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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Vivencias y Opinión

Sobre mensajes secretos, ingenieros y constructores

22 marzo, 2011

En su bolsillo, o donde sea que lleve el celular, puede estar llevando mensajes ocultos. ¿Lo sabía? Y no hablo de alguna conspiración industrial para que, por ejemplo, porte un 666 o los números de Lost, sino de pequeños escritos o graffitis en los circuitos electrónicos de estos aparatos. A estas ocurrencias se les llama «silicon art», una mezcla de arte con el silicio que componen los chips.

Ocurre que a veces a los ingenieros, que por lo general son personas excepcionalmente capaces y modestas (según me contó uno de ellos), se les sale lo artistas: dibujan y escriben cosas que solo pueden verse a través del microscopio, como la cabeza de Milkhouse, la bandera de Texas, un barco, un pato o sentencias graciosas del tipo “Si puedes leer esto, es que estás muy cerca”, tal como se encuentra en la tablet Galaxy de Samsung.

Es normal que los trabajadores de los unos y ceros quieran dejar su particular firma; en el mundo de los pinceles, muchos renacentistas se retrataban en medio de conversaciones de santos o el mismo Rafael al lado de los grandes filósofos de Atenas. Podría decirse que esto viene de siempre, por ejemplo, en algunos bloques clave de de las pirámides de Egipto se han encontrado inscripciones que dicen algo así como “¡Dios mío, lo conseguimos!”, firmado “Equipo Tigre Once”, con lo cual, vemos que tanto los esclavos egipcios como los señores de Samsung cuentan con el mismo control de calidad que les permite dejar garabatos.

Pero los chips no son lo más lejano que se ha llegado en este aspecto, cuenta el personal a cargo de construir la nave de Neil Armstrong en la Luna, que en uno de los tubos de la escalinata dejaron un papel con sus nombres. Si bien, esto estaba prohibido, luego del primer “gran paso”, parece difícil que algún supervisor viaje para retirar tal muestra de desacato…

Así que ya lo sabe, en ocasiones, podemos cargar con nosotros mensajes más allá de lo evidente, tan solo no se ponga a buscarlas, desarmar sus equipos electrónicos puede salir más caro.

___________
1. La cita sobre Egipto, la encuentra en el libro de Carl Sagan «La diversidad de la ciencia»
2. Más ejemplos de «Silicon art», aquí.
3. Más sobre el pintor Rafael y «los huevos de Pascua» (o mensajes escondidos), en mi  artículo previo, aqui.

Secciones: Vivencias y Opinión

Japón y la amenaza nuclear

16 marzo, 2011

      El mundo mira a Japón preocupado, varios de sus reactores nucleares han sucumbido al poder destructivo del reciente terremoto, los sistemas de respaldo han fallado y, sin medios para refrigerarse, amenazan con verter mayores cantidades de residuos tóxicos a la atmósfera. Aunque la situación aún no se encuentra controlada, y no sabemos cuál será el final de ésta, no puedo evitar dejar de recordar las diversas circunstancias en las que los ciudadanos nipones han debido encarar a esta tecnología. Encuentros dolorosos, dramáticos y algunos curiosos, que iniciaron más de seis décadas atrás.

      Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que Hitler prometía a sus generales el arma que cambiaría el curso de la guerra, el proyecto Manhattan ya estaba en marcha. Iniciado por Roosevelt con el objetivo de construir una Bomba Atómica, involucró el esfuerzo coordinado de más de 100,000 personas, entre científicos, ingenieros, civiles y militares embarcados en liberar la enorme energía del átomo. Todo fue tan secreto que recién al morir FDR, su vicepresidente se enteró de lo que había entre manos; una de las decisiones que debía presidir, de no rendirse Japón, fue la elección de los que debían bombardearse.

      Puede llamar la atención el que, si bien se formó un comité para seleccionar entre diversos objetivos planteados, la ciudad de Kyoto fuera descartada (y por lo tanto salvada de la destrucción) no por motivos del todo militares, sino por influencia del Secretario de Guerra norteamericano quien la había conocido durante su luna de miel y la admiraba. ¿Qué hubiera ocurrido de haber sido otra su impresión en aquella época?… Como sabemos, fue Hiroshima el blanco del ahora famoso bombardero “Enola Gay”, pero éste no viajaba solo, lo acompañaban un avión de instrumentación y otro para fotografías. Aquel 6 de agosto de 1945, perecieron unas 70,000 personas, las primeras víctimas de un nuevo tipo de guerra.

      Entre los sobrevivientes, se encontraba Tsutomu Yamaguchi, que sufrió serias quemaduras. Pasó una noche antes de que, por ironías del destino, retornase a su ciudad natal: Nagasaki. ¿Le suena el nombre? De no haber estado nublada la ciudad de Kokura unos días después de su llegada, ésta hubiera sido la impactada por la segunda de las bombas en vez del pueblo de Yamaguchi, quien al no correr la suerte de 75,000 de sus conciudadanos, se convirtió en la única persona en superar el impacto de dos bombas atómicas.

      Terminada la guerra, los Estados Unidos y la Unión Soviética inician una carrera armamentista y con ella diseñan otro tipo de arma, mucho más poderosas: las Bombas Termonucleares. En vez de solo “romper” átomos (fisión), como en las que impactaron Japón, los fusionan imitando al proceso que ocurre en el Sol, logrando así una potencia, decenas de veces superior. Cada país realizó pruebas en lugares aislados, como la del primero de Marzo de 1954 en el atolón Bikini. Lamentablemente, en las cercanías se encontraba un barco pesquero japonés, el “Dragón afortunado”, parte de cuya tripulación se convirtió en las primeras y únicas victimas de la segunda clase de bombas que aprovechan la física nuclear.

      Cincuenta y siete años después, la historia parece repetirse de alguna extraña forma. Un pequeño grupo de operarios de la planta nuclear de Fukushima Daiichi se encuentra luchando, contra la amenaza de más muertes japonesas a manos de la radioactividad. Conocedores de los riesgos que implican, permanecen allí tras la evacuación de la mayor parte del personal no vital, realizando una labor heroica. Quiera el destino que los acompañe la mejor de las suertes.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: historia

Por qué ser astronauta (encuesta)

11 marzo, 2011

      Muchos no lo saben, pero en los años 60, los astronautas eran los rockeros de su época (y los rockeros de los 60 eran… bueno, los rockeros de los 60). Famosos, idolatrados, acosados por la prensa, perseguidos por admiradoras. Ser astronauta, ¡era ser sexy! Todos querían un recuerdo, un pedazo de camisa, un botón y, ¿porqué no?, hasta un mechón de Neil Armstrong. Sino, pregúntenle a Marx Sizemore, su peluquero convertido en Dalila, quién vendió su cabello el 2005, mismo año en que, coincidentemente, fue demandado.

      Hoy, eso ha cambiado para siempre. Las “groupies” han vuelto a su negocio principal, los músicos, dejando de lado a los hombres que solo se elevan en aeronaves y ascensores. Hay más viajeros espaciales que ganadores de Grammys, y la cuenta sigue en aumento: empresarios, ingenieros y desafinados por igual, desean alcanzar las estrellas. Pero, ¿para qué ser uno de muchos?, podemos preguntarnos, ¿qué motiva a los nuevos astronautas?

      Es una lástima no tener encuestas a la mano, pero dada la importancia del tema y la costumbre nacional de inventarlas, tras una profunda reflexión me permito listar las razones por las que creo, muchos están juntando para subir a la órbita:

• Los motiva establecer un récord Guinnes (35%):
Seguramente hay muchas “primeras cosas” por hacer “allá arriba”, como pisar Marte, descubrir alguna forma de vida, embarazar a alguien en cero gravedad o lanzar cosas a los autos desde gran altura.
Sin dudas, el espacio es el paraíso de aquellos que monociclo en mano o bolas de billar en boca, esperan entrar al libro del señor Guinness. Ya en 1962, John Young entró a éste por ser el primero en comerse un sándwich mientras con la otra mano conducía su cápsula y llenaba de migajas la cabina. Imagine lo que usted podría hacer “allá” si no le teme a la ira de las autoridades, como le sucedió a Young por no consultar antes de engullirse tamaño bocado.

• Los motiva ser famosos (28%)
Si cree esto, es que no han leído este blog. Si bien antes, el astronauta era profusamente fotografiado y hasta su radiografía dental aparecía en los diarios, hoy ni la NASA sabe los nombres de los tripulantes del Transbordador Espacial, quienes ahora usan trajes tallas small, médium o large, a diferencia de antaño que eran hechos a la medida.
Felizmente, esto podrá variar si le toca la misión de salvar al planeta del asteroide CMG 200405 que impactará a la Tierra en agosto del 2011. (¿Qué?, ¿no lo sabía?).

• Huyen de algo o de alguien (24%)
Los motivos por los cuales alguien inicia una graciosa huida, pueden ser muchos, válidos y muy respetables: no querer pagar impuestos (en el Apollo 13, Jack Swigert salió de casa rumbo al espacio sin efectuar el pago a la renta), una esposa que insiste en querer vivir con uno o acabar de atropellar a una persona importante y que ésta sobreviva para denunciarlo a pesar de pasar por encima suyo dos veces. En estos casos, el espacio es una salida digna, pero solo temporal, lamentablemente.

• Desean develar los misterios del universo (1%)
Muchos desean mirar a los ojos al Universo y obligarlo a revelar sus secretos más profundos (¿cuál es la dieta que funciona?, ¿Charlie Sheen tiene sangre de trigre y ADN de adonis?, ¿Para qué existimos?) y no quieren buscar las respuestas en la Internet en donde ya se encuentran todas las respuestas, sino que más bien creen que la conexión a bordo será más rápida.

      Seguramente usted podría tener otras motivaciones pero, asumamos que no desea que lo señalen y se rían de usted llamándolo “error estadístico” u “otros”. A nadie le gusta que lo llamen así. Siendo entonces que pertenece a uno de los grupos expuestos arriba, le alegrará saber que en un próximo post le contaré cómo puede lograr ir al espacio, en esta época carente de astro-groupies.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: humor

Drones: matando a través del Joystick

18 febrero, 2011

      John A. Rizzo, joven abogado, vivía en Washington en los 70s cuando un comité del Congreso sacó a la luz los intentos de la CIA para asesinar líderes extranjeros. Lejos de ver un problema moral, se dijo a si mismo, “con todo lo que pasa, necesitarán abogados”. Estuvo certero, al poco tiempo inició su carrera en la agencia de inteligencia y hasta hace poco, formó parte del equipo que cuida el aspecto legal de las “neutralizaciones” en Pakistan y Afganistan.

      Puede parecer curioso, pero así como se lee, existe un grupo de personas que se encargan de justificar y documentar en un legajo la decisión de eliminar a un enemigo. Los motivos que recolecten, deben garantizar que el lanzamiento de un misil contra un individuo buscado sea un acto que se sitúa dentro de las leyes. Estos ataques, casi quirúrgicos, suman más de 180 en lo que va de la administración Obama y se dan de variadas formas.

      Más allá de la dudosa moralidad de este accionar, llama la atención no solo que exista burocracia para estos “trámites”, con procesos establecidos, sino la moderna forma con que se ejecutan las órdenes: por medio de aviones teledirigidos, llamados Drones, mortales descendientes de los modelos a radio control que algunos tuvimos de niños.

      Se trata de una manera nueva de pelear la guerra, oscura y asimétrica, con pilotos de combate montados no en una cabina, sino en una silla frente a un monitor de video, encerrados en habitaciones con aire acondicionado, con una mano en la palanca de mando que se asemeja al joystick de un videojuego. Desde sus oficinas, gobiernan estas máquinas cuyas poderosas cámaras les permite identificar al hombre que tras pulsar el botón, morirá tras pocos segundos. ¿Existe una manera más estéril de matar directamente a alguien?

      Pero no siempre el proceso es “perfecto”, en ocasiones las víctimas del ataque son inocentes, erróneamente señaladas o lo suficientemente desafortunadas como para estar en las cercanías de una explosión. En otros casos, sucedió no hace mucho, las transmisiones de estos aparatos a sus bases fueron hackeadas, gracias a un software que en Internet se compra a 30 dólares, por los mismos terroristas a los que Estados Unidos busca.

      Sin embargo, la tendencia es a incrementar el uso de estas naves, no solo por la primera potencia sino en el resto del mundo; más de cuarenta países se encuentran invirtiendo en este tipo de armas, por su conveniencia y economía. Al parecer, abogador como Rizzo, quién se encuentra en estos momentos escribiendo sus memorias, seguirán teniendo trabajo garantizado para el futuro.

————————-

PS: En la premiada novela de ciencia ficción, “El juego de Ender”, el personaje principal cree que esta entrenándose en una especie de videojuego, pero desconoce que en realidad sus jugadas aniquilan a una civilización extraterrestre. Cuando la leí muchos años atrás, no imaginé que parte de la guerra se pelearía con un joystick y un monitor.

Secciones: Vivencias y Opinión

Anotaciones desde la playa

16 febrero, 2011

Si no te ha sorprendido nada extraño durante el día, es que no ha habido día”.
John Archibald

      Lo sé, salvo en Bolivia, todo el mundo va a la playa y es de lo más común, no debería tratarse de un evento especial. Sin embargo, para mí era un lugar que rechazaba sin más, a pesar de que la última vez que había ido a una, la capa de ozono estaba enterita y se usaba menos cantidad de protector solar. Y es que hay marcas que perduran mucho tiempo, por ejemplo, conozco personas que no comen dulces “porque de niño las monjas me llenaron de dulces” o que no pueden ir al centro “porque de niño no me gustaba” (bueno, se trata de la misma persona, pero no diré su parentesco para no ser infidente). En mi caso, negaba tajantemente ir a la playa, porque en casa había oído mil veces que no me gustaría. Estaba equivocado.
      El mar te regala un conjunto de sensaciones difíciles de describir, que cambian según las horas y que no te pueden ocurrir en una piscina. Las olas, en su vaivén perpetuo, parecen jugar con uno que en la orilla espera deseoso a la siguiente entrega siempre distinta y a su propio tiempo. Llega como en una danza en la cual soy nuevo, no sé nadar, pero intento seguirla cada vez más alejado del borde donde empieza la arena húmeda. La brisa, frescura y transparencia del agua son deliciosas, mientras veo cómo el oleaje se rompe en espuma blanca y el sonido acompañante es rítmico.
Vuelvo algunos pasos, me siento y reto al agua a cubrirme, permanezco así por largos minutos.
(Confieso que en algún momento aparece ‘Bruno Rossi’ en mi mente, un personaje que estoy creando desde hace algún tiempo para una ficción que escribo, siendo él un físico respetable quiere que también tome sus impresiones, que mire cómo las olas son ondas mecánicas, cómo sus crestas se suman y sus valles se restan, que calcule cuántos kilómetros son necesarios para que un barco desaparezca tras el horizonte o que averigüe cuánta presión ejerce el agua sobre mí…. Ante tanta ‘marcianada’ lo callo en seco y prefiero volver, mejor pensar en “Los caballos de Neptuno” (de Walter Crane)
      Al atardecer, aparece esa fantástica paleta de colores que no gusta de exhibirse al iniciar el día. Poco después, casi no hay gente al llegar la noche, el mar casi desaparece a los ojos en una masa negra, pero durante las siguientes horas nos llegará su ruido y algunos trazos, como pequeños hilos claros paralelos a la costa que existen por breves segundos. Los miramos sosegados.
      Hago el firme propósito de volver, no sin antes revisar la pequeña lista de cosas que rechazaba sin pensarlo bien.

PS: Al regreso, sin darme tiempo a esquivarla, una pobre paloma se posó en la carretera para convertirse, casi de inmediato, en un sonido seco contra el carro y luego en una constelación de plumas flotando en el aire. Felizmente fue el único incidente, víctima de una jornada por lo demás estupenda, de una visita que terminó por aplacar un bloqueo de niño (aunque ahora quizá nazca otro con las aves).

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: playa

Despidiendo a mi celular Androicito (humor)

3 febrero, 2011

      Con frecuencia, los ingenieros elegimos vivir al filo de la navaja y buscar peligros innecesarios. Compensamos así el hecho de no ser pilotos de combate o repartidores de SOAT en hora punta; por ello, sentados frente a la computadora del trabajo y en un arrebato adrenalínico podemos retirar la memoria USB sin fijarnos si terminó de grabar o desconectar al antivirus por una hora para ver qué pasa. ¡Emocionante! Otras veces, en el colmo de la audacia, compramos por Internet aparatos sin garantía o … teléfonos desbloqueados.

      Aún recuerdo la noche en que metí mi número de tarjeta en la página de E-bay, a sabiendas que podía ser una acción temeraria.  Parecía una forma económica de obtener un respetable Android cuya fotografía me coqueteaba junto al texto con su descripción, ¡era perfecto! pero había un pequeño detalle, como siempre lo hay cuando se negocia con lo prohibido, si venía malogrado no tenía forma de reclamar.

      Cuando llegó a mis manos, lo primero que hice fue revisarlo para ver si me vino completo, cual padre primerizo, y como éstos, con poca chance de devolverlo de no estar conforme, ¡pero estaba conforme! y a pesar de que demoraba un parto en prenderse, una vez que lo hacía, su desempeño era estupendo, al menos hasta hace unos días, en que mi salvapantallas del Pato Lucas dejó de mostrarse.

      Un Android es en realidad, por si no lo saben, una computadora a carta cabal que por añadidura, puede timbrar y recibir llamadas. Al igual que con las PC, se le puede instalar miles y miles de programas, y aún cuando las estadísticas demuestran que casi todos se usan a lo más una sola vez, uno disfruta siempre del fútil esfuerzo de descargarlas y perder el tiempo. ¡En mi Androicito instalé de todo!, quería aprovechar la máquina al límite (para continuar con esto de las emociones fuertes).

      Por ejemplo, esta maravilla de bolsillo viene con GPS. Dado que carezco del gen de la orientación, me caía a pelo, porque si bien todas mis habilidades sociales nacen de la necesidad de pedir referencias y direcciones, había llegado el momento de ser independiente. Y lo fui. Por unas semanas, en las que podía ver en el brillante mapa todas las veces que me pasaba de largo .

      Otro programa que cargué, al menos dos veces, fue el planetario. ¡Maravilloso!, me evitaba salir al patio de mi casa, o al jardín del frente, para mostrarme cómo luce el hermoso cielo estrellado de Lima. Claro que si me ganaba el espíritu aventurero, salía al exterior, Androicito en mano, y confirmaba cómo la esfera celeste cumplía con las ubicaciones que mi celular le marcaba. ¿Se puede pedir más? (¿Aparte de que no se malogre?)

      Hoy, me siento herido, traicionado por la misma tecnología a la que rindo pleitesía a diario. Tecnología que nos rodea en todas sus formas. Puedo entender haberme quedado botado con el auto por el sistema eléctrico, o que el marcapasos del abuelo haya fallado, pero que justamente mi nuevo compañero de juegos, que iba conmigo a todos lados, ya no funcione tras tantas vivencias, es demasiado dolor.

      Mientras escucho el réquiem de Mozart, pondero renegar de las máquinas, simplemente no usarlas, convertirme al ludismo, dejarme crecer la barba e irme a vivir a una cabaña sin corriente eléctrica a lo Ted “Unabomber” Kaczynski. No lo sé. La pantalla negra del Android, muerta e inservible parece burlarse de mí. Y ahora que veo el recibo, por más de cien soles, que costó la inútil revisión del técnico, me pregunto: ¿por qué tuve que ser tan osado con la tarjeta de crédito?

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: humor

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