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Giuseppe Albatrino

Amante de la creatividad. Ingeniero.

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Stephen Hawking y la persistencia de la mente

16 marzo, 2018

Al hombre sentenciado a morir tan joven, la muerte le llegó a los 76 años. Contra todo pronóstico le dio tiempo de dejar un amplio legado como científico y divulgador, pero, sobre todo, de invitar a millones de personas a mirar las estrellas desde nos encontremos.


En 1963, un prometedor estudiante de posgrado de la Universidad de Cambridge es diagnosticado con una rara enfermedad degenerativa neuromuscular. La noticia que recibe de los doctores es sombría, sus músculos irán paralizándose de a pocos hasta terminar con su muerte. A los veintiún años, Stephen Hawking es informado de que le quedan apenas otros dos años de vida.

Han pasado varias décadas desde que el hoy célebre físico, cosmólogo y divulgador científico venciera aquel lúgubre vaticinio. No solo eso, sino que tal como señalara él mismo en una entrevista con Larry King, ha tenido lo que se llama una vida plena. Como investigador, existen varios fenómenos físicos que llevan su nombre, como la “radiación Hawking”, que es la energía que predijo emitirían los agujeros negros. Como divulgador, solo con su primer libro (“Breve historia del tiempo”) suma más de diez millones los ejemplares que ha vendido invitando al público a reflexionar sobre los inicios del universo.

Es imposible ignorar que el hombre detrás de estos logros e innumerables premios pasara la mayor parte su vida postrado en una silla de ruedas y con enormes dificultades para comunicarse. Ya en el año 1985, a raíz de una traqueotomía que le hicieran para salvarle de una neumonía, perdía su ya limitada capacidad del habla. Dada su parálisis, ahora debía comunicarse tan solo levantando las cejas para escoger letras de una cartilla de deletreo. Poco después, recibió un programa de computadora que le permitía formar palabras por medio de un botón-pulsador. De este modo, lograba escribir a solo quince palabras por minuto.

A pesar de tan limitada velocidad, entre el año 1988 y 2013 publicaría siete libros como autor y otros tantos como coautor. Era evidente que su mente no dejaba de trabajar y con el tiempo desarrolló métodos compensatorios para manejar sin papel las matemáticas de su campo de estudio.

Pero como si sufriera un ensañamiento del destino, el deterioro en la movilidad de su mano empeoró el año 2005. Solo le quedó comunicarse por medio de un sensor enfocado a su mejilla. Allí residía el único músculo que podía mover a voluntad para expresarse, apenas a unas cinco palabras por minuto. A este ritmo, se generaban las ideas que la prensa recogía para sus titulares y es que el mundo siempre quiso saber lo que pensaba y hacía este hombre de cuerpo postrado y de mente hiperactiva. Ya sea sobre religión (él era ateo), la vida en otros mundos o la inteligencia artificial sus comentarios generaban luego un debate en los medios.

No hay duda de que su mente brillante, capaz de controlar tan solo una pequeña parte de su cuerpo, no tuvo límites a la hora de explorar los límites de la Cosmología. Stephen Hawking, desde su silla de ruedas, invitó a millones de personas a preguntarse sobre el Universo.

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El color de piel y los problemas del reconocimiento facial

7 marzo, 2018

Una investigadora del MIT revela cómo ciertos programas fallan a la hora de reconocer rostros oscuros.


Años atrás, en lo que puede parecer un pasado muy distante, las fotografías eran tomadas empleando rollos fotográficos. Estos consistían en una película en la que se combinaban una serie de compuestos químicos para capturar los distintos colores que componen una imagen. A pesar de que estos rollos eran producidos industrialmente, en la composición de estos (al menos hasta los años ’70) intervenía el criterio subjetivo de los fabricantes con un resultado muy peculiar: las personas de piel clara eran las que mejor salían retratadas.

El problema tiene su origen en la calibración de la película. El personal de Kodak, el mayor fabricante de estas, escogió como patrón a una simpática mujer caucásica, llamada Shirley. La gente quedaba bien retratada si tenía un color semejante al de ella. Y así fue por décadas, hasta que en los años ‘70 los fabricantes de muebles notaron que sus catálogos no se veían bien. Poco después, el patrón de los rollos fotográficos cambió para ser más asertivo incluyendo mujeres de diversas razas.

Difícil no recordar esta historia tras leer la reciente noticia sobre la imprecisión de los sistemas de reconocimiento facial. Estos, que aparecen por primera vez a inicios de los años ’90, emplean diversos algoritmos para comparar dos rostros y determinar si representan a la misma persona. Diversas pruebas demuestran que, si no eres blanco, los algoritmos no te reconocen de manera correcta.

Así lo da a conocer Joy Buolamwini, investigadora del MIT.  Ella construyó un álbum con 1270 rostros de legisladores de tres países africanos y tres nórdicos para luego probar la exactitud de los programas de reconocimiento facial de Microsoft, IBM y Megvii. Para ello, catalogó el color de piel mediante un sistema empleado por los dermatólogos. ¿El resultado?

El producto de Microsoft presentó una tasa de error de 21% a la hora de reconocer rostros de mujeres de piel oscura, mientras que IBM y Megvii tuvieron un error casi del 35 por ciento. ¿La tasa de error para hombres de piel clara? Por debajo del 1% en todos los casos. Con estos números, se hace evidente que los algoritmos de estas empresas, al igual que en un inicio sucedió con los químicos de Kodak, no han sido calibrados para trabajar con todas las personas.

Lejos de detenerse, Buolamwini ha fundado el colectivo “Algorithmic Justice League”, una organización que pretende da a conocer los sesgos que pueden encontrarse en los algoritmos de computadoras que impactan en nuestras vidas. Por lo pronto, como reacción a su estudio, Microsoft ha señalado que mejorará el programa.

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El filtro informativo de las redes sociales

24 enero, 2018

Al seleccionar lo que nos van a mostrar, los algoritmos de las redes sociales se convierten en un filtro informativo. Nos encierran, muchas veces con nuestro beneplácito, en una amigable burbuja.


En una reciente entrevista para el nuevo show de David Letterman en Netflix, el presidente Barak Obama realizó interesantes reflexiones sobre el uso de las redes sociales y la democracia. Señalaba, entre otras cosas, que “si toda la información que uno obtiene proviene de algoritmos en un teléfono, y solo reafirma los prejuicios que uno tiene, se desarrolla un patrón de comportamiento. “

Hoy en día es casi imposible no interactuar con dichos algoritmos, nos topamos con ellos a cada instante. A partir de diciembre del 2009 Google crea los llamados “resultados personalizados”, con los cuales una misma búsqueda varia dependiendo de quién es la persona en realizarla. De esta forma, en base al perfil de un usuario, el sistema calcula que si este frecuenta sitios sobre insectos, lo más probable es que al buscar “arañas” se refiera a los arácnidos y no a las lámparas de techo.  Esto, que puede ser muy práctico, puede tener inconvenientes como el que luego señala Obama en la misma entrevista.

En el experimento social que mencionó, durante la rebelión del 2011 en la plaza Tahrir  los resultados de búsqueda sobre la palabra “Egipto” variaban dependiendo de la tendencia política de la persona. Si era un conservador le listaba sobre los hermanos musulmanes, al liberal sobra la misma Plaza Tahrir y al moderado sobre vacaciones en el Nilo. Si bien esto último el Presidente lo dice medio en broma, el libro “The Filter Bubble”(Burbuja del filtro) de Eli Pariser contiene muchos ejemplos semejantes. A través de sus páginas vemos como dicha web personalizada nos influencia al ofrecernos primero información adaptada a nuestra forma de ser.

Facebook es otro de los grandes personalizadores de contenidos. Con cada “Like” le damos a conocer más de nosotros y sobre qué tipo de noticias preferimos. Con esta información y con el propósito de mantenernos enganchados a su servicio, sus algoritmos priorizan los posts que el usuario prefiere… Al parecer, la influencia de la red social en la política no solo se encuentra en su poco control de los Fake News sino que para cada quién va formando una burbuja de acuerdo a su gusto.

Como señala Pariser, esto conlleva un gran peligro, y es que la democracia requiere que los ciudadanos veamos las cosas desde el punto de vista del otro. Simplemente, lo que es bueno para los consumidores, no necesariamente es bueno para los ciudadanos. Lo que se está creando es una sociedad polarizada donde cada quien escucha y encuentra tan solo su forma de ver las cosas.

Muchos años atrás, cuando la Internet recién se popularizaba, una antigua caricatura tenía la imagen de un perro frente al teclado que le explicaba a otro: “En la Internet nadie sabe que eres un perro”. En el presente, infinidad de sitios no solo saben quiénes somos, sino que conocen aquello que preferimos para luego mostrarnos lo que creen debemos ver.

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Muere el astronauta de los astronautas

10 enero, 2018

A los 87 años ha fallecido John Young, pionero de los viajes espaciales y uno de los doce hombres que caminaron sobre la Luna. Su carrera y experiencia, que abarcan cuatro décadas, es un fenómeno irrepetible.


El nombre de John Young (n.1930) es difícilmente reconocido más allá de los interesados por los viajes espaciales, pero eso nunca pareció preocuparle. Mientras varios de sus compañeros dejaban la NASA para empezar carreras empresariales, políticas o incluso anunciar productos en la televisión, el permaneció por treinta años más en puestos de liderazgo y como astronauta en activo.

Ingresó en la Agencia Espacial en 1961, como parte del Segundo Grupo de Astronautas (conocido como “los Nuevos Nueve”), sin duda la promoción más exitosa que ha habido hasta el momento. De todos ellos, siete fueron honrados por el Congreso de su país por su servicio, valor y sacrificio. Y de estos, Young fue el primero en realizar un vuelo, junto al veterano Gus Grissom. La silenciosa tripulación, ambos hombres no eran aficionados a los paliques, estrenó junta un nuevo modelo de astronave llamado Géminis.

Comandante John Young
Comandante John Young, al lado de los diversos modelos de nave que piloteó. (Créditos: NASA)

Cuatro años después comandaría su propia misión, la Géminis 10. Aquí, el ritmo cardiaco de Young al momento del reingreso a la atmósfera, una de las fases más peligrosas, fue de los más bajos registrados en las misiones Géminis, demostrando su carácter sereno e imperturbable.

Su tercera misión lo conduce a la Luna, en el Apollo 10 (1969). Su objetivo era validar todos los pasos necesarios para que Armstrong y Aldrin realizaran su histórico vuelo pocos meses después. Aquí Young, mientras sus compañeros probaban el modulo lunar, fue la primera persona en orbital en solitario nuestro satélite. Si bien esta vez no fue comandante del vuelo, fue elegido por su excepcional experiencia para solventar sin ayuda cualquier problema que pudiese ocurrir.

En abril de 1972 se convirtió en la novena persona en pisar la Luna, como comandante del Apollo 16. Junto a Charles Duke exploró las montañas de Descartes por tres días enteros, totalizando unas 20 horas fuera de la nave. También manejó el Rover, un pequeño carro lunar propulsado a baterías, por unos 26 kilómetros, lo cual facilitó la recolección de los 96 kilos de muestras que trajeron a la Tierra.

Si bien haber llegado a la Luna (dos veces) podría haber significado el final de los largos ciclos de entrenamientos que significa cada misión, para Young no fue así. Su sed por la última frontera nunca pareció menguar, así que se prepara para el siguiente modelo de nave que la NASA está construyendo: el Transbordador Espacial. Desarrollar esta máquina tan compleja, que despega como cohete y aterriza como un avión, tomó casi 10 años. Tras varios retrasos, en 1981 comanda al fin el primer vuelo del Columbia.

A sus 53 años realiza el que sería su sexto vuelo espacial, llevando el laboratorio Spacelab. A pesar de que la misión completó exitosamente todos sus objetivos, sus abiertas criticas a la seguridad al interior de NASA, sobretodo luego del desastre del Challenger, le obstaculizarían nuevas misiones, por lo que se le convierte en Director Asociado en el Johnson Space Center hasta el 2004 en que se retira.

Habiendo volado en casi todos los tipos de naves espaciales de su época y habiendo caminado en la Luna, John Young no solo es un pioneros del espacio, sino que será recordado como el astronauta y explorador por excelencia.

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Investigadores de OVNIs en el Pentágono

22 diciembre, 2017

Una reciente revelación de The New York Times da a conocer que del año 2007 al 2012 en el Pentágono existió un área dedicada a investigar (una vez más) el fenómeno OVNI.


Como respuesta a los encuentros con Objetos Voladores No Identificados en los años ‘40, el gobierno norteamericano financia por aquel entonces una serie de estudios para analizar las apariciones que se daban en su cielo. Algunos de estos fueron secretos y no se sabría de su existencia hasta mucho tiempo después, pero el más conocido, el proyecto Blue Book, funcionaría por casi veinte años (hasta 1970) antes de ser oficialmente cancelado. Luego de más de doce mil casos revisados, sus investigadores no obtuvieron evidencia de que la Tierra estuviera siendo visitada por seres extraterrestres.

Cuatro décadas después, gracias a una revelación de The New York Times, sabemos que el Pentágono no había terminado con los OVNIs. Por el contrario, en el quinto piso de su enorme edificio, desde el 2007 al 2012, operaba un nuevo grupo de investigadores que bajo el nombre de Programa de Identificación Avanzada de Amenazas Aeroespaciales (AATIP, por sus siglas en Inglés) continuó estudiando estos avistamientos. Con un presupuesto secreto de 22 millones de dólares al año y bajo la dirección del oficial de inteligencia Luis Elizondo, los miembros del programa entrevistaban tanto a civiles o militares que señalaban haber tenido alguna este tipo de encuentros.

Si bien con el proyecto Blue Book la USAF buscaba determinar, en medio del fragor de la Guerra Fría, si existía una nueva amenaza a la seguridad nacional —era obvio que, fueran lo que fueran, los OVNIs estaban violando su espacio aéreo repetidas veces— el origen del AATIP es más bien singular. Nace del interés por los fenómenos espaciales del entonces líder del senado, el demócrata Harry Reid. Y si aún el Pentágono estaba a cargo, la mayoría de los fondos fueron tercerizados a una empresa propiedad de un amigo de Reid, el billonario y emprendedor Robert Bigelow, actualmente con contratos con la NASA.

Mientras el reporte Blue Book dio a conocer sus hallazgos al público (la mayoría de los casos tenía alguna explicación y un centenar quedó sin resolver por falta de información), en el caso del AATIP sus resultados permanecen en secreto. Contamos con las entrevistas que ha dado el señor Elizondo, quien ha declarado para CNN de que “quizá no estemos solos” y de que han identificado naves “anómalas” que “aparentemente desafían las leyes de la aerodinámica”. Uno de estos ejemplos aparece en un video propalado por The New York Times, en el que desde la cabina de un F/A-18 se capta a un objeto desconocido.

Como señalan los científicos a referirse a estos casos, lo desconocido no implica en sí mismo un origen extraterrestre, sino el hecho que de momento no se cuenta con la información suficiente o los conocimientos para entenderlo. El Pentágono, al haber cancelado cinco años atrás el Programa de Identificación Avanzada de Amenazas Aeroespaciales, muestra que no tienen mayor preocupación en seguir estudiando el tema. Al menos, por ahora.

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Un visitante interestelar

23 noviembre, 2017

Astrónomos han detectado por primera vez el paso de un asteroide cuyo origen se encuentra fuera de nuestro Sistema Solar.


Las buenas noticias siguen llegando para los astrónomos y la comunidad científica en general. A los frecuentes anuncios de nuevos planetas descubiertos, se suma un reciente hallazgo que ha llevado a la Unión Astronómica Internacional a estrenar una nueva categoría en su catálogo de objetos. Se trata de un nuevo asteroide cuyo origen se encuentra fuera de nuestro Sistema Solar. Hablamos de un visitante que probablemente haya viajado millones de años a través de la Galaxia antes de pasar por nuestro vecindario por tan solo unas semanas.

Todo empezó la noche del 19 de octubre. El investigador Rob Weryk revisaba imágenes del telescopio hawaiano Pan-STARRS1 cuando encontró un objeto que se movía rápidamente. En un inicio pensó que se trataba de un simple asteroide, pero tras realizar nuevos cálculos determinó que había “algo más”, así que pidió refuerzos para conseguir más información. Con ello, más telescopios apuntaron al cielo en la dirección del hallazgo, para lo cual se tuvo que pausar otras investigaciones que se estaban dando.

Y es que el tiempo era un factor clave. Dada la velocidad con que se alejaba el asteroide, su tamaño y opacidad, el Sol pronto dejaría de iluminarlo como para que pueda ser visto desde la Tierra. Pero el esfuerzo valió la pena. Si bien existen más de 750,000 asteroides y cometas conocidos, se confirmó que este es único en su clase. Por ello, ha recibido el propicio nombre de “Oumuamua”, que en lengua hawaiana quiere decir “un mensajero de lejos que llega primero”.

Los astrónomos ya habían teorizado sobre la existencia de este tipo de mensajeros. Durante la formación de los planetas, estos giran en torno a su estrella y grandes trozos pueden ser despedidos lejos de la atracción gravitatoria de esta. Se estima que algo parecido es lo que debe haber iniciado la larga travesía de Oumuamua.

El reciente paper publicado en la revista Natura a raíz del descubrimiento indica que la forma de este objeto interestelar tampoco es típica de los asteroides. Su longitud de unos 400 metros es una diez veces su ancho, por lo que tendría forma de un cigarro. También se señala que es probable que el descubrimiento este asociado a recientes mejoras en los sistemas de detección del Pan-STARRS1, así que se espera captar más de estos objetos en los años venideros.

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