Astronómico (de principios del siglo XV, en donde representaciones de los doce apóstoles aparecen cada cuatro horas), la Catedral, la Torre Powder.

       En las calles, llama la atención un tipo de artesanía propia de aquí, las marionetas checas, son trabajadísimas obras hechas en madera, y que pueden costar más de 300 euros; con infinito detalle muestran personajes del lugar u otros contemporáneos como Harry Potter o el presidente Barack Obama. Impresionantes.

      Me alegra de haber conocido un poco más de Praga, la cual hasta hace unos días únicamente asociaba con el escritor Kafka, la magnífica película Amadeus (allí filmada) y con algunas escenas de la saga de Jason Bourne; realmente es un lugar muy bonito, económico (en comparación al resto de países), acogedor (a pesar del clima) e incluso más bonita que Viena (en mi humilde opinión).

Siguiente parada, Berlín.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: Castillo, Castillo de Praga, Europa, paseos, Praga, República Checa, viajes

Anotaciones desde Viena

13 octubre, 2009

      Partiendo de Firenze y tras once horas en tren nocturno, se llega a Viena, la capital de Austria y el estado más influyente de la república, desde el punto de vista de población, poder político y economía. Aquí la gente es amable, pero no demasiado. Los carteles y señales figuran en alemán y no siempre es fácil comunicarse con alguien en inglés, menos en español y menos aún en italiano.
      Breve paréntesis: ¿Cómo un país tan pequeño, hoy con apenas 8 millones de habitantes, pudo dar tantos renombrados personajes al resto del mundo? Se me viene a la mente los nombres de físicos como Schrodinger (el del “gato de Shrodinger”) y Pauli en el mundo de la mecánica quántica o Doppler (el del efecto de las fuentes de ondas en movimiento que lleva su nombre). En el mundo de la música clásica tenemos a Mozart y Strauss aunque aquí también Beethoven pasó buena parte de su vida. En el de la sicología y siquiatría a Sigmund Freud y Viktor Frankl (cuyo libro “El hombre en busca de sentido”, acabo de recordar, aún tengo que devolver a quien me lo prestó…). No dudo que se debe a que son un pueblo con altísimo grado de educación.

      Retornando la entrada…: Dado que la estadía sería breve, la mejor forma de recorrer la pequeña ciudad fue mediante un bus turístico (equivalente al Mirabus de Lima) que lleva al visitante a 15 puntos representativos de la ciudad (Catedrales, Iglesias, Museos,…)

      Me impresionó la importancia que le dan a la música, ópera y al teatro; se refieren a si mismos como la capital de la música clásica, y deben de serlo, porque sus temporadas cubren los meses de setiembre a junio y si tras eso el silencio pareciese largo, llenan los teatros con música contemporánea los demás meses del año (a propósito, el fin de año la pasan con espectáculos musicales). Incluso hay una sala de patinaje con una pantalla grande en la cual proyectan los conciertos en vivo mientras patinan; me pregunto, como se verían a los patinadores danzando el Danubio Azul, un vals proveniente de estas tierras (cuna del Vals) y que lleva tal nombre por el río que atraviesa la ciudad y que uno puede apreciar con facilidad desde sus numerosos puentes.
Justamente el recorrido había iniciado en la Casa de la Opera (Staatsoper), en cuyo frontis uno puede ver a personajes vestidos de compositores clásicos, ofreciendo tickets a buenos precios (para la economía europea, al menos)

A continuación, algunas fotos que pude tomar.

Palacio Belvedere
Al tener una historia marcadamente imperial (recordemos al imperio Astro-Hungaro), cuentan con palacios como el Belvedere y el Schönbrunn (en donde vivió Napoleón al ocupar Austria y en donde según se dice, buscó al loro del emperador, pues había sido el último ser vivo en haber tenido contacto con él…)


Calle típica vienesa
Aún se usa el caballo como vehículo de transporte.

«Café de Freud»
Con más de 125 años de antigüedad, en este local se reunía Sigmund Freud con sus amigos a conversar sus teorías. Hoy es lugar de encuentro de escritores contemporáneos.
Próxima parada, Praga.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: arte, Austria, cultura, Europa, ópera, paseos, viajes

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