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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Marte

¿Quién quiere ir a Marte?

27 agosto, 2009

        Hoy en el diario El Comercio, como en otros medios, se ha publicado la noticia de que la NASA ha propuesto a Rusia una expedición tripulada conjunta a Marte; el representante de la agencia americana señala también, que este vuelo debe contar con los miembros y la experiencia reunidos para construir la Estación Espacial Internacional (EEI). De haber estado el prestigioso especialista en microexpresiones faciales, Dr. Paul Ekman, a mi lado, lo que hubiera interpretado en mi rostro sería: una dosis de cansancio y harto escepticismo, déjenme contarles el porqué.
        Ni bien Armstrong puso su bota izquierda en la Luna, ya los congresistas de su gobierno hablaban de ir a Marte, los ilustradores de revistas empezaron a bosquejar distintos tipos de máquinas que lograrían tal proeza, muchas de las cuales recuerdo haber visto en los viejos Almanaques Mundiales de mi abuelo. Luego, los años setenta dieron paso a la nueva década en que se inauguró el transbordador espacial, nave que voló varios años después de lo programado pero que nunca cumplió la promesa bajo la cual fue vendida: permitir un sencillo acceso al espacio. El tema de Marte se retomó a mediados de los ochenta con el llamado de Bush padre a la NASA, para que le presente un plan de cómo llevar hombres al planeta rojo. ¿Resultado? Ninguno.

         Construir una nave espacial es algo muy difícil y costoso, sólo tres naciones tienen la capacidad probada de hacerlo (incluso China lo hizo con buena parte de tecnología Rusa); por ejemplo, la siguiente generación de vehículos que reemplazará al transbordador, el proyecto Orión, y que supuestamente llevará al hombre a la Luna, como se señala en el artículo mencionado, lleva ya cientos de millones de dólares de sobrecostos y un buen tiempo de retraso, a pesar de haberse iniciado el programa hace pocos años y que en principio trata de reutilizar tecnología ya probada, alguna proveniente del mismo proyecto Apollo. Si tan solo volver a nuestro satélite, cosa que hicimos 40 años atrás, conlleva tantos problemas, ¿cómo sería una misión a Marte?

         Nuestro vecino planetario se encuentra a una distancia, en el mejor de los casos, 150 veces mayor de la jamás viajada por un ser humano; una jornada hasta allá implicaría contar con equipos y respaldos que garanticen su funcionamiento por el año o más que dure la misión. Hasta el momento, ni siquiera se ha hecho volver de allí una pequeña sonda, cuando crear las maquinarias para sostener a un solo ser humano, sería mucho más complicado. En el aspecto biológico, las naves deberán contar con escudos aún no existentes, para estar protegidas de la radiación prolongada del espacio o de posibles tormentas solares; además deben buscar formas de menguar las consecuencias de la ingravidez en periodos tan dilatados de tiempo.

         La agencia de noticias empleada, también cita el ejemplo de la EEI, pero en realidad, ésta es casi un anti ejemplo, dado que esta maravillosa estructura terminó costando miles de millones más de lo programado y su construcción, reducida y acortada, lleva un retraso de años. Si bien es un gigantesco logro tecnológico, este caso muestra que el construir “lo no construido antes” implica riesgos imprevistos que se traducen en dinero, esfuerzo y tiempo, y que no todos los gobiernos están dispuestos a asumirlos.

         Finalmente, y a pesar de lo trágico que pueda yo parecer, ¿creo que pisaremos Marte algún día?, ¡Claro que sí!, es más, el primer hombre que lo haga, seguramente ya ha nacido y lo más probable es que viva en el hemisferio norte. Pero aún no hay nada concreto en el horizonte, dependerá de una voluntad política que pueda mantenerse por varios años, y aún no hay nada de eso. Mientras tanto, el tipo de noticia que comento hoy, no es más que el discurso de buena voluntad que un funcionario administrativo ofrece ante una prensa atenta a que un día volvamos a explorar otro mundo.

Secciones: Sci & Tech Etiquetas: Marte, NASA

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