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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Vivencias y Opinión

Trabajando para una transnacional

10 junio, 2009

      Cada empresa tiene su propia cultura interna o personalidad, que la hace única; incluso las que se encuentran en el mismo sector, ya sea estatal o privado, pueden ser muy diferentes entre sí en razón no solo de la gestión del área de recursos humanos sino también del presupuesto, tamaño y madurez organizacional. En esta entrada quisiera compartirles sobre parte de mi experiencia laborando para una organización con presencia en la mayoría de países.
      Existe un elemento en la ropa de los trabajadores que se nos puede ver colgando del cuello en los paraderos (y no es la corbata): el fotocheck, muchos de ellos son solo eso, una fotografía con nombre, pero en otros casos, como el mío, es una pequeña “tarjeta inteligente” que te permite abrir las puertas a las cuales uno esta autorizado a entrar, incluyendo la del acceso vehicular. Si uno intenta abrir una puerta indebida, cosa que por curiosidad confieso alguna vez hice, esta no solo no se abrirá sino que luego uno recibe una llamada al anexo en la que es preguntado cortésmente el porqué del intento (alegar curiosidad por ver que pasa, no es una respuesta valida…).
       El idioma es una característica más distintiva que el fotocheck; los correos que se reciben y envían deben ser muchas veces en inglés, la mayoría de documentos se encuentran en este idioma así como los cursos que uno debe estudiar para certificarse. Como resultado de ello, muchas veces en el hablar mezclamos el español con la lengua de Shakespeare, lo cual puede sonar a oídos ajenos como una tremenda alienación (mi mejor amigo así lo ve). En todo caso, es interesante el escuchar como suena esta lengua en boca de argentinos, brasileños, indios (realmente difícil) o incluso un escocés.
      El uso intensivo de siglas es otra característica particular. Muchas veces he pensado que nuestros correos electrónicos deberían venir con un glosario, dado que tantas combinaciones de dos o tres letras puede ser algo confusa. Mientras llegue ese día, debo contentarme con un programa al cual al ingresarle el comando “what is SIGLAS?” me mostrará un listado de alternativas (a veces con decenas de resultados). Un ejemplo (inventado) de correo podría ser: “Requerimos antes del fin del Q3 un PR del SOI para enviarlo para el approval del DM de HG”
       Súmese al tema del idioma y las siglas el hecho de que muchas veces las personas con las cuales uno se comunica se encuentran repartidas en varios usos horarios (¡y culturas!) y se tendrá la oportunidad de que, en ocasiones, la información se atasque. En cierta oportunidad, mi compañero (que se sentaba al lado) y yo necesitábamos información sobre cierto procedimiento para nuestro proyecto, así que le escribo en el chat interno a un amigo brasileño sobre la forma de efectuarlo, este amablemente me pidió que lo esperase un momento… al minuto, ¡mi compañero estaba recibiendo de parte suya la pregunta que le acababa de formular!
       Un ambiente de estas características, es por si mismo enriquecedor; espero poder contarles en alguna otra entrega un poco más de este.

Secciones: Vivencias y Opinión

Mi primer vuelo “solo” en avioneta

3 junio, 2009

El aeródromo de Collique, próximo a cerrarse y derrumbarse, es el lugar en donde se escribieron muchísimos recuerdos agradables para mí; con mi familia acostumbrábamos a ir cada vez que había oportunidad de dar una vuelta en avioneta ya sea porque había que probar alguna de estas o simplemente darles uso si habían estado mucho tiempo paradas. Recuerdo que cuando tenia la altura suficiente para alcanzar los pedales y mirar al frente, al interior de la cabina, mi padre me dio instrucciones de cómo “taxear” o conducirla en la pista de parqueo. Estaba algo nervioso pero rápidamente ganaba seguridad conforme acumulaba metros, llegado el momento de dar la vuelta y cuadrarlo frente a la pista de aterrizaje, reconozco que necesité ayuda extra. Luego me pidió que acelere y el motor empezó a rugir, seguía dirigiendo con los pies la maquina y a las 60 millas me ordeno que halase el timón hacia atrás…tantas horas en los simuladores dieron su fruto: ¡había despegado por primera vez por mi mismo!, me había encantado, pero al poco tiempo tenia que devolverle el mando, justo al momento en que estaba frente a la pista.

Pocas sensaciones me causan tanto gusto como el despegue, ya sea en un avión de pasajeros o en los debiluchos aparatos que vibran sin cesar como los que poblaban Collique u otros pequeños aeropuertos que he conocido. El sentir el vacío en el estomago, la libertad de moverse en todas las direcciones, ver las nubes pasar frente a uno me llenan de gozo. Momentos como el de mi papá haciéndose el dormido para que tome los controles o haciendo la mímica de hablar con torres de control inexistentes forman parte de esos momentos Kodak que uno fotografía en su mente por siempre. Por ello es que, siempre que se podía, viajaba con él a provincias en donde trabaja como piloto fumigador agrícola, para disfrutar de algún ferry (traslado de la avioneta de un valle a otro) por pequeño que fuera. Claro, que para ello debía soportar horas bajo el sol con los mosquitos azotándome, o levantarme a horas inhumanamente tempranas. Pero lo hacia con gusto, valía mil veces la pena; el único problema era que una avioneta fumigadora solo tiene un juego de controles y dado que dejamos de tener acceso a los aviones de paseo, la posibilidad de culminar un vuelo completo al mando se había desvanecido…pero parece que por suerte no del todo.

La última vez que viajé para acompañar a mi progenitor, bueno, confieso que no era la única motivación, fue cuando cursaba los primeros ciclos en la universidad; en esa ocasión, para suerte mía, un amigo suyo tenía su avioneta Piper Colt (¡con dos juegos de controles!) estacionada en Nazca y nos la prestó un buen número de horas, ¿podría haber alguien más contento que yo en esa provincia?, francamente lo dudo. Cogí una libretita, perdida ahora, y empecé a anotar mis horas de entrenamiento “formal” que llegaron a ser poco más de tres; habían pasado años desde los paseos en Collique, pero al final de ese viaje, completé aquel tramo que tenía pendiente desde tiempo atrás. Tras colocar el avión frente a la pista, con mi querido instructor empezó este tipo de dialogo: “¿alto o bajo?” (Pregunta él con firmeza, mientras la pista se acerca), “alto” (respondo casi gritando), “¿Qué esperas?” y acto seguido procedo a quitar la potencia sin que él tome el mando como otras veces. Segundos después, sobre la pista, espero sentir las ruedas sobre el asfalto, lo cual sucede…no una…sino varias veces, dado que mí primer intento distaba de ser perfecto, y rebotamos por un buen trecho repetidas veces. Lo había logrado, y durante un par de vueltas más aterrizaría de nuevo con mis manos y pies en los mandos, quiero creer que cada vez mejor.

En tierra, algunos pilotos comentaron mis aproximaciones a la pista y me dieron algunos consejos. Yo, por mi parte, estaba extasiado. Cerraba el círculo, había completado el circuito. Curiosamente hoy, muchos años después de estos eventos, las ganas y recuerdos ya no tan dormidos, hacen que me pregunte: ¿cuándo podré hacerlo de nuevo?
___________
PS: La avioneta de la fotografia es de una Piper Colt similar a la de mi experiencia en Nazca.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: avioneta, Colt, vuelo

La primera maravilla de Colombia

21 mayo, 2009

Dado que cada día de mi reciente viaje a Colombia estuvo centrado en la visita al medico, ni uno de los tres viajeros pudimos salir de Bogota hasta la penúltima fecha en la cual nos dirigimos a un pequeño pueblo llamado Zipaquirá, que queda a 49 kilómetros de la capital colombiana, y es el lugar en donde se ubica la llamada Primera Maravilla de Colombia: La Catedral de Sal; en esta entrada quisiera contarles de este pequeño paseo a esta interesante obra que mezcla la ingeniería minera con expresiones artísticas y arquitectónicas en búsqueda de un sentir religioso.

Lo primero que llama la atención de la Catedral, es que se encuentra ubicada en una mina, lo cual va contra la tendencia natural de buscar a Dios en las alturas (incluso hay una norma en Roma de que ninguna iglesia puede ser mas alta que el Vaticano) o al simple hecho de que pocas atracciones turísticas se encuentran a varios cientos de metros bajo tierra; sin embargo en ningún momento se siente uno realmente encerrado o en peligro, a pesar de que a poca distancia los trabajos de explotación continúan en simultaneo con los recorridos, los cuales se dividen en tres partes bien diferenciadas:

El vía crucis. En la primera parte de la caminata, la cual se realiza casi siempre en descenso, encontramos las catorce estaciones del vía crucis. Aquí el reto de sus constructores era el expresar cada escena, usualmente retratada en las iglesias mediante sombríos cuadros, sin mayores elementos que una cruz (de sal), cubos (¡de sal!), piedras (¿de que material las imaginan?) e iluminación; para ello se ha empleado el simbolismo de distintas formas, les cuento dos de estas:

  • ¿Cómo mostrar que “Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén” (estación VIII)? Con una cruz y dos rocas al lado de esta, con una iluminación superior que simboliza el abrazo consolador del Señor. (véase imagen)
  • ¿Cómo mostrar que “Jesús muere en la cruz” (Estación XII)? Con una cruz que se funde en la pared rocosa, porque cuando muere él se funde con todo ser humano.

Las otras doce estaciones, quedan como tarea opcional para el lector encontrarlas en el siguiente enlace.

La cúpula y el Nartex. Tras haber visitado varios templos con cúpulas, nunca pensé que otra de estas estructuras me llamase tanto la atención; ya sea por el efecto de la luz azulada sobre la pulida roca o quizá por una falta de oxigeno no declarada en la mina…, uno no puede dejar de mirar la bóveda (de 11m de diámetro), con asombro mientras se esta parado sobre el piso de mármol. Desde allí se aprecia, a la distancia, la cruz más grande del mundo bajo tierra, la cual se visita posteriormente.

Tras caminar por una serie de galerías y laberintos que conforman la entrada (Nartex) a la iglesia en si misma, se debe elegir entre tres caminos, para que luego el amable guía explique que el del lado derecho lo toman las personas puras, el del centro las personas que han pecado y el izquierdo los impuros. Felizmente todos conducen al mismo lugar. (Dado que los tres viajeros tomamos el mismo camino, sería una infidencia señalar cual de las posibles rutas escogimos…)

Las tres naves. O la catedral en si misma. Ubicada a 180 metros de profundidad contiene las tres naves principales, además de una capilla a la Virgen. Es una cavidad enorme en la cual entran cientos de personas; en una de sus paredes encontramos el altar mayor con un peso de 18 toneladas y tras el, la cruz que anteriormente vimos se manifiesta como una concavidad en la roca de 16 metros de alto, iluminada interiormente para dar la ilusión óptica de solidez.

En esta etapa también destacan una pila bautismal iluminada de azul, varias esculturas que incluyen la Creación de Adán y un altar al Divino Niño (que cuenta con su propia Iglesia en Bogota)

A diferencia de otras catedrales, y quizá esta sea otra característica única de está, la salida es una escalada que dura varios minutos, durante los cuales, a través de los corredores, uno se pregunta si realmente se esta saliendo del interior de una mina.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: Colombia, turismo

A propósito del día de las madres

10 mayo, 2009

      ¿Tenían ombligo Adán y Eva? No existe información al respecto, asumo que lo más probable es que, dado que no tuvieron madre, tampoco tuvieran la cicatriz que nos queda después de romperse el cordón umbilical… ¡una pena por ellos! El mío es testimonio eterno de que durante nueve meses mi cuerpo creció y se alimento directamente de una amorosa mujer.
      Cuando nacemos, lo hacemos totalmente necesitados de cuidados y atenciones sin los cuales nos sería imposible sobrevivir, el cordón umbilical que nos une con nuestra progenitora ya no es físico, pero esta muy presente en una forma que, puedo dar testimonio, no puede describirse sin usar la palabra Amor. Su constante preocupación y afectos, la naturaleza instintiva de su ternura almacenada en su corazón, es la evidencia palpable de que Dios quiso asegurarse de que todos contasen con un ángel protector, un ángel cuyo contrato no termina con la partida del hijo de casa.
      Mediante esta breve entrada quiero saludar cariñosamente a las madres que me leen, a las madres de quienes leen este blog y en forma particular a la mía, a quien, ni convirtiendo cada estrella en un agradecimiento, podré pagarle todo lo que ha hecho por mí…¡este es un buen día para celebrar el tener ombligo!

Secciones: Vivencias y Opinión

La cirugía que se viene: listo para verlo todo de nuevo

29 marzo, 2009

Si algún día vuelvo a ir al circo o al departamento de Ancash, lugares que sólo visité de niño con mi familia, sucederá algo curioso: los veré, en realidad, como si fuera por primera vez. Desde pequeño he sido muy miope y por raro que pueda parecer, mis padres no lo notaron hasta que cumplí los nueve años, podrán preguntarme la razón de ello, pero la ignoro. Supongo que el hecho de tener un papá aviador que se gana la vida fumigando al ras del suelo, con su boina verde y sus lentes Ray-ban (¡todo un señor piloto!), con una poderosa vista de la cual depende su vida, era también tener un joven papá para el cual los tropiezos de su querido vástago, no se debían a problemas de visión; siendo su hijo ¿de donde hubiera yo sacado esos “genes miopes”? Lo cierto es que ninguno de sus hijos heredó ni sus ojos verdes ni su vista de águila.

Tengo la teoría de que mi amor por los libros no sólo nació por influencia materna, sino que el poder contar con tanto entretenimiento a sólo treinta centímetros de mi nariz, pudo ser un factor importante. Sin embargo, el tener mi primer par de fondos de botella, enmarcados en carey, y poder ver las cosas que me rodeaban en detalle (como por primera vez), no logró separarme de los textos. Es más, aunque me encanta la astronomía y tengo un telescopio astronómico (y con ello no estoy hablando de mis gafas), posiblemente si por mi ventana pasara un cometa en este preciso momento, tendría la natural tendencia de buscarlo primero en un libro o en la Internet.

La historia de mis ojos terminaría allí si hace unos diez años un doctor no me hubiera dado tosca y fríamente una penosa noticia: en el ojo derecho tengo una deformación conocida como queratocono, que no puede corregirse ni con gafas ni lentes de contacto, sólo mediante un transplante de córnea. Con los años, el ojo izquierdo (el único útil) había aprendido a compensar a su hermano derecho lo mejor que podía, pero no lo suficiente como para, digamos, calcular distancias, notar figuras tridimensionales o simplemente que yo pueda funcionar cerrando el ojo sano. Acudimos a varios médicos que repetían el diagnóstico inicial, que sabíamos ya de memoria, y luego una querida tía se ofreció a sufragar los gastos para reparar a susodicho elemento; el problema residía que hasta el momento nadie ofrecía una técnica que no me alejase del trabajo menos de un mes y que en el Perú no tenemos una cultura de donación de órganos; debido a esto, la espera de una nueva córnea puede demorar meses o años, tras lo cual uno recibe en cualquier momento y sin mayor preámbulo, una llamada del hospital que lo alejará del mundo por treinta días. Algo difícil de manejar.

Hoy me encuentro algo nervioso, porque mañana tomaré junto a mi madre y mi tía, un avión hacia Colombia. Tras un periodo de varias coordinaciones (que iban en varios sentidos) con mi trabajo, con el médico de Colombia y con mi tía, enfocados en perder el mínimo número de días laborales, se dispuso la semana para la intervención; así que probablemente en cinco días ocurrirá que, estando mi cuerpo totalmente anestesiado y dormido, mi ojo estará abierto y una parte de él será removida para dar paso a una porción sana que me devolverá la visión (y que habrá pertenecido a alguna persona por la cual rezaré siempre).

Tengo fe de que todo saldrá bien; también sé que pasará otra cosa curiosa y que ya he conversado con mis familiares, amigos y compañeros en estos días (muchos de los cuales leen mi blog e influyeron en hacer esta entrada): tendré la oportunidad de ver todo como si fuera nuevo; y pienso apreciarlo mucho, más aún cuando es algo que no ocurre muy seguido en la vida.

Secciones: Vivencias y Opinión

Dime como manejas y te diré como eres

24 febrero, 2009

No hace mucho, escuché una idea que a continuación les comparto: uno maneja según cual es, es decir, su personalidad esta presente tras el timón. Me pareció lógico y sensato, porque en muchos otros aspectos de la vida somos nosotros mismos, solo que estamos cumpliendo roles distintos; recuerdo, por ejemplo, un caso verídico expuesto por un profesor en clases de ética, acerca de un hombre que como vendedor había engañado a su empresa trabajando para varias al mismo tiempo y que en su vida privada…pues había engañado a varias mujeres porque, según se descubrió, era polígamo.

Imagino que muchos podrán decir que un ámbito nada tiene que ver con el otro, y que probablemente el Sr. Asesino Pérez es una persona muy pacifica hasta antes de subir a su vehiculo y que incluso acostumbra dejar buenas propinas al mozo que lo conoce. Creo que el señor Pérez no cambia su personalidad al manejar, sino que la única personalidad que tiene esta actuando tras el velo del anonimato (lamentablemente solo los carros de competición llevan pintado el nombre de uno) y que en otras circunstancias donde tampoco se le podrá identificar, será igual de descuidado con los derechos de los demás. Me niego a creer, que en Lima, tenemos una epidemia de personalidades múltiples a lo Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

La semana pasada vi a un vehículo detenido en el cuarto carril de una vía de alta velocidad, en un inicio pensé que estaba malogrado, cuando luego me percate de que ¡intentaba llegar al primer carril atravesando los otros tres sin avanzar hacia adelante! puesto que solo así, ofreciendo su puerta derecha para que todos la choquen, podía alcanzar una salida de la avenida en vez de esperar a la siguiente. Esté sujeto ignoraba por completo el derecho a los demás, en este caso a no morir asesinado; mismo derecho que esta igualmente ausente cada vez que las camionetas rurales (combis) hacen carreras esquivando carros por ganar pasajeros con el cobrador salido medio cuerpo cual jinete o un vehiculo cierra a otro obligándole a frenar (lo cual es un fenómeno muy frecuente).

Una de las cosas más desconcertantes que he encontrado, así es, tras varios años de manejo no pierdo mi capacidad de sorpresa, es el hecho de que poquísimos usamos la direccional; y esa tendencia esta presente sin importar “el nivel socioeconómico” del vehiculo que tengamos adelante: he tenido el placer de sobre parar de improviso ya sea por la gracia de lindos Audis o de destartalados Ticos, cuyos conductores parecen pensar que al dar uso a la dichosa palanquita antes de voltear, depreciaran el valor del vehiculo, así que ¿para que gastarla?. Ni esperar que la usen para cambiar de carril, las pocas veces que veo que alguien lo hace, pienso que es algún turista extranjero que aun no asimila nuestras costumbres.

Quizá somos un pueblo mayormente paranoico, cuyos conductores no quieren dejar saber al resto a donde se dirigen, hasta el ultimo momento posible antes de un accidente; pero ya me parece excesivo el caso de los vehículos invisibles o “stealth”, que encuentro al menos dos veces por semana, cuyos propietarios prolijamente se niegan a poner luces traseras o de frenos, para que cualquiera con la fortuna de ir detrás de ellos en plena noche, y que logra detectarlo, no tenga ni idea de cuando esta frenando o disminuyendo la marcha

Me rehúso a pensar que tanta irresponsabilidad es causada por gente que actúa muy distinto en otras situaciones sin nombre propio; quizá sea buena idea añadir nuestros nombres a las placas, a ver si así aprendemos a considerar un poco más los derechos del otro en vez de violentarlos.

Secciones: Vivencias y Opinión Etiquetas: Lima, manejo

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