Tras su exitoso “escape”, el protagonista buscará a un amigo cercano que había segui
do el mismo camino de fugitivo años atrás, quien le ayudará a reinsertarse inicialmente en el Nuevo Mundo, antes de encaminarlo rumbo a la casa de su padre. Lo que a continuación se nos presenta, es una historia de reencuentro padre-hijo distanciados por el tiempo y visiones distintas del mundo, el descubrimiento de Vicente que las mujeres no son sinónimo de pecado y una que otra escaramuza con los malvados de la película (ya saben a quienes me refiero), que intentarán primero hacerlo regresar y luego devolver los documentos.El Opus Dei de Quiroz está formado casi en su totalidad por gente maligna o por víctimas cuyos cerebros han sido lavados, los curas de la institución son pedófilos o clientes habituales de prostíbulos y su personaje principal no hace más que renegar de todo lo aprendido y hecho cada segundo al interior de sus filas, mientras todo lo que existe fuera de éstas, parece ser bueno y conveniente,
La lectura es ligera y ágil, siendo ésta su mayor virtud; se puede terminar de corrido o en dos sentadas sin mayor esfuerzo, sin embargo, nos encontramos ante una trama completamente predecible y sin mayores virajes, una narración llena de clichés, en la que los malos son terriblemente malos y el pobre Vicente, víctima de todos y cada uno, y recién puede descubrir lo que es la vida, de la mano de la primera mujer que encuentra, justamente una increíblemente bella y comprensiva mujer de ojos azules (¿abundan en Colombia?).
En suma, estamos ante un texto absolutamente prescindible y que bajo el término de ficción, hace uso y abuso de las habituales acusaciones dirigidas a la asociación villana Católica más popular de los últimos tiempos.
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PS: Para quienes pueden pensar que mi comentario puede tener un sesgo a favor del Opus Dei, les adelanto que la próxima entrada tratará de la famosa prelatura personal del Papa (única en tener tal favoritismo).





