2010 / 4 November

¿Quién quiere dispararle a un zombie?


      Los zombies están de moda. Su popularidad se encuentra al alza como los precios de las calabazas, previo a Halloween, y no puedo dejar de preguntarme a qué se debe. Para validarlo, hice una rápida encuesta en mi casa y en la tienda cercana, pero si no me creen, basten algunos ejemplos recientes: la serie de películas “Resident Evil”, “I am Legend” con Will Smith, la magnífica comedia “Zombieland”, el popular comic “Los muertos vivientes” y el estreno esta semana de la serie “The walking dead”.

      Es una premisa generalizada el que los muertos no caminan, salvo que los resuciten, y para tal caso ya no estarían muertos, ¿verdad? Por ello, una historia en que figuran las criaturas salidas del video de Thriller, pero que buscan comer nuestra carne en vez de bailar juntos, puede ser francamente ridícula…A menos que…vengan dos salvadores habituales en estos casos (redoble de tambores aquí): la ciencia ficción y el humor.

      Cuando tres años atrás vimos la película protagonizada por el ex príncipe del Rap, la historia (basada a su vez en una novela de 1954), explicaba el origen de los zombies como producto de un virus creado inicialmente por la armada, que se transforma y sale del control, infectando al 90% de la población mundial. De manera semejante ocurre con Resident Evil, pero aquí los malos de la película son los laboratorios privados y seguramente, aunque aún no sabemos qué nos contarán, para el caso de “The walking dead” debemos esperar alguna explicación “científica” al porqué las calles se encuentran llenas de estos infortunados seres sin derechos constitucionales.

      La sátira y el humor sobran en “Zombieland” en la que cuatro personajes, liderados por Woody Harrelson, desarrollan toda la historia (por parte de los humanos) junto a una breve aparición de Bill Murray, que en pocos minutos nos entrega el mejor y más gracioso ‘cameo’ que he visto en mi vida. Confieso que no estoy seguro si “El amanecer de los muertos vivientes” intentó ser una sátira al género o no, quizá no debí reírme en tantas partes, pero en todo caso fue un buen homenaje al especializado director George Romero.

      En todas estas películas ocurre algo que puede ser bastante atractivo para muchos: la tierra está casi vacía, casi no hay gente, y salvo pequeños detalles relacionados a una muerte inminente, los sobrevivientes pueden disponer de los bienes ajenos que gusten (autos, casas, piscinas, supermercados, ciudades), manejar por avenidas en donde no hay tráfico y, sobretodo, ser el hombre o la mujer más atractivo en varios kilómetros a la redonda. No sólo eso, la destrucción sin sentido de propiedades o disparar a diestra y siniestra contra los pobres zombies a manera de deporte, se ve hasta catártico y reivindicatorio cuando lo hace el personaje de Harrelson.

      No estoy seguro si este interés en zombies se deba a una sociedad cuyos integrantes tengan tendencia a vivir “zombiezados”, como posteó mi amigo Cesar de Maria. Quizá la ficción imita a la realidad. En todo caso, incluso para alguien ajeno al género de terror como quien les escribe, hay casos en que la zombiemanía se vuelve muy entretenida.

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