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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Vivencias y Opinión

Mi abuelita conducía un Mustang

2 julio, 2009

      El titulo podrá parecer gracioso, pero en realidad muestra un hecho. Un hecho del que no estaba consciente era especial sino hasta ahora último, en que salió a relucir en una amena conversación; a partir de la cual, medio sin querer, medio queriendo, el tema ha estado rondando en mi cabeza estos días cada vez que regreso a casa manejando, como una constante invitación a ser escrito.
      Disfrutaba el ir a visitar a mi abuelita Dina en su casa de Jesús María, ella partió a la del Padre cuando yo tendría unos veinte años. Recuerdo que los domingos, luego de ir a misa con mi papá, nos dábamos un salto y mientras él salía por allí cerca, me quedaba con ella; jugábamos un juego de casinos llamado Carioca, para ello poníamos un paño verde sobre la mesa del comedor, el fajo de cartas y un papel y lápiz para llevar el puntaje. No lo he vuelto a jugar desde entonces, así que no recuerdo las reglas. También me gustaba sacar a Rocky de la azotea para que se distraiga, un hermoso cocker spaniel color caramelo, a ella no le gustaba esto y el pobre animal recibía algunas tundas por mi culpa.
       En una de esas visitas llegué como aprendiz de conductor, supongo que quería compartir mi entusiasmo, porque le ofrecí las llaves del auto de mi papá (quien no estaba) para que diéramos una vuelta a la cuadra. ¡Por supuesto que no se negó!, pero mi entusiasmo se convirtió pronto en preocupación al verla conducir, muy pequeña ella en un auto muy grande, a una velocidad de susto por las callecitas del distrito. Me dijo que no me preocupará, que ya había manejado antes; en ese momento no me fue de mucho alivio el que me lo recordara, pero era cierto, antes conducía su propio coche, un potente Ford Mustang de los sesenta, azul y automático, con el que a veces nos visitaba.
       Justamente una anécdota familiar gira en torno a este vehiculo. Cuentan que una noche con neblina, la familia entera se regresaba de la casa de campo que mi abuelo tenía en Chaclacayo, cada hermano en su carro y a su propio ritmo, cuando de pronto un conductor apurado y temerario les tocaba el claxon para luego pasar a toda velocidad a cada uno de los cinco vástagos… ¡adivinaron!, había sido ella, quien también llegó antes que todos. Supongo que no debería sorprender, era la misma mujer que de joven conducía el camión de reparto de la leche que vendíamos. Estoy seguro que, ese hecho por si mismo, demuestra lo especial que era para aquella época, no solo como un apoyo y soporte para mi abuelo.
       Termino estás líneas sin saber del todo el origen de las mismas. Quizá, aparte del dialogo que tuve, sea el haber visitado la Planicie recientemente, quizá también sea que ahora conduzco más confiado tras mi operación, quizá también sea que quiero decirte que te recuerdo amorosamente.

Secciones: Vivencias y Opinión

Trabajando para una transnacional (parte 2)

2 julio, 2009

      Dados los comentarios y aportes que he recibido en mi correo o en el messenger con respecto al artículo anterior, he decidido juntar algunos de estos y continuar compartiendo mi experiencia en la organización para la que laboro; quien sabe, con el tiempo quizá pueda ampliarlo aún más para incluir historias de los diversos proyectos y empresas en las que he me podido desenvolver en mi carrera profesional que ya va acumulando un buen número de años.
      El dinamismo es una constante en la ingeniería informática, todo cambia y de manera acelerada, nuevos paradigmas son reemplazados por otros y eso crea un mundo interesante y retador…el problema es cuando el mundo físico hace lo mismo. Me explico. El edificio en donde nos encontramos, como casi todos los edificios modernos, está hecho de forma que la distribución de oficinas pueda cambiarse con facilidad, ya sea colocándo nuevas paredes o retirando otras (mas o menos como en el castillo en donde estudia Harry Potter, pero más iluminado), lo cual hace que en el tiempo que llevo haya tenido por lo menos cinco escritorios distintos. No solo eso, el cableado puedo incluir anexos y redes que funcionan como una extensión de un cliente, ósea no sirven para uso interno sino que actuan como si uno se encontrase en un local distinto.
       Si bien es cierto no cantamos el himno de la corporación, como hacen algunas empresas a las que le brindamos consultoría, existe cierto adoctrinamiento tácito que uno sin querer comienza a aplicar luego inconcientemente, aquí dos ejemplos:

  1. Nunca dejamos la laptop sin anclarla al escritorio. Esto es útil cuando estamos en el cliente pero también en nuestro local. ¿Por qué?, porque periódicamente un señor de seguridad recorre los sitios y de encontrar una maquina “libre” se la lleva a su departamento. ¿Qué se hace en tal caso? (Me lo han contado, no necesariamente es mi experiencia…) pues tocarles la puerta, poner cara de ocurrencia, pedir le devuelvan a uno la máquina…y jurar que no volverá a ocurrir.
  2. Nunca dejamos información confidencial en el escritorio si nos retiramos buen tiempo, ¿Por qué?, porque el mismo señor dejará una linda nota escrita por contravenir las políticas de Clean Desk y podría reportar el evento.

      El número de niveles de la jerarquía es abrumador, sin embargo, existe cierta horizontalidad en el trato diario que facilita la comunicación. Así mismo, el hecho de que muchos productos sean hechos por nosotros mismos, hace más sencillo resolver las dudas que puedan aparecer, como cuando contacté directamente a uno de los creadores de la metodología OpenUp (un phd brasileño), RUP (otro phd, pero americano) o expertos en la herramienta RMC; todas personas muy amables, dispuestas a ayudar a un analista de un país del que seguro han oído poco.
       Finalmente, me pidieron comentar acerca del Home Office (el acto de trabajar desde la casa) y del e-café (una cafetería estupendamente implementada) pero dado que son parte de los secretos mejor guardados que tenemos, no podré explayarme acerca de ellos por ahora…

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Murió Michael Jackson

26 junio, 2009

“Creo que la importancia de Jackson radica en que fue un precursor de un estilo que la gente nunca había visto ni escuchado.” Gerardo Manuel, diario El Comercio

      Era un poco más de las cinco de la tarde y un compañero en el trabajo, que escuchaba noticias, comentó que Michael Jackson había sido llevado al hospital; pusimos la página de CNN y en el Breaking News anunciaban el hecho. Cinco o diez minutos después, la misma página informaba de que el ídolo estaba en coma. Quince minutos después, el encabezado cambio a que el rey del pop había muerto. Una hora después, ya manejando el carro, una emisora de radio pasaba solo sus canciones a manera de duelo. Seis horas después, aun no me lo creo.

      Su historia personal es harto conocida; niño prodigio que empezó a cantar junto a sus hermanos con los Jackson Five. Si bien su primer álbum como solista, Off the wall, fue un éxito de ventas, salta a la palestra mundial con su larga duración Thriller, uno de los más vendidos de la historia, cuyo video del mismo nombre revolucionó por su originalidad, duración (inusual), coreografía e historia. En la misma placa, se encontrarían Beat it y Billie Jean cuya presentación en el espectáculo de Motown lo convertirían en un icono cultural, vestido de negro, con un único guante de diamante y aquel paso en retroceso que bautizó como Moonwalk. Los innumerables premios empezaron a acumularse en cantidades industriales.

      Su estilo único e innovador se hizo presente en su siguiente entrega, Bad, el primero en la historia en acumular seis singles número uno. Aún más blanqueado que en los años previos, aparece en el video del mismo nombre dirigido por el mismísimo Martin Scorcese; la fama le favorece y aún los escándalos no aparecen en el radar de la prensa que siempre tenía sus reflectores puestos en él.

      Siguió Dangerous, del cual Black or White fue su mayor éxito, que precedería una gira mundial pero que fue interrumpida por las primeras acusaciones de pedofilia (conciliadas fuera de la corte) a las que seguirían otras, la ultima ante un jurado que lo declaró no culpable pero que lo alejó, aún mas, de su publico. Un reclusivo Jackson, de aspecto antinatural, creado por la mano de sus cirujanos y de sus propias manías, aparecía esporádicamente ante el lente de algún fotógrafo casual, vagabundo por algunos países lejanos de su rancho del Nunca Jamás.

      Todo esto terminaría este año, en que tenía programado su regreso mediante una serie de conciertos, para los cuales ensayaba continuamente. Un ataque cardiaco ha detenido aquel par de pies mágicos que deleitaban con su danza, y aquella voz delicada tan reconocible para millones de persona; una genialidad creativa ha muerto con él, pero no su legado musical.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: michael jackson

Mi entrada número cincuenta

23 junio, 2009

“Para mi, el mayor placer de escribir no es de lo que se trata, sino la música interna que las palabras hacen”.
Truman Capote

Escribo por necesidad y leo por placer, no puedo evitar ninguna de las dos cosas; de hecho que esta frase puede ser tan trillada como es real el testimonio, pero disfruto el proceso de crear entradas para este blog, en particular hoy en el momento en que al enviar estas líneas a la nube de electrones llamada Internet será la número cincuenta. Cincuenta pequeñas historias, ideas que intencionalmente o sin intención alguna hablan de la obsesión del momento y ahora, más que antes, de lo que vivo.

¿Cómo nace cada pequeño artículo? Muchas veces se conciben en la cafetería del trabajo, conversando de algún tema con los amigos o en el momento en que alguien dice “¿Por qué no escribes de esto?” y lanza alguna idea. También puede ocurrir cuando me encuentro manejando rumbo o vuelta al trabajo, originarse en conversaciones en el Chat o últimamente a la salida del teatro. Mi amigo, el escritor Javier Arevalo, me contaba que el pensamiento de lo que va a escribir lo va acompañando durante el día, a mí me sucede algo parecido; aún en medio de los temas que tocan tratar laboralmente, cada cierto tiempo aparece, como una pequeña y corta propaganda no solicitada, la idea que espera ser tratada a la noche en que me encuentro con la hoja en blanco y las canciones que me acompañan (¿dando ritmo al texto?, me pregunto si seria correcto señalar para cada uno la música bajo la cual se escribió)

Últimamente estoy tratando de publicar diariamente y me encanta el reto, estoy aprendiendo cosas nuevas cada día y reencontrándome con otras que no visitaba desde algún tiempo atras (como libros y temas que pienso compartirles pronto), cada día una carilla espera ser llenada.

La Ventana tiene hoy más de cincuenta páginas vistas diariamente, lo cual no deja de sorprenderme dado que los temas que trato no necesariamente son los más populares, pero esto me motiva a seguir escribiendo con la esperanza de hacerlo cada vez mejor. Sus comentarios, como siempre, son bienvenidos.

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¿Quién fue Harlan?, ¿Por qué Moebius?

18 junio, 2009

      Todo nombre propio de por sí etiqueta e influye, puede ser motivo de burlas en el colegio, diplomas mal escritos (lo digo por experiencia) o en algunos casos puede ser un sin sentido, como llamarse Julio y haber nacido en Agosto o Segundo y ser el hijo primogénito; el escoger un seudónimo es la oportunidad consciente que tenemos para elegir como nos gustaría que nos llamen, pero esto puede ser un proceso difícil, me pregunto, por ejemplo, si el dramaturgo ruso Alekséi M. Péshkov al escoger el apelativo Maxim Gorki (“máxima amargura”) tendría en cuenta que no siempre estaría de mal humor.
      Al iniciar este blog, quería tener una ventana que, a diferencia de un vidrio polarizado, me permitiera mostrar y compartir la obsesión del momento (libros, historias, ideas, películas y espero que más obras de teatro) a la vez que conocer que opinión merece todo esto de la gente que lo lee. De allí el uso de la palabra “ventana” en el titulo de este pequeño blog, los otros dos nombres propios tienen cada uno un origen distinto entre sí.
      Andrew Harlan es el nombre de un personaje de una de las mejores obras de Isaac Asimov que he tenido oportunidad de leer, «El fin de la eternidad». En ella, existe una sociedad secreta, los Eternos, cuyos miembros tienen la capacidad de entrar en cualquier momento de la historia (salvo en los siglos “oscuros”) para modificarla y buscar estratégicamente disminuir los sufrimientos de la humanidad. Harlan es uno de estos guardianes quien termina enamorándose de una mujer no-eterna y para estar con ella deberá asumir enormes riesgos, descubriendo en el proceso una verdad que podría cambiar la concepción universal del tiempo; sacrificará la eternidad por el infinito…También, aunque menos relevante, este nombre fue mi contraseña en el sistema contable con que trabajaba en mi primer empleo formal estando en la universidad.
      Moebius proviene de la “cinta de Moebius”, algo muy fácil de hacer con una tira de papel y que sin embargo presenta propiedades muy interesantes; basta con coger un papel, doblar un extremo dándole media vuelta y pegarlo al otro lado. Con ello obtenemos una superficie que ¡tiene un solo lado y un solo borde!. Al ser continua y caprichosa, el producto descubierto por August Moebius me recuerda en parte al infinito que Andrew Harlan obtuvo para su felicidad.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: blog, Harlan, Moebius

Polvo de estrellas

16 junio, 2009

      Cuando el cielo gris de Lima lo permita, mire las estrellas; algunas parecen que parpadean, pero en realidad no lo hacen, son constantes, es la atmósfera la que crea tal efecto. Cada una de ellas es más que un punto luminoso que nos acompaña en la noche, es un sol semejante al nuestro, cuya luz ha viajado por décadas a una increíble velocidad para llegar a nosotros; el rayo luminoso que incide en nuestras retinas y llega a nuestras mentes, para impresionarnos, se origino en medio de un calor y presión increíbles, producto de reacciones en el interior del astro. Ellas han estado allí por millones de años, guiando a los primeros navegantes o inspirando poemas. Lo curioso es que de ellas venimos.
      Somos, literalmente, polvo de estrellas. La materia de la cual estamos hechos, cada uno de nuestros átomos, tiene la edad del universo y ha viajado por eones hasta ser parte de nuestro Sol, el cual una vez encendido formó compuestos más pesados que constituyeron la Tierra en cuyos mares se formó la vida. La vida en si es algo nuevo, si la edad del universo la comprimiéramos en un año, la primera célula viviente aparecería en los últimos segundos del último día de diciembre. Somos uno con el Cosmos, somos una parte consciente de el, en medio de miles de millones de estrellas y galaxias, en medio de miles de millones de años de historia.
      ¿Trivializa esto la condición humana?, en absoluto; por el contrario, creo que la enriquece y que la hace aún más especial y rica, cada uno de nosotros es único. Hay algo místico en la creación, somos seres que apreciamos la belleza de las cosas, experimentamos dolor, alegría o asombro mientras existimos, y sin embargo no dejamos de ser lo que somos, polvo de estrellas.

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