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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Blog

Un videojuego en torno a una agencia funeraria

30 octubre, 2017

Los juegos formativos, como “A mortician’s tale”, pueden darnos la oportunidad de explorar temas que usualmente preferimos evitar.


Hablar de la muerte nos incomoda. Al menos en Occidente es un tema tabú, muchas veces relegado al momento en que llega de manera inevitable. Por ello, iniciativas a contracorriente como el videojuego “A mortician’s tale” («Historia de un funerario»), pueden servir para ventilar un poco este aire a tanatofobia.

Lanzado este mes bajo el patrocinio del Concejo de las Artes de Ontario, el videojuego ofrece una experiencia aleccionadora, como puedo dar fe tras haberlo probado. Nos coloca en los zapatos de una novata directora de pompas fúnebres que, según las instrucciones que reciba, deberá embalsamar, cremar los cadáveres o asistir al velatorio. Es decir, el jugador (a falta de mejor palabra) deberá realizar aquellas tareas que por lo general no ve, sino que ocurren detrás de la cortina, mientras los deudos lloran a quienes han partido.

El pequeño equipo de desarrolladores ha debido equilibrar la información veraz con el tacto y sutileza. El estilo gráfico dista de ser realista, para marcar distancia de lo que va sucediendo en el juego. Pero si bien los cuerpos aparecen acartonados, como se si tratase de un juego de niños, las acciones y los instrumentos que se representan corresponden con la vida real. Por ejemplo, para preparar el cuerpo es necesario masajearlo para romper el rigor mortis, y usar una máquina para inyectar o extraer fluidos del mismo. Para la cremación, me enteré recién por el videojuego, los huesos son pulverizados en una máquina adicional al horno y es necesario antes retirar los marcapasos si hubiera.

Luego de que el jugador ha realizado sus labores preparando el cuerpo, como directora de pompas fúnebres asistirá al velatorio, en donde podrá compartir lo que piensan los deudos, amigos y familiares de la persona que se ha ido.

La diseñadora de “A mortician’s tale”, Gabby DaRienzo, cuenta que fue inspirada por un exitoso libro que trata sobre los crematorios (“Hasta las cenizas”, de Caitlin Doughty) y por su contacto con trabajadores de la industria funeraria, muchos de los cuales buscan cambiar esta cultura de miedo a la muerte. Sin duda, esta meta impregna el producto que ha desarrollado.

Estamos ante un juego formativo cuyo propósito no es la diversión, sino explorar con sobriedad un tema como la muerte, desde la distancia que nos ofrecer un avatar.

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La ciencia detrás de la Mona Lisa

13 octubre, 2017

Fotografiada a cada minuto por los turistas del Museo del Louvre, la famosa pintura del maestro florentino parece nunca dejar de hablarnos.


En un adelanto de su próximo libro sobre Leonardo da Vinci, Walter Isaacson nos ofrece un interesante artículo en torno a la famosa sonrisa de la Mona Lisa (publicado para The Atlantic, esta semana). Así se une a la larga lista de historiadores del arte, neurólogos y hasta físicos que han querido analizar el famoso retrato de la Gioconda, que empezó a pintarse a inicios del siglo XV.

Isaacson, autor también de la biografía oficial de Steve Jobs, ahonda en la vida de quien será el epitome del hombre renacentista. Y es que Leonardo, con su inmensa curiosidad intelectual, abarcó diversos campos del saber como la astronomía, geología, anatomía, óptica, escultura, pintura e ingeniería, tanto de manera práctica como teórica. No solo eso, sino que en él, el arte y la ciencia crean una sinergia que enriquece sus obras.

Ejemplo de los estudios de anatomía realizados por Leonardo da Vinci

En el marco de esta sinergia, Isaacson nos habla sobre la Mona Lisa y los conocimientos que Leonardo empleó para pintarla. Por ejemplo, en los años que trabajó en ella, estudiaba la anatomía humana en la morgue de Florencia. Allí, ayudado por la luz de las velas, examinaba los músculos, huesos, nervios y órganos de los cadáveres. Quería conocer la mecánica de las expresiones humanas desde su interior, analizando para ello los músculos que forman una sonrisa o un rostro molesto.

La elección de los materiales de la pintura no fue dejada al azar. Al preparar la tabla de álamo sobre la que realiza el cuadro, eligió plomo blanco en vez de una mezcla de tiza y pigmento, sabiendo que el plomo reflejaría mejor la luz y con ello la sensación de profundidad que se ve acentuada por las sucesivas capas que va poniendo una sobre otra. 

Para la sonrisa, que según el ángulo con que la se mire desaparece del rostro, según Isaacson Leonardo usó sus investigaciones en óptica. Sabía que los rayos de luz no llegan a un simple punto en el ojo, sino que cubren toda el área de la retina. Ya en la retina, la imagen no se procesa de manera uniforme, sino que el centro de esta tiene una mayor agudeza visual que los bordes; estos últimos recogen mejor las sombras y matices en blanco y negro. Por ello, cuando miramos un objeto de frente, es más claro y si lo miramos con la esquina de los ojos más borroso y lejano.

Con este conocimiento, Leonardo trazó líneas finas en las esquinas de la boca de la Mona Lisa. Si se mira directamente, la retina capta estos pequeños detalles y delineamientos, haciéndola parecer no sonreír, pero si se mueve ligeramente la mirada, para mirar sus ojos o mejillas o alguna otra parte de la pintura, verás su boca sólo periféricamente. Será un poco más borrosa. Las minúsculas delineaciones en las comisuras de la boca se vuelven indistintas, pero aún verás las sombras en el borde de su boca. Estas sombras y el sfumato suave en el borde de su boca hacen que sus labios parecen girar hacia arriba en una sonrisa sutil.

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A 60 años de la revolución del Sputnik

6 octubre, 2017

La respuesta de los Estados Unidos a los rusos fue el desembolso de miles de millones de dólares en nuevos programas de ciencia y tecnología.


Cuando el Sputnik fue lanzado el 4 de octubre de 1957, nadie en la Unión Soviética presagió el revuelo que el pequeño artefacto metálico, del tamaño de una pelota playera, generaría en el mundo que sobrevolaba cada hora y media. El mayor periódico comunista, el Pravda, le dedicó tan solo unos párrafos en la edición del día.

Y es que el Sputnik no nació como parte de una campaña publicitaria, sino como una extensión lógica de los recién inventados misiles intercontinentales. La fecha de su lanzamiento fue elegida para formar parte de las actividades del Año Geofísico Internacional. Del 1 de julio de 1957 al 31 de diciembre de 1958, científicos de más de sesenta países (incluyendo al Perú) estudiarían los glaciares, los océanos, la Antartida… temas que no precisamente captan la atención del gran público.

Sin embargo, la noticia de una nueva Luna orbitando la Tierra conmocionó a Occidente. Se trataba de un objeto creado por los rusos, que pasaba sobre sus cabezas cada noventa minutos y que podía verse a simple vista. Hasta podía oírse: el Sputnik transmitía por radio un “beep beep” que los radioaficionados captaban sin dificultad. No solo la supuesta superioridad tecnológica de los Estados Unidos quedaba en entredicho, sino que la amenaza de ser bombardeados en cualquier momento y sin mayor aviso se hacía tangible.

Si bien la transmisión del constante “beep beep” duró los veintiún días que la batería alcanzó, la llamada “Crisis del Sputnik” desencadenó una serie de eventos cuyo impacto aún perdura. El presidente norteamericano autorizó la creación de una agencia para estudios de proyectos avanzados, que luego sería llamada DARPA. Responsable del desarrollo de nuevas tecnologías para el uso militar, de esta agencia saldrían la predecesora de la Internet y del sistema de posicionamiento global que nos da las coordenadas de nuestra ubicación (GPS). También se fundó la NASA, que colocaría al hombre en la Luna como parte de la Carrera Espacial iniciada por los soviéticos.

Importante también, y a veces olvidado, es que la respuesta a la Crisis incluyó invertir cientos de millones de dólares en mejorar la educación en ciencias en todos los niveles, ya sea con préstamos universitarios o colocando dinero directamente en los centros de estudios. Esto trajo consigo un incremento en el número de estudiantes en estos campos, muchos de ellos motivados por la necesidad de acortar la brecha tecnológica con los rusos.

En la actualidad, hay más de 1400 satélites funcionando alrededor de la Tierra. Proporcionan servicios como comunicaciones, señal de GPS o monitoreo del clima. A ellos se suman en órbita la Estación Espacial Internacional y más de diecisiete mil restos espaciales de antiguos satélites o partes de cohetes. Ante un espacio cada vez más congestionado, es fácil olvidar que hace seis décadas el único compañero de la Tierra hecho por el hombre era una pequeña esfera llamada Sputnik.

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El Enésimo País: Conviviendo con la Amenaza Atómica

21 septiembre, 2017

A diferencia de otros países que mantuvieron sus programas en secreto, Corea del Norte exhibe cada avance que logra en la construcción de armas atómicas o misiles.


En mayo de 1964, el laboratorio norteamericano de armas Lawrence Livermore inició el llamado “Experimento enésimo país”. Contrataron a tres jóvenes físicos, con doctorados recién estrenados, para que diseñen un arma atómica. Tras dos años y medio de trabajo, los expertos del laboratorio concluyeron que el reducido equipo había planteado un diseño que podría funcionar.

Este ejercicio tenía un objetivo claro: conocer cuáles eran las posibilidades de que un país pequeño y con pocos recursos fabricase su propia bomba. Tras la primera explosión nuclear rusa en 1949, era válido suponer que el exclusivo club de países capaces de arrasar con ciudades enteras en cuestión de segundos iba a crecer, y querían saber que tan posible era. Dicho experimento no hizo más que confirmarlo, si bien era claro en diferenciar que una cosa es tener los planos y otra distinta los equipos, materia prima y procesos para hacerlo realidad.

Han pasado más de sesenta años desde que Hiroshima y Nagasaki fueron bombardeadas, y parece fácil olvidar que la computadora más poderosa en aquella época realizaba tan solo 5000 sumas por segundo. Hoy un smartphone procesa millones de operaciones en ese mismo intervalo… Por ello es que, conforme la tecnología avanza, ser el “enésimo país” en construir este tipo de armas es muchas veces una decisión política más que técnica, y es claro que para Corea del Norte significa una garantía de sobrevivencia para su régimen.

Las recientes pruebas realizadas por este país con mísiles balísticos son el siguiente paso lógico, tras obtener las bombas. Y es que estas se entregan ya sea por bombarderos (dada la obsoleta fuerza aérea de Corea del Norte esto no les es una opción), submarinos (que exige un sistema de lanzamiento complejo) o mediante mísiles de largo alcance.  La historia de estos inicia con los V2 alemanes en la última etapa de la Segunda Guerra Mundial, así que una vez más, estamos ante una tecnología que ha evolucionado por décadas.

Es poco probable que Kim Jong-un entregue lo que ha tomado tanto esfuerzo conseguir a su país. Solo Sudafrica abandonó las bombas nucleares que había construido, y esto bajo condiciones muy distintas a las que vemos hoy en la península coreana. Lo más probable es que tanto Corea del Sur como Japón tendrán que aprender a convivir con su vecino atómico, mientras que su alianza con Estados Unidos garantiza la destrucción del reino ermitaño en caso de un ataque. Ante este escenario, con los militares mirando al cielo en espera de nuevos misiles, ciertos momentos de la Guerra Fría no parecen tan lejanos.

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Una composición musical que dura 1,000 años

1 septiembre, 2017

En una época en que la mayoría de canciones no exceden los cinco minutos, un artista ha creado una composición que ya lleva sonando diecisiete años continuos y sin repetirse.


Si por último deseo un condenado a muerte pudiera escoger una composición musical para oír de inicio a fin ¿cuál escogería? ¿Una de su agrado o la de mayor duración posible? Si opta por lo último, podría pedir la canción “In the garden” de Pipe Choir III que ostenta el record Guinnes gracias a sus tres horas y casi dos minutos. Pero si el condenado prefiere algo aún más largo y con sonidos tibetanos, podría solicitar “Longplayer“ una composición que dura mil años en ejecutarse.

Longplayer es un ejercicio de arte y técnica. Nadie espera oírla toda, pero ya viene tocándose por diecisiete años y más de siete meses desde que empezará a sonar el 31 de diciembre de 1999. En esa fecha, mientras algunos se preocupaban por el cambio de milenio que amenazaba con colapsar los calendarios de las computadoras, en un lugar de Inglaterra se daba inicio a los sonidos que no deberán detenerse hasta los últimos momentos del año 2999.

Para plantearse una música tan larga, el artista Jem Finer partió de una composición de veinte minutos con veinte segundos, y dejó que las matemáticas y la lógica hicieran el resto. Esta partitura inicial requiere de treinta y nueve cuencos tibetanos, artefactos de metal que al ser golpeados o recorridos por una baqueta vibran produciendo sonidos como campanas, algo que puede rememorarnos a lo que tocarían los monjes budistas en sus templos. Sobre esta partitura hizo cinco variantes, de manera que las seis en total se van alternando en el tiempo de manera que nunca se repitan.

Es curioso que en un siglo en que la mayoría de canciones duran de entre tres y cinco minutos, cosa que se origina por una limitación técnica en los discos que se usaban en los años ’20, alguno se plantee un proyecto de esta naturaleza. Ciertamente que se intenta transmitir algo más que sonidos. Según la página del proyecto, estamos ante un proceso vivo de mil años, ante una forma de vida artificial programada para buscar sus propias estrategias de supervivencia. Un organismo social que depende de las personas para su continuación a través de los siglos.

En estos diecisiete años que lleva, se han realizado presentaciones en vivo que complementan a las que realizan las máquinas que ejecutan el Longplayer actualmente en el Trinity Buoy Wharf en Londres y que pueden ser oídas por Internet en directo o a través de una aplicación para dispositivos Apple. La organización detrás de todo esto se encuentra a la búsqueda de auspicios, y de momento ofrece a los interesados el patrocinar cada uno de los 234 cuencos que en total conforman el instrumental que hace posible aquella composición que espera poder dar la bienvenida al siguiente milenio.

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Los racistas y el test del ADN

25 agosto, 2017

La reciente marcha de supremacistas blancos en Estados Unidos, y la equivalencia moral que Trump realizó entre estos y sus contra-manifestantes, recuerda a todos que el racismo nunca ha dejado de estar presente en la sociedad.


Es curioso ver cómo las siglas ADN, referidas a un tipo de molécula que está presente en cada célula de nuestro cuerpo, se han vuelto de uso tan común. Las encontramos en las series policiales ayudándonos a encontrar al culpable o en los juicios que buscan establecer la paternidad de una criatura. Y es que, más allá de cuánto el público general entienda de su funcionamiento interno, el solo saber que el ADN es un almacén que guarda la información genética de cada persona, nos da una idea de su significado y posibles usos.

Lejos de la investigación criminalística o médica, empresas como AncestryDNA ofrecen un servicio a partir del ADN relacionado con la ‘mezcla étnica’. Por ochenta dólares nos entregan un kit que incluye un recipiente para dejar una muestra de saliva, y un sobre para que la enviemos a sus laboratorios. Tras seis semanas de espera ¡taran! podremos encontrar en su página web información de nuestros orígenes étnicos, con sus porcentajes y todo. Y si bien es interesante conocer de este modo más sobre nuestros orígenes y antepasados, un peligro latente es asumir que se trata de una ciencia exacta (como, por ejemplo, que nos digan que somos 80% nativos americanos), porque simplemente tal precisión no existe, estamos ante una aproximación.

Lo que hace esta empresa, y otras semejantes que hay en el mercado, es dividir al mundo en regiones y buscar un grupo representativo de gente de cada una de estas, a quienes se les toma su ADN. De esta manera, cuando un cliente envía su saliva, se buscan semejanzas con los datos guardados del grupo representativo para generar un reporte. Pero este muestreo se realiza, según un artículo de la revista Scientific American, sobre mucho menos del 0.1% de la larga cadena que conforma el ADN y con criterios propietarios de cada empresa, cerrados al público.

Aun así, participantes de una comunidad de supremacistas blancos llamada Storefront, buscan en este tipo de análisis una confirmación precisa de su “pureza racial”. Un estudio de dos sociólogos de la Universidad de California, publicado coincidentemente tras las polémicas declaraciones del presidente Trump sobre los eventos de Charlostville, se dedicó a revisar los mensajes en un foro de este grupo en torno a estas  pruebas genéticas. Encontraron que de 153 usuarios que publicaron sus resultados de manera anónima, un tercio halló lo que querían (ser “puros”), pero para los dos tercios restantes su árbol genealógico incluía razas “no blancas”. Tras las revelaciones de los últimos, se desarrollaban en el foro diversas dinámicas de aceptación o rechazo, individuales y grupales.

En algunos casos, los supremacistas “no puros” contratan nuevos exámenes en otras empresas, culpan a una supuesta conspiración judía que habría detrás o desaprueban este método en pro de los documentos que demuestran el lugar de nacimiento de sus padres y abuelos. A veces, simplemente, son invitados a dejar el grupo… Esto debido a que partes de una microscópica molécula en cada célula de su cuerpo, en el 0.1% examinado por un laboratorio, tendría semejanzas con el ADN de gentes no blancas.

Vemos así como un test genético que, más allá de sus imprecisiones, podría ser tomado para que todos veamos cómo nos interrelacionamos genéticamente con el resto del planeta, de mano de racistas siempre será un tema de división.

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